Ya eran las cuatro de la tarde y seguíamos mirando tiendas. No habíamos comido nada, así que después de probarnos un par de modelitos más decidimos ir al McDonald's que había allí al lado.
Las dos pedimos un hamburguesa con queso, patatas y agua. Algo sano íbamos a tomar.
Buscamos una mesa pequeña, apartada del ruido de las familias con dos hijos o más, para poder charlar con tranquilidad. Empezamos a comer, y decidí comenzar yo la conversación.
- Dessy, ¿de verdad crees que Edward se desilusionaría si no tuviera al bebé?
- Hombre, para mí sí. Porque él te quiere, y seguro que tener un hijo contigo le hará sentirse más seguro con respecto a mantenerte a su lado.
- Puede ser... Pero ya he tomado la píldora. ¿Y si mañana me despierto sin nada dentro, sin ninguna criatura creciendo conmigo? Me sentiría mal.
- Entonces es que quieres tenerlo.
- No... bueno, sí. La verdad, no estoy segura. Pero me sentiría mal por Edward, porque le sacaría la ilusión que tiene.
Volví a comer mientras Dessy sacaba sus conclusiones. Cuando comenzaba a hablar, no había quien la callara.
Después de una conversación un tanto ajetreada, terminamos de comer y sonó el teléfono de Dessy.
________________________________________________________
- ¿Diga?
- ...
- ¡Ah, hola John!
- ...
- Sí, estamos por aquí todavía.
- ...
- Por nosotras estupendo, cuando queráis.
- ...
- Perfecto. Pero habrá que tener cuidado con las fans...
- ...
- Bueno, a ver si hay suerte. Venga, hasta luego.
- ...
- Oh, yo también te quiero.
- ...
- Adiós.
______________________________________________________________
- ¿Qué quería? - pregunté con muchos ánimos.
- Van a venir John y Edward a ver una película al cine y querían saber si íbamos a acompañarles. Ya les he dicho que habrá que tener cuidado con que no les reconozcan.
- ¿Y vienen preparados? - reí levemente.
- Dijeron que sí. Ya veremos si funciona. Vamos a esperarles en la puerta.
- Vale.
Las dos nos levantamos de nuestros asientos y dejamos las bandejas en su sitio. Nos dirigimos a las escaleras mecánicas y bajamos a esperarles.
- Por cierto, tu pie ha mejorado mucho, y hace poco que te lo has lastimado.
- Sí, la verdad no sé qué ha pasado. Pero aunque me duela un poco al apoyarlo ya puedo andar bien.
Esperamos sobre media hora delante de la puerta, hablando de nuestras cosas, recordando viejos momentos... Fuera seguía lloviendo, y no tenía pinta de querer parar.
Vimos a un par de chicos acercándose a nosotras. Nos asustamos y al principio fuimos a dentro. ¿Quiénes serían aquellos? Cuando nos alcanzaron gritamos por el susto y nos giramos bruscamente, pero ellos se quitaron las gafas y los pañuelos que llevaban atados al cuello. ¡Eran John y Edward!
- Dios, ¡qué susto! Perdón por no haberos reconocido, es que... vais muy raros. - dije extrañada.
- De eso se trata - respondió John.
Cada uno le dio un beso a su chica "correspondiente" y anduvimos hasta las escaleras mecánicas. Le volvía poner las gafas a Edward.
- No olvides que pueden reconocerte - le guiñé un ojo.
Cuando llegamos arriba nos íbamos a dirigir a los cines, y de repente oímos voces de chicas.
- ¡Oh, dios mío!
- ¡Son Jedward!
- ¡Sí, son John y Edward!
- ¡John!
- ¡Edward!
Todas corrían hacia ellos. Yo no los reconocí y ellas podían hacerlo. ¿Cómo era posible?
Dessy y yo los perdimos entre la masa de gente. Intentábamos hacernos un hueco pero era prácticamente inútil.
Entonces, una de las chicas se echó hacia atrás y me hizo tropezar cerca de las escaleras. Mi cuerpo cayó rodando por ellas. Me golpee los brazos, las piernas, el estómago, la cabeza... Cuando paré abajo, un montón de gente me rodeaba. Podía verlos muy difícilmente, ya que veía todo borroso a causa de los golpes. Pero logré oír la voz de Dessy hablándoles a los chicos.
- ¡John, Edward! ¡Sarah se acaba de caer escaleras abajo!
- ¡¿Qué?! - la voz de Edward parecía proceder de los ángeles hasta cuando parecía preocupado. Logró abrirse paso entre las fans y pronto lo tuve a mi lado.
- ¡Sarah! Sarah, ¿cómo estás? - noté como sus brazos me levantaban del suelo con rapidez.
- B-bien... - pronuncié con dificultad.
- ¡Hay que llevarte al hospital! - gritó Dessy - No digas que estás bien, ¡mírate!
Tenía cortes en las manos y la cara, a causa de los bordes bruscos de los escalones. Afortunadamente, los brazos los llevaba cubiertos, al igual que las piernas.
- ¡Vamos, rápido! - dijo John nervioso.
Corrimos a la calle y nos sentamos a resguardo de la lluvia mientras John llamaba a Liam para que diera media vuelta y los llevara en coche. Le explicó todo sin mucho detalle y cuando colgó todos estaban a mi alrededor. Parecían mirarme, pero no estaba segura, pues seguía sin ver con claridad.
Entonces un pensamiento comenzó a rondar mi cabeza: Ya no había las mismas posibilidades que antes de conservar al bebé conmigo.
He's taking me out of this world.
martes, 30 de agosto de 2011
lunes, 29 de agosto de 2011
Capítulo 13.
Volví a sentarme en el sofá con tranquilidad, mirando mi barriga y acariciándola con dulzura. Todo aquello era tan extraño...
- Sarah, ¿te parece bien que avise a los chicos?
- Bueno, tarde o temprano lo iban a saber, así que...
- Vale, pues ahora venimos - me acarició la cabeza y subió al piso de arriba.
Acordándome de lo que había ocurrido esa noche, mis lágrimas comenzaron a brotar de nuevo, y no intenté detener mis sentimientos.
A los pocos segundos, ya estaban todos abajo.
- ¡Sarah, no me lo puedo creer! - dijo John. Estaba perplejo, pero se le veía feliz.
Yo sonreí muy débilmente, aún con los ojos llorosos.
Vi cómo Edward intentaba acercarse a mi, casi parecía ir a sentarse conmigo, pero se mantuvo en su sitio. Dessy le miró y esbozó una pequeña sonrisa, lo cual me desconcertó un poco.
- Oh, Edward, vamos. Estás deseando pedirle disculpas.
- No te creas... - se cruzó de hombros y miró hacia otro lado.
- Edward... - John le miró con malicia.
Edward se quedó pensando durante unos instantes, mirándome. Parecía estar pensando "dios, quiero hacerlo, pero no, sí, no, ¡no sé!". Y entonces corrió hacia mi y al fin volví a notarlo conmigo. Sus brazos me rodeaban y yo sonreía sin poder despegarme de él.
- Sí, vale, he sido un idiota, lo siento - me apartó los mechones que caían sobre mi cara y secó las lágrimas que aún tenía sobre las mejillas - De verdad, no sé en qué estaría pensando...
Dessy y John nos dejaron solos después de sonreír ante la situación.
- Nunca, nunca he pensado en serio que esta noche haya sido un error. Te quiero, y ha sido lo mejor que he podido hacer. Todo este tiempo he estado esperando para ello, y por fin tú estabas preparada. Ha sido algo fantástico y no quería hacerte daño.
- Eh eh - él también había comenzado a llorar, y le sequé las lágrimas tal y como él había hecho hacía un momento - , tranquilo. No pasa nada. Te has disculpado y ya está.
- Pero es que me siento fatal - dijo acariciando mi barriga -. Ahora quiero preguntarte una cosa.
- Claro, dime - le miré sonriente, con dulzura.
- Pues... ¿tú quieres... tenerlo?
- Oh, pues no sé. Por un lado sé que es tuyo y me daría una alegría increíble tenerlo, pero por otro, aún soy adolescente y me resultaría muy difícil mantenerlo.
- Hm... entiendo. Bueno, desees lo que desees, yo estaré aquí para apoyarte, ¿vale? - me sonrió y me besó en la frente.
Después de aquello, de repente algo explotó en mi interior. Era alegría, una inmensa alegría que ahora me recorría todo el cuerpo. Nos quedamos abrazados y hablamos de las posibilidades.
- ¿Preferirías que fuera niño o niña? - esa fue una de sus preguntas.
- Creo que preferiría un niño, para tener un pequeño Edward.
Sonrió, suspiró y me besó con ternura. Cuando se trataba de cosas así, era todo un caballero. Tenía su lado de... ¿"macho"? No sé si esa era la palabra adecuada, pero su parte de "macho" no la solía usar demasiado. Era más tierno y dulce.
Así que las horas pasaron, pasaron lentas y monótonas. Lo único que hice fue estar allí tumbada, pensando y hablando con Edward. Hablamos de la anterior noche. Para ambos había sido una experiencia única, y él me pidió perdón un montón de veces por lo que me había dicho. Me sabía mal aquello de tener que escucharle pedir disculpas tantas veces, no sé por qué. Quizás era que me sentía mala.
Unas horas después, Dessy me propuso ir de compras con ella, y yo sin muchas ganas acepté. Antes de irnos, los chicos se despidieron de nosotras. Estábamos pensando en comprarles un detalle para agradecerles lo que habían hecho por nosotras. No me refiero sólo a habernos dado su virginidad. Se trataba de algo mucho más profundo. Había que admitirlo, estábamos muy enamoradas y no queríamos perderles por nada del mundo.
Cogimos un autobús urbano para ir al centro comercial de la ciudad. Era posiblemente el más asqueroso, descuidado y lleno de gente incivilizada. No podríamos haber elegido uno peor, la verdad. Pero esa tarde era el único que pasaba cerca del centro, así que nos resignamos y soportamos el olor a gasolina y pitillos, que muchos de los pasajeros fumaban.
- Sarah, esto no es bueno para ti...
- Ni para mi ni para nadie... - miré a Dessy y puse cara de asco.
- Me refiero a tu estado.
- Ah, bueno... Tienes razón, no es lo mejor, pero tendré que sacrificarme un poco, ¿no?
- Sí, esta ciudad es así...
Cuando bajamos del autobús casi estaba diluviando. ¡Uh, qué raro, lluvia en Irlanda! Que conste, que era sarcasmo. Casi todos los días llovía con fuerza. Como si todas las nubes descargaran su ira de golpe. No llevábamos paraguas, así que corrimos desde la parada hasta los balcones más cercanos para refugiarnos un poco de la lluvia.
- A ésto se le llama ser gafe - dije mirando disgustada la lluvia, con un toque de humor.
- Ya te digo...
- Oye, vamos andando por debajo de éstos balcones y malo será que no lleguemos a la puerta del centro comercial si mojarnos demasiado.
Dessy me hizo caso y corrimos intentando que la lluvia nos tocara lo mínimo posible.
Ya casi estábamos, sólo había que cruzar un paso de cebra y llegaríamos a las puertas del centro. Nos dimos prisa en llegar al borde de la acera y que el semáforo no se pusiera en rojo para los peatones, pero fue inútil.
- ¡No te digo yo que soy gafe...! - esperamos allí, calándonos hasta los huesos.
Todo nuestro esfuerzo anterior no había servido para nada.
Cuando al fin el semáforo se puso en verde, cruzamos sin mucha prisa. Total, más mojadas de lo que ya estábamos no íbamos a llegar.
Justo cuando entramos, sonó mi teléfono. Era Edward.
________________________________________________________
- Hola.
- Hola. Te llamaba para saber si habíais llegado.
- Oh, cómo te preocupas. Pues sí, acabamos de entrar al centro comercial y estamos buscando una tienda decente.
- ¿Con "decente" te refieres a de marca?
- No soy tan pija, perdona.
- Ay, lo siento, mi amor. Es cierto, tú eres más macarrilla.
- Pues casi que me acerco más a eso.
- Bueno, que os lo paséis bien.
- Gracias.
- Hasta luego.
- Adiós.
____________________________________________________________________
- ¿Quién era? - preguntó Dessy interesada.
- Edward, quería saber si habíamos llegado bien.
- Oh, eso es que se preocupa por el bebé - dijo señalando mi barriga.
- ¿Bebé? De momento no es más que una cosa redonda del tamaño de un alfiler, no apures tanto.
- Pero seguro que quiere que lo tengas.
Sonreí y no contesté. Seguimos caminando y buscando tiendas. Nos probamos vestidos, camisetas, pantalones... de todo. Y mientras, pensaba en lo que había dicho Dessy. Posiblemente Edward querría tener un hijo conmigo.
- Sarah, ¿te parece bien que avise a los chicos?
- Bueno, tarde o temprano lo iban a saber, así que...
- Vale, pues ahora venimos - me acarició la cabeza y subió al piso de arriba.
Acordándome de lo que había ocurrido esa noche, mis lágrimas comenzaron a brotar de nuevo, y no intenté detener mis sentimientos.
A los pocos segundos, ya estaban todos abajo.
- ¡Sarah, no me lo puedo creer! - dijo John. Estaba perplejo, pero se le veía feliz.
Yo sonreí muy débilmente, aún con los ojos llorosos.
Vi cómo Edward intentaba acercarse a mi, casi parecía ir a sentarse conmigo, pero se mantuvo en su sitio. Dessy le miró y esbozó una pequeña sonrisa, lo cual me desconcertó un poco.
- Oh, Edward, vamos. Estás deseando pedirle disculpas.
- No te creas... - se cruzó de hombros y miró hacia otro lado.
- Edward... - John le miró con malicia.
Edward se quedó pensando durante unos instantes, mirándome. Parecía estar pensando "dios, quiero hacerlo, pero no, sí, no, ¡no sé!". Y entonces corrió hacia mi y al fin volví a notarlo conmigo. Sus brazos me rodeaban y yo sonreía sin poder despegarme de él.
- Sí, vale, he sido un idiota, lo siento - me apartó los mechones que caían sobre mi cara y secó las lágrimas que aún tenía sobre las mejillas - De verdad, no sé en qué estaría pensando...
Dessy y John nos dejaron solos después de sonreír ante la situación.
- Nunca, nunca he pensado en serio que esta noche haya sido un error. Te quiero, y ha sido lo mejor que he podido hacer. Todo este tiempo he estado esperando para ello, y por fin tú estabas preparada. Ha sido algo fantástico y no quería hacerte daño.
- Eh eh - él también había comenzado a llorar, y le sequé las lágrimas tal y como él había hecho hacía un momento - , tranquilo. No pasa nada. Te has disculpado y ya está.
- Pero es que me siento fatal - dijo acariciando mi barriga -. Ahora quiero preguntarte una cosa.
- Claro, dime - le miré sonriente, con dulzura.
- Pues... ¿tú quieres... tenerlo?
- Oh, pues no sé. Por un lado sé que es tuyo y me daría una alegría increíble tenerlo, pero por otro, aún soy adolescente y me resultaría muy difícil mantenerlo.
- Hm... entiendo. Bueno, desees lo que desees, yo estaré aquí para apoyarte, ¿vale? - me sonrió y me besó en la frente.
Después de aquello, de repente algo explotó en mi interior. Era alegría, una inmensa alegría que ahora me recorría todo el cuerpo. Nos quedamos abrazados y hablamos de las posibilidades.
- ¿Preferirías que fuera niño o niña? - esa fue una de sus preguntas.
- Creo que preferiría un niño, para tener un pequeño Edward.
Sonrió, suspiró y me besó con ternura. Cuando se trataba de cosas así, era todo un caballero. Tenía su lado de... ¿"macho"? No sé si esa era la palabra adecuada, pero su parte de "macho" no la solía usar demasiado. Era más tierno y dulce.
Así que las horas pasaron, pasaron lentas y monótonas. Lo único que hice fue estar allí tumbada, pensando y hablando con Edward. Hablamos de la anterior noche. Para ambos había sido una experiencia única, y él me pidió perdón un montón de veces por lo que me había dicho. Me sabía mal aquello de tener que escucharle pedir disculpas tantas veces, no sé por qué. Quizás era que me sentía mala.
Unas horas después, Dessy me propuso ir de compras con ella, y yo sin muchas ganas acepté. Antes de irnos, los chicos se despidieron de nosotras. Estábamos pensando en comprarles un detalle para agradecerles lo que habían hecho por nosotras. No me refiero sólo a habernos dado su virginidad. Se trataba de algo mucho más profundo. Había que admitirlo, estábamos muy enamoradas y no queríamos perderles por nada del mundo.
Cogimos un autobús urbano para ir al centro comercial de la ciudad. Era posiblemente el más asqueroso, descuidado y lleno de gente incivilizada. No podríamos haber elegido uno peor, la verdad. Pero esa tarde era el único que pasaba cerca del centro, así que nos resignamos y soportamos el olor a gasolina y pitillos, que muchos de los pasajeros fumaban.
- Sarah, esto no es bueno para ti...
- Ni para mi ni para nadie... - miré a Dessy y puse cara de asco.
- Me refiero a tu estado.
- Ah, bueno... Tienes razón, no es lo mejor, pero tendré que sacrificarme un poco, ¿no?
- Sí, esta ciudad es así...
Cuando bajamos del autobús casi estaba diluviando. ¡Uh, qué raro, lluvia en Irlanda! Que conste, que era sarcasmo. Casi todos los días llovía con fuerza. Como si todas las nubes descargaran su ira de golpe. No llevábamos paraguas, así que corrimos desde la parada hasta los balcones más cercanos para refugiarnos un poco de la lluvia.
- A ésto se le llama ser gafe - dije mirando disgustada la lluvia, con un toque de humor.
- Ya te digo...
- Oye, vamos andando por debajo de éstos balcones y malo será que no lleguemos a la puerta del centro comercial si mojarnos demasiado.
Dessy me hizo caso y corrimos intentando que la lluvia nos tocara lo mínimo posible.
Ya casi estábamos, sólo había que cruzar un paso de cebra y llegaríamos a las puertas del centro. Nos dimos prisa en llegar al borde de la acera y que el semáforo no se pusiera en rojo para los peatones, pero fue inútil.
- ¡No te digo yo que soy gafe...! - esperamos allí, calándonos hasta los huesos.
Todo nuestro esfuerzo anterior no había servido para nada.
Cuando al fin el semáforo se puso en verde, cruzamos sin mucha prisa. Total, más mojadas de lo que ya estábamos no íbamos a llegar.
Justo cuando entramos, sonó mi teléfono. Era Edward.
________________________________________________________
- Hola.
- Hola. Te llamaba para saber si habíais llegado.
- Oh, cómo te preocupas. Pues sí, acabamos de entrar al centro comercial y estamos buscando una tienda decente.
- ¿Con "decente" te refieres a de marca?
- No soy tan pija, perdona.
- Ay, lo siento, mi amor. Es cierto, tú eres más macarrilla.
- Pues casi que me acerco más a eso.
- Bueno, que os lo paséis bien.
- Gracias.
- Hasta luego.
- Adiós.
____________________________________________________________________
- ¿Quién era? - preguntó Dessy interesada.
- Edward, quería saber si habíamos llegado bien.
- Oh, eso es que se preocupa por el bebé - dijo señalando mi barriga.
- ¿Bebé? De momento no es más que una cosa redonda del tamaño de un alfiler, no apures tanto.
- Pero seguro que quiere que lo tengas.
Sonreí y no contesté. Seguimos caminando y buscando tiendas. Nos probamos vestidos, camisetas, pantalones... de todo. Y mientras, pensaba en lo que había dicho Dessy. Posiblemente Edward querría tener un hijo conmigo.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Capítulo 12.
Las canciones seguían sonando una tras otra: Miss America, Techno girl, Hold the world... ¿Me tenía que pasar éso a mi? No podía seguir adelante. Seguí llorando sin parar, tenía los ojos hinchados por las lágrimas, no podía dormir. No sin él. Fue una noche larga. Tomé unas cuantas tilas y un vaso de leche, pero dormí muy poco. A la mañana siguiente, lo primero que oí fue la voz de Dessy.
- ¡Sarah! - dijo corriendo hacia mi. Yo estaba despierta y con una cara seguramente espantosa - ¿Qué ha pasado?
- Ha sido un error...
- ¿Un error? ¿El qué? - Dessy se extrañó.
- Él ha dicho que yo he sido un error.
- No... ¿Edward?
Asentí. Aún estaba llorando y no tenía fuerzas.
- No me lo puedo creer... Espera, ahora vuelvo.
Corrió escaleras arriba y la oí gritar. Después de unos segundos, los tres estaban bajando.
- Edward, ¿qué es eso que le has dicho a Sarah?
- Nada que no sea verdad - respondió muy serio.
- ¡Edward! - protestó John.
- Le parece una estupidez que me preocupe. ¿A ti te gustaría que Dessy te dijera eso? ¿Eh?
- Pues no, no me gustaría, pero nunca, ¡en la vida!, le diría que ella fue un error. ¡Jamás, Edward, jamás!
- Bueno, no sé si Sarah te ha contado lo que pasó anoche... - dijo Edward mirando serio a Dessy.
- Pues... no. Sarah - se acercó a mi - ¿qué ha pasado?
- "Eso". - me avergoncé.
Dessy abrió mucho los ojos y se giró hacia Edward.
- Edward, eres despreciable, te lo digo totalmente en serio.
- Bueno, Dessy, tampoco te pases - dijo John, intentado defender a su hermano.
- ¿Que no me pase? ¡Ahora lo entiendo! ¡El error ha sido para él lo que pasó anoche! ¿Acaso no tienes cerebro? ¡Le has destrozado! - Dessy se notaba muy enfadada.
- Dessy - intenté pronunciar entre sollozos -, déjalo. No te pongas así. - negué con la cabeza.
- Pero Sarah... - se agachó en frente de mi -, no puedo quedarme callada, entiéndelo.
- Entiendo que te sientas así... bueno, más o menos. Pero déjalo, no tienes que luchar esta batalla por mi.
Dessy se alejó, miró de reojo a Edward y subió las escaleras corriendo. John fue detrás de ella con mucha prisa.
Durante unos segundos Edward me miró. Y yo aparté la vista. Pero seguí sintiendo su presencia allí. Volví a dirigir mis ojos hacia él, y me mantuvo la mirada con un semblante serio.
- ¿Qué? - dije con una voz débil. A penas podía articular palabra.
No me contestó y comenzó a subir las escaleras con tranquilidad.
- Al menos podrías hablarme...
- Ya lo he dicho todo - y desapareció en el piso de arriba.
Éso no iba a quedar así.
Me quedé dormida durante, más o menos, un par de horas. No desayuné y casi no comí nada. Por la tarde, Dessy y yo nos quedamos solas en el salón.
- Dessy, es que... hubo un motivo.
- ¿Un motivo?
- Sí... A ver, como ya sabes, ocurrió "eso".
- Sí.
- Pues es que... nos olvidamos de lo más importante.
- ¿No hablarás de los...?
- Preservativos, sí.
- ¡Sarah...!
- ¡Lo sé, lo sé! Le dije que hoy me tomaría la píldora, que podíamos seguir. Total, ya había ocurrido, no podíamos dar marcha atrás. Él se negó, le dije que era una estupidez y bueno...
- ¡Vamos ahora mismo a por la píldora Y un test de embarazo!
- ¡Qué dices! ¡No voy a ir ahora!
- Sarah, vas a venir conmigo por la cuenta que te trae.
- ¡Que no, Dessy!
- Pues voy yo a buscarlos. Tú quédate aquí.
No pude decir nada, porque en cuanto abrí la boca ya estaba saliendo por la puerta.
Me quedé allí sola, pensando en lo mal que lo pasaría Dessy pidiendo esas cosas en la farmacia, con lo vergonzosa que era...
Al cabo de veinte minutos apareció con todo en las manos.
- Podrías haberlo guardado...
- Sí, claro, en el bolsillo mágico de Doraemon, ¡¿no ves que no llevo bolso?!
- Bueno, perdón...
- Lo siento por ser borde, pero es que... lo he pasado fatal pidiendo esto... Bien, ahora toma la píldora - me cogió la mano y me puso una pequeña pastilla encima.
Fue a la cocina y llenó un vaso con agua para después traérmelo.
- Toma.
Cogí el vaso, puse la pastilla en la boca y bebí toda el agua de golpe. Estaba muy fría, tuve que hacer un gran esfuerzo para que pasara por mi garganta.
- Bien. Ahora ve al baño, y ponte esto - me ofreció el test de embarazo.
- Dessy... acabo de tomarme la píldora, no creo que haga fal--
- ¡Que vayas!
- Vale, vale... - me deshice de la manta y fui al baño. Aún seguía sin pantalón y con una camiseta larga.
Cuando me senté en el váter abrí la caja y miré las instrucciones. No podía ser muy difícil, ¿no? Hice caso a lo que decía el papel, no quería meter la pata. Cuando terminé, me volví a colocar bien la ropa y me lavé las manos. Lo peor, vino cuando miré la prueba. Pegué un grito impresionante, que no me extrañaría si lo hubieran oído John y Edward.
- ¡¿Sarah?!
Salí del baño pálida como la leche.
- Dessy, míralo tú misma... - le acerqué la prueba.
- ¡¡¡Sarah, dios!!! ¡¡Que estás embarazada!! - se quedó con cara de tonta. Normal.
- Hombre, con la píldora no pasará nada, ¿no?
- Mañana vuélvete a hacer la prueba. Si te da negativo es que ha hecho efecto, si no es que te la has tomado tarde...
En esos momentos llevaba una pequeña parte de vida dentro de mi, una pequeña parte del Edward que había perdido. Eso me daba esperanzas.
- ¡Sarah! - dijo corriendo hacia mi. Yo estaba despierta y con una cara seguramente espantosa - ¿Qué ha pasado?
- Ha sido un error...
- ¿Un error? ¿El qué? - Dessy se extrañó.
- Él ha dicho que yo he sido un error.
- No... ¿Edward?
Asentí. Aún estaba llorando y no tenía fuerzas.
- No me lo puedo creer... Espera, ahora vuelvo.
Corrió escaleras arriba y la oí gritar. Después de unos segundos, los tres estaban bajando.
- Edward, ¿qué es eso que le has dicho a Sarah?
- Nada que no sea verdad - respondió muy serio.
- ¡Edward! - protestó John.
- Le parece una estupidez que me preocupe. ¿A ti te gustaría que Dessy te dijera eso? ¿Eh?
- Pues no, no me gustaría, pero nunca, ¡en la vida!, le diría que ella fue un error. ¡Jamás, Edward, jamás!
- Bueno, no sé si Sarah te ha contado lo que pasó anoche... - dijo Edward mirando serio a Dessy.
- Pues... no. Sarah - se acercó a mi - ¿qué ha pasado?
- "Eso". - me avergoncé.
Dessy abrió mucho los ojos y se giró hacia Edward.
- Edward, eres despreciable, te lo digo totalmente en serio.
- Bueno, Dessy, tampoco te pases - dijo John, intentado defender a su hermano.
- ¿Que no me pase? ¡Ahora lo entiendo! ¡El error ha sido para él lo que pasó anoche! ¿Acaso no tienes cerebro? ¡Le has destrozado! - Dessy se notaba muy enfadada.
- Dessy - intenté pronunciar entre sollozos -, déjalo. No te pongas así. - negué con la cabeza.
- Pero Sarah... - se agachó en frente de mi -, no puedo quedarme callada, entiéndelo.
- Entiendo que te sientas así... bueno, más o menos. Pero déjalo, no tienes que luchar esta batalla por mi.
Dessy se alejó, miró de reojo a Edward y subió las escaleras corriendo. John fue detrás de ella con mucha prisa.
Durante unos segundos Edward me miró. Y yo aparté la vista. Pero seguí sintiendo su presencia allí. Volví a dirigir mis ojos hacia él, y me mantuvo la mirada con un semblante serio.
- ¿Qué? - dije con una voz débil. A penas podía articular palabra.
No me contestó y comenzó a subir las escaleras con tranquilidad.
- Al menos podrías hablarme...
- Ya lo he dicho todo - y desapareció en el piso de arriba.
Éso no iba a quedar así.
Me quedé dormida durante, más o menos, un par de horas. No desayuné y casi no comí nada. Por la tarde, Dessy y yo nos quedamos solas en el salón.
- Dessy, es que... hubo un motivo.
- ¿Un motivo?
- Sí... A ver, como ya sabes, ocurrió "eso".
- Sí.
- Pues es que... nos olvidamos de lo más importante.
- ¿No hablarás de los...?
- Preservativos, sí.
- ¡Sarah...!
- ¡Lo sé, lo sé! Le dije que hoy me tomaría la píldora, que podíamos seguir. Total, ya había ocurrido, no podíamos dar marcha atrás. Él se negó, le dije que era una estupidez y bueno...
- ¡Vamos ahora mismo a por la píldora Y un test de embarazo!
- ¡Qué dices! ¡No voy a ir ahora!
- Sarah, vas a venir conmigo por la cuenta que te trae.
- ¡Que no, Dessy!
- Pues voy yo a buscarlos. Tú quédate aquí.
No pude decir nada, porque en cuanto abrí la boca ya estaba saliendo por la puerta.
Me quedé allí sola, pensando en lo mal que lo pasaría Dessy pidiendo esas cosas en la farmacia, con lo vergonzosa que era...
Al cabo de veinte minutos apareció con todo en las manos.
- Podrías haberlo guardado...
- Sí, claro, en el bolsillo mágico de Doraemon, ¡¿no ves que no llevo bolso?!
- Bueno, perdón...
- Lo siento por ser borde, pero es que... lo he pasado fatal pidiendo esto... Bien, ahora toma la píldora - me cogió la mano y me puso una pequeña pastilla encima.
Fue a la cocina y llenó un vaso con agua para después traérmelo.
- Toma.
Cogí el vaso, puse la pastilla en la boca y bebí toda el agua de golpe. Estaba muy fría, tuve que hacer un gran esfuerzo para que pasara por mi garganta.
- Bien. Ahora ve al baño, y ponte esto - me ofreció el test de embarazo.
- Dessy... acabo de tomarme la píldora, no creo que haga fal--
- ¡Que vayas!
- Vale, vale... - me deshice de la manta y fui al baño. Aún seguía sin pantalón y con una camiseta larga.
Cuando me senté en el váter abrí la caja y miré las instrucciones. No podía ser muy difícil, ¿no? Hice caso a lo que decía el papel, no quería meter la pata. Cuando terminé, me volví a colocar bien la ropa y me lavé las manos. Lo peor, vino cuando miré la prueba. Pegué un grito impresionante, que no me extrañaría si lo hubieran oído John y Edward.
- ¡¿Sarah?!
Salí del baño pálida como la leche.
- Dessy, míralo tú misma... - le acerqué la prueba.
- ¡¡¡Sarah, dios!!! ¡¡Que estás embarazada!! - se quedó con cara de tonta. Normal.
- Hombre, con la píldora no pasará nada, ¿no?
- Mañana vuélvete a hacer la prueba. Si te da negativo es que ha hecho efecto, si no es que te la has tomado tarde...
En esos momentos llevaba una pequeña parte de vida dentro de mi, una pequeña parte del Edward que había perdido. Eso me daba esperanzas.
Capítulo 11.
[Creo que en este capítulo leeréis lo que todas estabais esperando ;) Iré cambiando de narrador, yendo de Sarah a Dessy, para que sepáis lo que siente cada una en todo momento :) Espero que os guste.]
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**SARAH**
Mis párpados se fueron abriendo poco a poco. La verdad, yo no tenía muchas ganas de levantarme de allí, pero era tarde y teníamos que subir a la habitación.
Miré a Edward. Descansaba como un ángel, me sabía mal despertarlo. Pero tenía que hacerlo.
- Edward... - dice en voz baja - Edward... - repetí, esta vez moviéndole un poco el brazo.
Pero no se despertaba. Debía estar en un sueño profundo.
- ¡Edward! - me vi obligada a gritar, y se despertó de repente, con un movimiento brusco.
- ¿Qué? - se frotó los ojos con ambas manos - Oh, eras tú... ¡Qué susto! - dijo llevándose una mano al pecho.
- Tenemos que subir arriba.
- ¿Por qué? - dijo extrañado.
- Pues porque es tarde, y tendremos que dormir en la cama, digo yo eh... - propuse encogiéndome de hombros.
- Hombre, no es una necesidad - replicó, negando con la cabeza.
- Pero seguramente, si nos quedamos aquí te levantarás con la espalda destrozada, mira cómo estabas... - dije esto mientras le colocaba un poco el pelo sin peinar.
- Eso sólo es un problema si nos quedamos abajo a dormir... - alzó una ceja mientras sonreía.
- Precisamente por eso tenemos que ir a dormir arriba.
- Creo que no me has entendido bien...
Hice una mueca, extrañada. Pues no, no le había entendido.
- A ver... - intentó volver a explicarme -, quería decir, que si nos quedamos abajo, mi espalda será un problema sólo si dormimos.
- O sea, lo que pretendes es que no durmamos, ¿es eso?
- ¡Las pillas al vuelo! - exclamó revolviéndome el pelo.
- ¿Y qué vamos a hacer entonces?
Se quedó callado. Cogió el mando del aparato de música y lo encendió a un volumen muy bajo. Estaba puesta su música y me resultaba algo raro. Creía que sabía lo que pretendía, así que tampoco dije nada. En lugar de eso, me dije a mi misma: "Sarah, ahora sí estás preparada. Vamos, tú puedes. ¡Empieza ya!". Pero mi cuerpo no hacía caso. "¿Eres idiota? ¡Muévete!". Así que, en cuanto me miró a los ojos, me acerqué y rocé sus labios con los míos. Primero muy suave y lentamente, pero después él hizo acelerar el ritmo. Se había adelantado más hacia mi y estaba inclinado, ya que yo había dormido sobre sus piernas y todavía no cambiara de postura. Para hacérselo más fácil me fui levantando lentamente y me senté en sus rodillas. Mis manos revolvían su pelo y lo acariciaban con ternura. Las suyas me tenían agarrada de la cintura con suavidad, pero a la vez firmemente. Era como si tuviera miedo de que me fuera a ir. Entonces me aparté.
- ¿No estás preparada? - dijo Edward echándose hacia atrás.
- No, no es eso, ahora estoy segura de que sí - le sonreí y él también lo hizo. Iba a volver a besarme cuando le paré - Espera, quiero asegurarme de una cosa.
Me levanté y me dirigí hacia las escaleras. Las subí y me asomé a la habitación de los chicos. ¡Menuda sorpresa me llevé! Encontré a John y Dessy en una situación un tanto comprometida. No habían llegado a un extremo muy elevado, pero ella estaba sin camiseta y él se había quedado en ropa interior. Bajé rápidamente las escaleras y Edward se apresuró a preguntarme qué había ido a hacer.
- Pues quería asegurarme de que John y Dessy no nos oyeran ni fueran a bajar.
- ¿Y?
- Creo que no nos molestarán... - dije negando, con una risilla.
- ¿Estaban dormidos? - preguntó Edward frunciendo el ceño.
- No exactamente - alcé ambas cejas y sonreí.
- Oh... - dijo con los ojos muy abiertos - Comprendo... - asintió un tanto desorientado.
- Está haciendo exactamente lo mismo que vas a hacer tú, así que que no te parezca tan raro - me apoyé en la barandilla de las escaleras.
Antes de decir nada se levantó y vino hacia mi. Seguramente le habría gustado la idea que le di. Esta vez sus besos fueron más apasionados. No podía controlarle, ni tampoco a mi misma. Nos fuimos acercando al sofá y terminé debajo de él. Sus manos acariciaban mis brazos, sus labios se acompasaban con los míos, como siempre hacían, y todo marchaba a la perfección. Al fin me sentía segura.
**DESSY**
El torso desnudo de John tocaba el mío con suavidad. Nuestras lenguas producían chispas al rozar, y yo cada vez me sentía mejor. Todo aquello era mágico, y, por qué no admitirlo, excitante. Pensar que Edward y Sarah estaban abajo y que podrían pillarnos en cualquier momento era una sensación que me gustaba.
Las manos de John ahora estaban ocupándose de desabrochar mi pantalón e irlo bajando poco a poco, con mi ayuda, que movía la cintura para mayor facilidad. Ahora ambos estábamos en ropa interior. Uno delante del otro y con la cama a nuestro lado. Podría pasar cualquier cosa, en concreto una que todos sabéis. Sus brazos me rodearon en un gran abrazo, sin dejar de besarme. Nunca me había sentido tan segura en toda mi vida con alguien. Pero de repente se me acordó algo realmente importante.
- ¡John! - grité apartándolo de mi - Habrás pensado en todo, ¿no? - me puse realmente seria.
- Claro, no te preocupes. Los tengo justo ahí - señaló una caja de preservativos que parecía sin abrir. Y suspiré aliviada.
- Menos mal, hago bien fiándome de ti - sonreí y volví a acercarme a él.
Subió sus manos hasta mi sujetador y lo desabrochó muy despacio, con calma. Y sin previo aviso frenó.
- Espera, quiero estar seguro de que quieres hacerlo - dijo mirándome fijamente a los ojos, con sus manos aún sujetando ambos lados de mi sujetador.
- John, nunca había querido algo con más ganas que ésto.
Y entonces prosiguió. Estaba flotando en una nube, en nuestra nube particular, mientras todo aquello pasaba.
Por fin llegaba el momento; los dos ya estábamos sobre la cama, sin nada que interrumpiera el contacto de nuestra piel.
**SARAH**
Con calma, Edward levantaba mi camiseta. Una vez me encontré sin ella yo comencé a desabrochar los botones de su camisa completamente blanca, y él terminó de quitársela. Los pantalones también cayeron al suelo con el resto de la ropa. Al fin , ambos estábamos en ropa interior. Pero no queríamos apurar, ninguno de los dos tenía prisa en ver el cuerpo desnudo del otro. En todo caso, el momento iba a llegar esa noche, daba igual cuándo. Sus caricias, sus besos, cada contacto hacía que me estremeciese como nunca lo había hecho. Las canciones seguían sonando y eso hacía que yo aún tuviera más ganas de él, si eso era posible. No sé, pero las letras me inspiraban.
Después de unos minutos de espera, él se separó de mi.
- Bien, ahora va a llegar el momento, ¿estás preparada?
- Del todo - dije muy contenta, con una sonrisa en la cara que lo demostraba.
- Vale.
Entonces fue el comienzo de todo:
Sus manos subieron por mis costados y terminaron en mi sujetador. Lo desabrochó con dulzura y me lo quitó. Todo esto con sus labios sobre los míos, eso nunca faltaba. Palpó hasta abajo y fue bajando también esa parte, al mismo tiempo que yo lo hacía con la suya. Pero yo tenía que ayudarle moviendo la cintura.
Por fin. Yo no estaba nerviosa, me sentía muy segura con él. Nuestros cuerpos estaban en contacto sin ropa de por medio. Era estupendo, me sentía realmente genial. No cambiaría eso por nada del mundo. Lo sentía realmente cerca, podría estar así toda la noche. Y la verdad, eso esperaba hacer. Sus manos ahora iban de arriba a abajo recorriendo todo mi cuerpo, y las sentí donde cualquier chica querría sentirlas. Al menos una en su sano juicio. Mis manos también hacían lo que querían. Iban desde su pelo hasta su cintura y, entonces, lo noté entre mis dedos. ¡Dios mío! ¡Pero qué era aquello! No voy a mentir, era impresionante. ¿Y aquello entraría dentro de mi? ¿En serio? Hombre, tenía un tamaño considerable. ¿Me dolería? Le iba a dar mi virginidad a él, al chico de mis sueños. Quería disfrutarlo lo máximo posible.
**DESSY**
Vale, al principio me había asustado. Cuando noté su pequeño hombrecillo rozando mi zona, normalmente intocable, fue como si un torbellino me atrapara. No podía articular palabra. Lo único que se escapaba de mi boca eran suspiros, y de vez en cuando alguno con sonido incluído. Y eso que aún no había entrado dentro de mi. ¿Qué haría entonces? De momento él aún no había intentado hacerlo, y si lo había hecho no lo consiguió. Pero sin previo aviso ocurrió: él ya estaba dentro de mi. Por supuesto antes de ello, habíamos tomado precauciones.
Una sensación increíble me recorrió el cuerpo de arriba a abajo. ¿Placer? ¿Dolor? Yo creo que todo a la vez. Primero dolió, luego fue agradable, y cuando me acostumbré fue realmente increíble. No podría describirlo con palabras. Entraba y salía muy rápido, casi no podía percibir los momentos en los que estaba casi fuera. Aún así, era suave y John había sido muy dulce a la hora de empezar.
Y sin darme cuenta, pronuncié su nombre en voz alta. Él sonrió y siguió haciéndome sentir de aquella manera tan maravillosa. Pero paró durante unos segundos para hablarme.
- Dessy, no sé si lo sabías, pero ésta es mi primera vez.
¿Yo era la primera vez de John Grimes? ¿Iba aquello en serio? ¡Dios, qué bien me sentía!
- ¿De verdad?
- Completamente.
- Bueno, creo que ya habrás supuesto que ésta también es mi primera vez.
- ¿Ah, sí? Me alegro de ello.
Me miró tiernamente durante unos segundos y luego siguió aquella perfecta fracción de nuestras vidas. Su lengua descendió por mi torso, sus labios me daban pequeños besos a lo largo de él, y su lengua se encontró donde hacía sólo unos instantes había estado su "mini-John". Aunque tan mini no era, pero ya me entendéis.
**SARAH**
Sus labios parecían impacientes por rozar cada parte de mi cuerpo. Bajaban con suavidad por mi cuello, lo cual puede que me hiciera gemir un par de veces, pero nada comparado cuando llegó a mi punto débil. Bueno, el mío y el de cualquiera. Dije su nombre varias veces, alguna de ellas pienso que demasiado alto. Pero John y Dessy no me preocupaban, estarían con su tema. Creo que aquello hizo que Edward se excitara todavía más, porque en un abrir y cerrar de ojos lo noté dentro de mi. Al fin estábamos completamente compenetrados. Se movía rápido y con dulzura. Fue uno de los mejores momentos de toda mi vida. ¿Qué digo? Fue EL MEJOR momento de toda mi vida. En escasos instantes, noté algo más dentro de mi. No le di mucha importancia al principio, pero entonces me acordé: ¡Los preservativos! ¡No habíamos utilizado! Aparté a Edward con brusquedad, lo que le hizo desconcertarse.
- ¡¿Qué...?!
- ¡Edward! - me llevé una mano a la cabeza - ¿No se nos olvida algo?
- Pues... -negó con la cabeza, pero se acabó dando cuenta- oh, oh... ¡mierda!
- Sí, ¡eso es lo que digo yo! Pero en fin, ahora ya está hecho...
- Sarah, ¿te das cuenta de lo grave que es esto?
- Bueno, tranquilo... mañana tomaré la píldora y ya está. No pasa nada...
- ¿Que no pasa nada? ¡¡¿Que no pasa nada?!!
- ¡¡Relájate!! Mira, ahora ya hemos empezado. No hay marcha atrás... - intenté acercarme a él de nuevo para seguir, me sentía bien. No sé por qué, pero mi preocupación había desaparecido. En cambio él se había puesto muy nervioso.
- No, para. No podemos seguir...
- ¿Qué? ¿Por qué? Te he dicho que si me tomo la píldora mañana, no pasará nada.
- ¡Pero me sentiría como el malo de la película!
- ¡Eres idiota, no digas tonterías! ¿El malo de la película?
- ¡Sí, sí! Me siento así. Y no es ninguna tontería.
- ¡Sí lo es! ¡¡Es una completa estupidez!!
- Oh, ¿de verdad? ¿Es una estupidez que me preocupe por ti? Pues si tan estúpido soy, olvídame. Esta noche ha sido un error. ¡¡Un absurdo error, Sarah!!
Mientras decía esto se vestía con rapidez. ¿En error? ¿Eso era yo para él? Las lágrimas cayeron por mis mejillas, no tenía ganas ni de vestirme, así que allí me quedé. Mirando su cuerpo por la que parecía ir a ser a última vez. Cuando terminó giró su cabeza hacia mi y me vio llorar.
**DESSY**
Aquellos besos y el rozar de su lengua me hicieron volver a pronunciar su nombre, y a gemir varias veces. Esos momentos estaban siendo mágicos, como de otro mundo. Cuando subió para volver a besarme, hizo que su "mini-John" volviera a entrar dentro de mi. Sentí algo, un placer indescriptible, y por lo que mis oídos escuchaban, a él le pasaba igual. Él también llegó a decir mi nombre, lo que me hizo sentir realmente bien y me dio más ganas de seguir, más ganas de él. Su hombrecillo seguía moviéndose dentro de mi; arriba, abajo, arriba, abajo. Y así constantemente. Ambos gemíamos, gritábamos sin importarnos qué estarían haciendo en esos momentos Edward y Sarah. ¿Que por qué? Porque nos teníamos mutuamente y era lo único que importaba. Lo noté cansado después de unos minutos. Yo también lo estaba y él debió de darse cuenta porque paró con suavidad. Se tumbó a mi lado y nos tapamos con las sábanas.
- Dessy... quiero que sepas que ha sido el mejor momento de mi vida, y quiero tener muchos más así contigo.
- Oh, John. Yo también me he sentido genial, y espero que ésto se repita, y si puede ser, que sea aún mejor.
Los dos sonreímos y nos acurrucamos el uno junto al otro con cariño. No cambiaría eso por nada en este mundo.
**SARAH**
Edward dio un paso hacia mi. Por un momento parecía ir a disculparse, pero luego retrocedió y se mantuvo firme.
- Y una cosa más, Sarah... Me arrepiento, me arrepiento sinceramente, de haberte ofrecido en bandeja mi virginidad. Me arrepiento de que mi primera vez haya sido contigo.
Sus ojos estaban rojos, parecía que las lágrimas querían brotar pero él no les dejaba. Después de sus palabras comencé a sollozar aún más y un regato de lágrimas recorrió mi cara. Edward corrió escaleras arriba y yo me quedé allí, sola. Me puse mi ropa interior y mi camiseta, y me envolví en una manta. Me acosté, envuelta como en un ovillo de lana, y ya entonces no pude retenerlo más. Rompí a llorar. Sus palabras me habían destrozado.
--------------------------------------------------------------------
**SARAH**
Mis párpados se fueron abriendo poco a poco. La verdad, yo no tenía muchas ganas de levantarme de allí, pero era tarde y teníamos que subir a la habitación.
Miré a Edward. Descansaba como un ángel, me sabía mal despertarlo. Pero tenía que hacerlo.
- Edward... - dice en voz baja - Edward... - repetí, esta vez moviéndole un poco el brazo.
Pero no se despertaba. Debía estar en un sueño profundo.
- ¡Edward! - me vi obligada a gritar, y se despertó de repente, con un movimiento brusco.
- ¿Qué? - se frotó los ojos con ambas manos - Oh, eras tú... ¡Qué susto! - dijo llevándose una mano al pecho.
- Tenemos que subir arriba.
- ¿Por qué? - dijo extrañado.
- Pues porque es tarde, y tendremos que dormir en la cama, digo yo eh... - propuse encogiéndome de hombros.
- Hombre, no es una necesidad - replicó, negando con la cabeza.
- Pero seguramente, si nos quedamos aquí te levantarás con la espalda destrozada, mira cómo estabas... - dije esto mientras le colocaba un poco el pelo sin peinar.
- Eso sólo es un problema si nos quedamos abajo a dormir... - alzó una ceja mientras sonreía.
- Precisamente por eso tenemos que ir a dormir arriba.
- Creo que no me has entendido bien...
Hice una mueca, extrañada. Pues no, no le había entendido.
- A ver... - intentó volver a explicarme -, quería decir, que si nos quedamos abajo, mi espalda será un problema sólo si dormimos.
- O sea, lo que pretendes es que no durmamos, ¿es eso?
- ¡Las pillas al vuelo! - exclamó revolviéndome el pelo.
- ¿Y qué vamos a hacer entonces?
Se quedó callado. Cogió el mando del aparato de música y lo encendió a un volumen muy bajo. Estaba puesta su música y me resultaba algo raro. Creía que sabía lo que pretendía, así que tampoco dije nada. En lugar de eso, me dije a mi misma: "Sarah, ahora sí estás preparada. Vamos, tú puedes. ¡Empieza ya!". Pero mi cuerpo no hacía caso. "¿Eres idiota? ¡Muévete!". Así que, en cuanto me miró a los ojos, me acerqué y rocé sus labios con los míos. Primero muy suave y lentamente, pero después él hizo acelerar el ritmo. Se había adelantado más hacia mi y estaba inclinado, ya que yo había dormido sobre sus piernas y todavía no cambiara de postura. Para hacérselo más fácil me fui levantando lentamente y me senté en sus rodillas. Mis manos revolvían su pelo y lo acariciaban con ternura. Las suyas me tenían agarrada de la cintura con suavidad, pero a la vez firmemente. Era como si tuviera miedo de que me fuera a ir. Entonces me aparté.
- ¿No estás preparada? - dijo Edward echándose hacia atrás.
- No, no es eso, ahora estoy segura de que sí - le sonreí y él también lo hizo. Iba a volver a besarme cuando le paré - Espera, quiero asegurarme de una cosa.
Me levanté y me dirigí hacia las escaleras. Las subí y me asomé a la habitación de los chicos. ¡Menuda sorpresa me llevé! Encontré a John y Dessy en una situación un tanto comprometida. No habían llegado a un extremo muy elevado, pero ella estaba sin camiseta y él se había quedado en ropa interior. Bajé rápidamente las escaleras y Edward se apresuró a preguntarme qué había ido a hacer.
- Pues quería asegurarme de que John y Dessy no nos oyeran ni fueran a bajar.
- ¿Y?
- Creo que no nos molestarán... - dije negando, con una risilla.
- ¿Estaban dormidos? - preguntó Edward frunciendo el ceño.
- No exactamente - alcé ambas cejas y sonreí.
- Oh... - dijo con los ojos muy abiertos - Comprendo... - asintió un tanto desorientado.
- Está haciendo exactamente lo mismo que vas a hacer tú, así que que no te parezca tan raro - me apoyé en la barandilla de las escaleras.
Antes de decir nada se levantó y vino hacia mi. Seguramente le habría gustado la idea que le di. Esta vez sus besos fueron más apasionados. No podía controlarle, ni tampoco a mi misma. Nos fuimos acercando al sofá y terminé debajo de él. Sus manos acariciaban mis brazos, sus labios se acompasaban con los míos, como siempre hacían, y todo marchaba a la perfección. Al fin me sentía segura.
**DESSY**
El torso desnudo de John tocaba el mío con suavidad. Nuestras lenguas producían chispas al rozar, y yo cada vez me sentía mejor. Todo aquello era mágico, y, por qué no admitirlo, excitante. Pensar que Edward y Sarah estaban abajo y que podrían pillarnos en cualquier momento era una sensación que me gustaba.
Las manos de John ahora estaban ocupándose de desabrochar mi pantalón e irlo bajando poco a poco, con mi ayuda, que movía la cintura para mayor facilidad. Ahora ambos estábamos en ropa interior. Uno delante del otro y con la cama a nuestro lado. Podría pasar cualquier cosa, en concreto una que todos sabéis. Sus brazos me rodearon en un gran abrazo, sin dejar de besarme. Nunca me había sentido tan segura en toda mi vida con alguien. Pero de repente se me acordó algo realmente importante.
- ¡John! - grité apartándolo de mi - Habrás pensado en todo, ¿no? - me puse realmente seria.
- Claro, no te preocupes. Los tengo justo ahí - señaló una caja de preservativos que parecía sin abrir. Y suspiré aliviada.
- Menos mal, hago bien fiándome de ti - sonreí y volví a acercarme a él.
Subió sus manos hasta mi sujetador y lo desabrochó muy despacio, con calma. Y sin previo aviso frenó.
- Espera, quiero estar seguro de que quieres hacerlo - dijo mirándome fijamente a los ojos, con sus manos aún sujetando ambos lados de mi sujetador.
- John, nunca había querido algo con más ganas que ésto.
Y entonces prosiguió. Estaba flotando en una nube, en nuestra nube particular, mientras todo aquello pasaba.
Por fin llegaba el momento; los dos ya estábamos sobre la cama, sin nada que interrumpiera el contacto de nuestra piel.
**SARAH**
Con calma, Edward levantaba mi camiseta. Una vez me encontré sin ella yo comencé a desabrochar los botones de su camisa completamente blanca, y él terminó de quitársela. Los pantalones también cayeron al suelo con el resto de la ropa. Al fin , ambos estábamos en ropa interior. Pero no queríamos apurar, ninguno de los dos tenía prisa en ver el cuerpo desnudo del otro. En todo caso, el momento iba a llegar esa noche, daba igual cuándo. Sus caricias, sus besos, cada contacto hacía que me estremeciese como nunca lo había hecho. Las canciones seguían sonando y eso hacía que yo aún tuviera más ganas de él, si eso era posible. No sé, pero las letras me inspiraban.
Después de unos minutos de espera, él se separó de mi.
- Bien, ahora va a llegar el momento, ¿estás preparada?
- Del todo - dije muy contenta, con una sonrisa en la cara que lo demostraba.
- Vale.
Entonces fue el comienzo de todo:
Sus manos subieron por mis costados y terminaron en mi sujetador. Lo desabrochó con dulzura y me lo quitó. Todo esto con sus labios sobre los míos, eso nunca faltaba. Palpó hasta abajo y fue bajando también esa parte, al mismo tiempo que yo lo hacía con la suya. Pero yo tenía que ayudarle moviendo la cintura.
Por fin. Yo no estaba nerviosa, me sentía muy segura con él. Nuestros cuerpos estaban en contacto sin ropa de por medio. Era estupendo, me sentía realmente genial. No cambiaría eso por nada del mundo. Lo sentía realmente cerca, podría estar así toda la noche. Y la verdad, eso esperaba hacer. Sus manos ahora iban de arriba a abajo recorriendo todo mi cuerpo, y las sentí donde cualquier chica querría sentirlas. Al menos una en su sano juicio. Mis manos también hacían lo que querían. Iban desde su pelo hasta su cintura y, entonces, lo noté entre mis dedos. ¡Dios mío! ¡Pero qué era aquello! No voy a mentir, era impresionante. ¿Y aquello entraría dentro de mi? ¿En serio? Hombre, tenía un tamaño considerable. ¿Me dolería? Le iba a dar mi virginidad a él, al chico de mis sueños. Quería disfrutarlo lo máximo posible.
**DESSY**
Vale, al principio me había asustado. Cuando noté su pequeño hombrecillo rozando mi zona, normalmente intocable, fue como si un torbellino me atrapara. No podía articular palabra. Lo único que se escapaba de mi boca eran suspiros, y de vez en cuando alguno con sonido incluído. Y eso que aún no había entrado dentro de mi. ¿Qué haría entonces? De momento él aún no había intentado hacerlo, y si lo había hecho no lo consiguió. Pero sin previo aviso ocurrió: él ya estaba dentro de mi. Por supuesto antes de ello, habíamos tomado precauciones.
Una sensación increíble me recorrió el cuerpo de arriba a abajo. ¿Placer? ¿Dolor? Yo creo que todo a la vez. Primero dolió, luego fue agradable, y cuando me acostumbré fue realmente increíble. No podría describirlo con palabras. Entraba y salía muy rápido, casi no podía percibir los momentos en los que estaba casi fuera. Aún así, era suave y John había sido muy dulce a la hora de empezar.
Y sin darme cuenta, pronuncié su nombre en voz alta. Él sonrió y siguió haciéndome sentir de aquella manera tan maravillosa. Pero paró durante unos segundos para hablarme.
- Dessy, no sé si lo sabías, pero ésta es mi primera vez.
¿Yo era la primera vez de John Grimes? ¿Iba aquello en serio? ¡Dios, qué bien me sentía!
- ¿De verdad?
- Completamente.
- Bueno, creo que ya habrás supuesto que ésta también es mi primera vez.
- ¿Ah, sí? Me alegro de ello.
Me miró tiernamente durante unos segundos y luego siguió aquella perfecta fracción de nuestras vidas. Su lengua descendió por mi torso, sus labios me daban pequeños besos a lo largo de él, y su lengua se encontró donde hacía sólo unos instantes había estado su "mini-John". Aunque tan mini no era, pero ya me entendéis.
**SARAH**
Sus labios parecían impacientes por rozar cada parte de mi cuerpo. Bajaban con suavidad por mi cuello, lo cual puede que me hiciera gemir un par de veces, pero nada comparado cuando llegó a mi punto débil. Bueno, el mío y el de cualquiera. Dije su nombre varias veces, alguna de ellas pienso que demasiado alto. Pero John y Dessy no me preocupaban, estarían con su tema. Creo que aquello hizo que Edward se excitara todavía más, porque en un abrir y cerrar de ojos lo noté dentro de mi. Al fin estábamos completamente compenetrados. Se movía rápido y con dulzura. Fue uno de los mejores momentos de toda mi vida. ¿Qué digo? Fue EL MEJOR momento de toda mi vida. En escasos instantes, noté algo más dentro de mi. No le di mucha importancia al principio, pero entonces me acordé: ¡Los preservativos! ¡No habíamos utilizado! Aparté a Edward con brusquedad, lo que le hizo desconcertarse.
- ¡¿Qué...?!
- ¡Edward! - me llevé una mano a la cabeza - ¿No se nos olvida algo?
- Pues... -negó con la cabeza, pero se acabó dando cuenta- oh, oh... ¡mierda!
- Sí, ¡eso es lo que digo yo! Pero en fin, ahora ya está hecho...
- Sarah, ¿te das cuenta de lo grave que es esto?
- Bueno, tranquilo... mañana tomaré la píldora y ya está. No pasa nada...
- ¿Que no pasa nada? ¡¡¿Que no pasa nada?!!
- ¡¡Relájate!! Mira, ahora ya hemos empezado. No hay marcha atrás... - intenté acercarme a él de nuevo para seguir, me sentía bien. No sé por qué, pero mi preocupación había desaparecido. En cambio él se había puesto muy nervioso.
- No, para. No podemos seguir...
- ¿Qué? ¿Por qué? Te he dicho que si me tomo la píldora mañana, no pasará nada.
- ¡Pero me sentiría como el malo de la película!
- ¡Eres idiota, no digas tonterías! ¿El malo de la película?
- ¡Sí, sí! Me siento así. Y no es ninguna tontería.
- ¡Sí lo es! ¡¡Es una completa estupidez!!
- Oh, ¿de verdad? ¿Es una estupidez que me preocupe por ti? Pues si tan estúpido soy, olvídame. Esta noche ha sido un error. ¡¡Un absurdo error, Sarah!!
Mientras decía esto se vestía con rapidez. ¿En error? ¿Eso era yo para él? Las lágrimas cayeron por mis mejillas, no tenía ganas ni de vestirme, así que allí me quedé. Mirando su cuerpo por la que parecía ir a ser a última vez. Cuando terminó giró su cabeza hacia mi y me vio llorar.
**DESSY**
Aquellos besos y el rozar de su lengua me hicieron volver a pronunciar su nombre, y a gemir varias veces. Esos momentos estaban siendo mágicos, como de otro mundo. Cuando subió para volver a besarme, hizo que su "mini-John" volviera a entrar dentro de mi. Sentí algo, un placer indescriptible, y por lo que mis oídos escuchaban, a él le pasaba igual. Él también llegó a decir mi nombre, lo que me hizo sentir realmente bien y me dio más ganas de seguir, más ganas de él. Su hombrecillo seguía moviéndose dentro de mi; arriba, abajo, arriba, abajo. Y así constantemente. Ambos gemíamos, gritábamos sin importarnos qué estarían haciendo en esos momentos Edward y Sarah. ¿Que por qué? Porque nos teníamos mutuamente y era lo único que importaba. Lo noté cansado después de unos minutos. Yo también lo estaba y él debió de darse cuenta porque paró con suavidad. Se tumbó a mi lado y nos tapamos con las sábanas.
- Dessy... quiero que sepas que ha sido el mejor momento de mi vida, y quiero tener muchos más así contigo.
- Oh, John. Yo también me he sentido genial, y espero que ésto se repita, y si puede ser, que sea aún mejor.
Los dos sonreímos y nos acurrucamos el uno junto al otro con cariño. No cambiaría eso por nada en este mundo.
**SARAH**
Edward dio un paso hacia mi. Por un momento parecía ir a disculparse, pero luego retrocedió y se mantuvo firme.
- Y una cosa más, Sarah... Me arrepiento, me arrepiento sinceramente, de haberte ofrecido en bandeja mi virginidad. Me arrepiento de que mi primera vez haya sido contigo.
Sus ojos estaban rojos, parecía que las lágrimas querían brotar pero él no les dejaba. Después de sus palabras comencé a sollozar aún más y un regato de lágrimas recorrió mi cara. Edward corrió escaleras arriba y yo me quedé allí, sola. Me puse mi ropa interior y mi camiseta, y me envolví en una manta. Me acosté, envuelta como en un ovillo de lana, y ya entonces no pude retenerlo más. Rompí a llorar. Sus palabras me habían destrozado.
lunes, 22 de agosto de 2011
Capítulo 10.
Cada vez sus labios se movían más rápido y con más energía, chocando con los míos. Sus manos volvieron a bajar hasta mi cintura. No sabía muy bien qué era lo que él quería que pasara. Pero después, de alguna manera, me arrastró hasta estar de nuevo acostados, sus manos entraron por dentro de mis pantalones cortos y comenzaron a bajar ambas cosas. Y fue entonces cuando, no sé por qué, lo frené. Sí, era idiota.
- Edward... - no pude articular más, mi mano derecha estaba sobre su pecho, evitando que se echara hacia delante.
- Oh... - se apartó rápidamente de mi -, lo siento, de verdad...
- No, no lo sientas... Si yo en realidad quiero que pase, pero... creo que aún no estoy preparada.
¿Qué? ¿Cómo pude decir aquello? ¡Si hacia sólo unas horas estaba impaciente por ello!
- Te entiendo... perdón, en serio, me lancé y no pensé en lo que tú podias querer o no querer. - se sentó a mi lado y me besó la frente.
- Te he dicho que no lo sientas, no tienes que pedirme perdón.
- Quiero hacerlo - posó una mano sobre la mía.
- Está bien... - sonreí mirando hacia abajo.
- Es que me he dado cuenta de que contigo nunca es suficiente, Sarah. Da igual el tiempo que pasemos juntos, se me hace corto. Quiero tener más de ti, y por eso ha pasado ésto.
- A mi me pasa igual... - dije desviando la mirada -, si hace unos momentos quería que pasara, y ahora... no sé, lo vi tan cerca que me asusté.
- La próxima vez que lo veas venir, si no estás preparada, dímelo, no esperes a que empiece. No quiero hacerte daño, y no quiero que hagas cosas en contra de tu voluntad.
- Está bien, tendré que poner alerta mis sentidos, entonces.
Los dos reímos a la vez, con ganas de salir de ese incómodo momento. Y entonces alguien llamó a la puerta.
- ¿Sí? - gritó Edward.
- Soy John - dijo una voz desde el otro lado, y la puerta se abrió.
- Hola John - dije. No me había dado cuenta, pero mi pantalón seguía algo más bajo de lo que debería.
- Oops, ¿llego en mal momento? - se había fijado.
- No, no, qué va. Pasa sin problemas - dije colocándomelo bien. Qué embarazoso.
- Bueno, pues venía a ver a la enfermita.
Se acercó a mi y se sentó en el lado contrario de la cama al que estaba Edward.
- No estoy enferma, sois vosotros los que no me dejáis salir de aquí - me quejé, dejando caer las manos sobre la cama.
- Es por tu pie, hoy también dormirás aquí. Bueno, dormiréis. Dessy no se va a quedar sola - respondió Edward con voz dulce.
- Es cierto, pobrecilla, no va a dormir sin nadie a su lado - añadió John, y alzó una ceja. Él también quería algo con Dessy. Algo más de lo que ya tenían. Pero, ¿y Des? ¿Estaba preparada? - Bueno, ya os dejo. - se levantó de la cama.
- Yo también me voy abajo - dijo Edward. Se levantó junto a John y me besó durante un pequeño segundo.
- Eh, yo quiero ir con vosotros, esto es aburrido... - mis quejas eran constantes, pero tenía toda la razón.
- No, no vas a moverte de ahí - replicó Edward señalándome con autoridad.
- Que sí - y comencé a levantarme sin mucha prisa.
- Te he dicho que no, Sarah, en serio - vino hacia mi y me impidió poner los pies en el suelo. O al menos, eso intentó.
- Y yo te he dicho que sí - moví mis piernas y mis pies al fin tocaron tierra.
Edward suspiró y aceptó la derrota.
- Vale, vale, pero apóyate en mi - dijo ofreciéndome uno de sus brazos.
- Puedo yo sola, Edward, por favor - me levanté y comencé a caminar, pero algo me hizo cojear y tener que sentarme de nuevo.
- ¿Qué te dije? Es mejor que te quedes aquí, ahora traeré algo de comer.
- ¡No! Me tratáis como una inválida, he dicho que voy a bajar, y es lo que haré. Estoy harta de no poder moverme de aquí. - me levanté y fui cojeando hasta las escaleras.
- Al menos deja que te ayudemos - dijo John, nervioso.
- Puedo sola - repetí muy seria.
Me apoyé en la barandilla y bajé despacio. No tenía prisa por llegar abajo, y no les iba a dar el placer de tener la razón.
- ¡Hombre, Sarah! Al fin te han dejado salir, ya les dije que te las arreglarías - dijo Dessy secándose las manos con un trapo viejo y lleno de agujeros. Había estado cocinando.
- En realidad no querían. Prácticamente he tenido que salir corriendo para poder venir - miré mal a Edward por el rabillo del ojo.
- Chicos, no es tonta, sabe lo que se hace... - dijo Dessy acercándose a nosotros -. Anda, siéntate en el sofá, ya verás qué rico está lo que te preparé - se dirigió emocionada a la cocina y me trajo lo que siempre hacía mi madre unos años antes.
- Oh, la pasta de mi madre, gracias Dessy - la comencé a comer con mucho entusiasmo.
Pero no estaba a gusto, me miraban todos con una atención fuera de lo normal.
- ¿Qué pasa? - les dije extrañada.
- Es que quiero esperar a tu veredicto - respondió Dessy.
- Estás muy mona comiendo - siguió Edward. Su comentario me hizo sonreír.
- Yo... es que no tengo nada mejor que hacer - dijo John. Y Edward le golpeó el brazo. John se encogió de hombros.
- Pues el veredicto te lo daré cuando termine, Dessy. Edward... - suspiré -, si vas a mirarme siéntate a mi lado. Y John... tú seguro que tienes algo mejor que hacer - hice un movimiento de cabeza hacia Des. Y John lo comprendió a la perfección.
Edward me hizo caso y se sentó a mi lado. Cogió el mando con una mano y la otra la colocó en mi cintura. Fue haciendo "zapping", no había nada interesante para mi gusto. Aunque él lo dejó en Big Brother. Era un estúpido programa al que iban chicas a buscarse alguien para rozarse y chicos aburridos de la vida a buscar entretenimiento para tontos. Oh sí, el concurso ideal. No hice caso y seguí comiendo.
- Oh, Dessy mira, Big Brother - dijo John señalando la televisión.
- ¿Y? - respondió ella, indiferente.
- A mi me gusta... ¿vamos a verlo? - pidió John.
- Yo lo odio - se cruzó de brazos.
- Por favor, por mi - puso ojos de cachorrito degollado.
- Está bien, vamos.
Ambos se sentaron a la izquierda de Edward. Los hermanos observaban la pantalla con atención, mientras Dessy cerraba los ojos en brazos de John y yo terminaba el plato. Quise levantarme a llevarlo a la cocina, pero en cuanto Des se dio cuenta se ofreció para ayudarme.
- ¡Ya voy yo! - corrió hacia mi, prácticamente voló. Ya tenía excusa, debía lavar los platos.
En fin. Me apoyé en el hombro de Edward e intenté echar una siesta. Fue fácil, entré en un sueño profundo de tres horas.
Recordaba haber soñado que los chicos entraban en Big Brother y ocurrían cosas que no me gustaban, no sabía exactamente cuales. Pero cuando salían yo dejaba a Edward. Luego me pregunté: ¿sería yo capaz de hacer eso?
Pero no hice caso y cuando me desperté la televisión ya se había apagado y no había nadie.
- ¿Edward? - grité, pero nada.- ¿John? - nada.- ¿Dessy? - no, no había respuesta.- ¡CHICOS!
No respondía nadie. ¿Qué había pasado? Pero me tranquilicé cuando oí unos pasos por las escaleras. Era Edward.
- Edward, me habéis dado un susto de muerte...
- Anda, ya estás despierta. Fuimos arriba a ensayar, yo vine a ver cómo estabas - me besó la frente, como solía hacer al encontrarse conmigo y al despedirnos.
- Es cierto, el concierto es dentro de cinco días.
- No es que sea algo grande, pero bueno, habrá que hacerlo bien de todos modos - se sentó a mi lado y acomodó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Yo ya no estaba acostada.
- Sí, no querréis que os abucheen... - reí mirando hacia él. Estaba muy mono así.
- No, la verdad es que no - dijo indiferente.
- Oye, ¿te pasa algo?
- ¿A mi? Nada... ¿qué me iba a pasar?
- No sé, te noto algo... distante, por así decirlo.
- ¿No era que te agobiábamos demasiado? - abrió los ojos y me miró con una media sonrisa.
- Pero eso no quiere decir que no me gusten tus mimos... - me arrimé más a él, y puse mi cabeza en sus pectorales.
- Bueno, si te gustan no tienes más que decírmelo, que te los doy - me rodeó con uno de sus brazos y con el otro me levantó la cabeza para que le mirara - Es que no soy adivino.
- Lo sé, pero si no paráis de mirarme entiende que me ponga nerviosa, es normal, ¿no?
- No era sólo eso, también dices que te cuidamos demasiado.
- No no, es que os preocupáis mucho, más de lo que deberíais. Y no es necesario.
- No es necesario pero casi no puedes andar... hm, sí, muy convincente - frunció el ceño, bromista.
- Boh...
- Sarah, entiende que me preocupe. Eres MI chica - y marcó ese mi con mucho énfasis - y no quiero que te pase nada malo, ni siquiera una torcedura de tobillo, ni siquiera un cutre resfriado.
- Pero es que sé cuidar de mi misma, y a veces parece que no.
- Sé que sabes cuidar de ti, pero es mi obligación protegerte.
- No es tu obligación...
- ¡Pues mi deseo! El caso es que quiero que estés bien.
Sonreí. Eso último había sido muy bonito. Me apresuré a besarle durante unos segundos. Noté que él se iba a lanzar como la otra vez, pero ahora no llegó tan lejos, supo apartarse a tiempo.
- Bien, te has controlado - dije riendo.
- Me ha costado - me guiñó un ojo y aparté la mirada, volviendo a apoyar mi cabeza en él.
No sé si él lo hizo, pero yo cerré los ojos y volví a quedarme dormida. Su cuerpo era cómodo. Quizás estaría preparada para "eso" antes de lo previsto.
- Edward... - no pude articular más, mi mano derecha estaba sobre su pecho, evitando que se echara hacia delante.
- Oh... - se apartó rápidamente de mi -, lo siento, de verdad...
- No, no lo sientas... Si yo en realidad quiero que pase, pero... creo que aún no estoy preparada.
¿Qué? ¿Cómo pude decir aquello? ¡Si hacia sólo unas horas estaba impaciente por ello!
- Te entiendo... perdón, en serio, me lancé y no pensé en lo que tú podias querer o no querer. - se sentó a mi lado y me besó la frente.
- Te he dicho que no lo sientas, no tienes que pedirme perdón.
- Quiero hacerlo - posó una mano sobre la mía.
- Está bien... - sonreí mirando hacia abajo.
- Es que me he dado cuenta de que contigo nunca es suficiente, Sarah. Da igual el tiempo que pasemos juntos, se me hace corto. Quiero tener más de ti, y por eso ha pasado ésto.
- A mi me pasa igual... - dije desviando la mirada -, si hace unos momentos quería que pasara, y ahora... no sé, lo vi tan cerca que me asusté.
- La próxima vez que lo veas venir, si no estás preparada, dímelo, no esperes a que empiece. No quiero hacerte daño, y no quiero que hagas cosas en contra de tu voluntad.
- Está bien, tendré que poner alerta mis sentidos, entonces.
Los dos reímos a la vez, con ganas de salir de ese incómodo momento. Y entonces alguien llamó a la puerta.
- ¿Sí? - gritó Edward.
- Soy John - dijo una voz desde el otro lado, y la puerta se abrió.
- Hola John - dije. No me había dado cuenta, pero mi pantalón seguía algo más bajo de lo que debería.
- Oops, ¿llego en mal momento? - se había fijado.
- No, no, qué va. Pasa sin problemas - dije colocándomelo bien. Qué embarazoso.
- Bueno, pues venía a ver a la enfermita.
Se acercó a mi y se sentó en el lado contrario de la cama al que estaba Edward.
- No estoy enferma, sois vosotros los que no me dejáis salir de aquí - me quejé, dejando caer las manos sobre la cama.
- Es por tu pie, hoy también dormirás aquí. Bueno, dormiréis. Dessy no se va a quedar sola - respondió Edward con voz dulce.
- Es cierto, pobrecilla, no va a dormir sin nadie a su lado - añadió John, y alzó una ceja. Él también quería algo con Dessy. Algo más de lo que ya tenían. Pero, ¿y Des? ¿Estaba preparada? - Bueno, ya os dejo. - se levantó de la cama.
- Yo también me voy abajo - dijo Edward. Se levantó junto a John y me besó durante un pequeño segundo.
- Eh, yo quiero ir con vosotros, esto es aburrido... - mis quejas eran constantes, pero tenía toda la razón.
- No, no vas a moverte de ahí - replicó Edward señalándome con autoridad.
- Que sí - y comencé a levantarme sin mucha prisa.
- Te he dicho que no, Sarah, en serio - vino hacia mi y me impidió poner los pies en el suelo. O al menos, eso intentó.
- Y yo te he dicho que sí - moví mis piernas y mis pies al fin tocaron tierra.
Edward suspiró y aceptó la derrota.
- Vale, vale, pero apóyate en mi - dijo ofreciéndome uno de sus brazos.
- Puedo yo sola, Edward, por favor - me levanté y comencé a caminar, pero algo me hizo cojear y tener que sentarme de nuevo.
- ¿Qué te dije? Es mejor que te quedes aquí, ahora traeré algo de comer.
- ¡No! Me tratáis como una inválida, he dicho que voy a bajar, y es lo que haré. Estoy harta de no poder moverme de aquí. - me levanté y fui cojeando hasta las escaleras.
- Al menos deja que te ayudemos - dijo John, nervioso.
- Puedo sola - repetí muy seria.
Me apoyé en la barandilla y bajé despacio. No tenía prisa por llegar abajo, y no les iba a dar el placer de tener la razón.
- ¡Hombre, Sarah! Al fin te han dejado salir, ya les dije que te las arreglarías - dijo Dessy secándose las manos con un trapo viejo y lleno de agujeros. Había estado cocinando.
- En realidad no querían. Prácticamente he tenido que salir corriendo para poder venir - miré mal a Edward por el rabillo del ojo.
- Chicos, no es tonta, sabe lo que se hace... - dijo Dessy acercándose a nosotros -. Anda, siéntate en el sofá, ya verás qué rico está lo que te preparé - se dirigió emocionada a la cocina y me trajo lo que siempre hacía mi madre unos años antes.
- Oh, la pasta de mi madre, gracias Dessy - la comencé a comer con mucho entusiasmo.
Pero no estaba a gusto, me miraban todos con una atención fuera de lo normal.
- ¿Qué pasa? - les dije extrañada.
- Es que quiero esperar a tu veredicto - respondió Dessy.
- Estás muy mona comiendo - siguió Edward. Su comentario me hizo sonreír.
- Yo... es que no tengo nada mejor que hacer - dijo John. Y Edward le golpeó el brazo. John se encogió de hombros.
- Pues el veredicto te lo daré cuando termine, Dessy. Edward... - suspiré -, si vas a mirarme siéntate a mi lado. Y John... tú seguro que tienes algo mejor que hacer - hice un movimiento de cabeza hacia Des. Y John lo comprendió a la perfección.
Edward me hizo caso y se sentó a mi lado. Cogió el mando con una mano y la otra la colocó en mi cintura. Fue haciendo "zapping", no había nada interesante para mi gusto. Aunque él lo dejó en Big Brother. Era un estúpido programa al que iban chicas a buscarse alguien para rozarse y chicos aburridos de la vida a buscar entretenimiento para tontos. Oh sí, el concurso ideal. No hice caso y seguí comiendo.
- Oh, Dessy mira, Big Brother - dijo John señalando la televisión.
- ¿Y? - respondió ella, indiferente.
- A mi me gusta... ¿vamos a verlo? - pidió John.
- Yo lo odio - se cruzó de brazos.
- Por favor, por mi - puso ojos de cachorrito degollado.
- Está bien, vamos.
Ambos se sentaron a la izquierda de Edward. Los hermanos observaban la pantalla con atención, mientras Dessy cerraba los ojos en brazos de John y yo terminaba el plato. Quise levantarme a llevarlo a la cocina, pero en cuanto Des se dio cuenta se ofreció para ayudarme.
- ¡Ya voy yo! - corrió hacia mi, prácticamente voló. Ya tenía excusa, debía lavar los platos.
En fin. Me apoyé en el hombro de Edward e intenté echar una siesta. Fue fácil, entré en un sueño profundo de tres horas.
Recordaba haber soñado que los chicos entraban en Big Brother y ocurrían cosas que no me gustaban, no sabía exactamente cuales. Pero cuando salían yo dejaba a Edward. Luego me pregunté: ¿sería yo capaz de hacer eso?
Pero no hice caso y cuando me desperté la televisión ya se había apagado y no había nadie.
- ¿Edward? - grité, pero nada.- ¿John? - nada.- ¿Dessy? - no, no había respuesta.- ¡CHICOS!
No respondía nadie. ¿Qué había pasado? Pero me tranquilicé cuando oí unos pasos por las escaleras. Era Edward.
- Edward, me habéis dado un susto de muerte...
- Anda, ya estás despierta. Fuimos arriba a ensayar, yo vine a ver cómo estabas - me besó la frente, como solía hacer al encontrarse conmigo y al despedirnos.
- Es cierto, el concierto es dentro de cinco días.
- No es que sea algo grande, pero bueno, habrá que hacerlo bien de todos modos - se sentó a mi lado y acomodó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Yo ya no estaba acostada.
- Sí, no querréis que os abucheen... - reí mirando hacia él. Estaba muy mono así.
- No, la verdad es que no - dijo indiferente.
- Oye, ¿te pasa algo?
- ¿A mi? Nada... ¿qué me iba a pasar?
- No sé, te noto algo... distante, por así decirlo.
- ¿No era que te agobiábamos demasiado? - abrió los ojos y me miró con una media sonrisa.
- Pero eso no quiere decir que no me gusten tus mimos... - me arrimé más a él, y puse mi cabeza en sus pectorales.
- Bueno, si te gustan no tienes más que decírmelo, que te los doy - me rodeó con uno de sus brazos y con el otro me levantó la cabeza para que le mirara - Es que no soy adivino.
- Lo sé, pero si no paráis de mirarme entiende que me ponga nerviosa, es normal, ¿no?
- No era sólo eso, también dices que te cuidamos demasiado.
- No no, es que os preocupáis mucho, más de lo que deberíais. Y no es necesario.
- No es necesario pero casi no puedes andar... hm, sí, muy convincente - frunció el ceño, bromista.
- Boh...
- Sarah, entiende que me preocupe. Eres MI chica - y marcó ese mi con mucho énfasis - y no quiero que te pase nada malo, ni siquiera una torcedura de tobillo, ni siquiera un cutre resfriado.
- Pero es que sé cuidar de mi misma, y a veces parece que no.
- Sé que sabes cuidar de ti, pero es mi obligación protegerte.
- No es tu obligación...
- ¡Pues mi deseo! El caso es que quiero que estés bien.
Sonreí. Eso último había sido muy bonito. Me apresuré a besarle durante unos segundos. Noté que él se iba a lanzar como la otra vez, pero ahora no llegó tan lejos, supo apartarse a tiempo.
- Bien, te has controlado - dije riendo.
- Me ha costado - me guiñó un ojo y aparté la mirada, volviendo a apoyar mi cabeza en él.
No sé si él lo hizo, pero yo cerré los ojos y volví a quedarme dormida. Su cuerpo era cómodo. Quizás estaría preparada para "eso" antes de lo previsto.
jueves, 18 de agosto de 2011
Capítulo 9.
A la mañana siguiente noté algo raro en la cama: Edward no estaba; ni Dessy, ni John. ¿Por qué era la única que estaba aún dormida? ¿Qué hora era? Miré el reloj. Las diez de la mañana. Pues no era tan tarde.
De pronto, alguien entró. Era Edward con mi desayuno. Me incorporé en la cama para recibirle.
- ¡Oh! ¿Y esto? - dije mientras esbozaba una gran sonrisa.
- Ya te lo hemos dicho, tienes que descansar el pie - respondió, y dejó la bandeja sobre mis piernas.
- Vamos, es sólo un esguince... ¡no es para tanto!
- Después probaremos a ver si te duele cuando andas. Y hay que mirar tu herida en el brazo, a ver - acercó las manos e mi brazo y fue quitando la exagerada venda con cuidado. Ya casi había cicatrizado. - Oh, está mucho mejor.
- Claro, sólo era un rasguño.
- Un rasguño por el que te chorreaba la sangre.
- Chorrear es demasiado fuerte, sólo goteaba un poquito, ¡eres un exagerado!
- ¡No soy exagerado! ¡Me preocupo por ti! Anda, come el desayuno. Te lo hemos preparado entre todos. - me dio un beso en la frente y se dirigió a la puerta, pero tuve la oportunidad de detenerle.
- Gracias - sonreí con todas mis fuerzas.
Se detuvo en la puerta y se volvió hacia mi.
- No, no tienes que agradecerme nada. Te quiero - me guiñó un ojo y salió por la puerta.
- Te quiero - dije emocionada, sin poder levantar la voz para que me oyera.
Entre mi abundante desayuno estaba: un gran vaso de zumo, un tazón de leche con cacao, unos pocos cereales en un bol, tres tortitas y un sándwich. ¡Madre mía! ¡Querían cebarme!
Comencé por beberme el zumo y cortar el sándwich en dos para comerme una parte. Entonces, Dessy apareció en la puerta.
- No me digas que no te tratamos como una reina - rió y vino a sentarse en mi cama. Bueno, en realidad, la cama de Edward.
- Yo creo que más que como a una reina, como a una invasora del espacio, ni que me tuvierais miedo... ¡no os voy a comer porque no me tratéis así! - después de estas palabras comencé a comer el sándwich y eché la leche en el bol de cereales.
- Yo siempre te he tenido miedo - las dos reimos con ese comentario. La verdad yo era bastante bruta. - Oye, ¿y qué tal con Edward?
- Supongo que igual que tú con John, ¿no? - alcé una ceja.
- Si te va de perlas, entonces sí.
Las dos reímos con esos enfermizos chillidos que parecían píos de pájaro agonizante de la etapa adolescente, que por desgracia era la que nos tocaba vivir.
- Pero qué pregunto, si hasta que ha traído el desayuno y todo... - se mordió el labio inferior, sabía lo que estaba pensando. "Ooooh qué mono es, qué bonita pareja hacen, bla bla bla...".
- Pero se ha pasado... Bueno, os habéis pasado - resalté ese "os" con energía.- No voy a poder comerme todo esto.
- ¡Oído, cocina! - y se comenzó a comer una de las tortitas.
- ¡Eso, tú ayúdame! Parece que queréis cebarme... ahora sé que tú no eres el cerebro de la operación "convertir a Sarah en una cerdita".
- Ese nombre de operación es muy cutre - repuso mordiendo la tortita, a cual había derramado dos gotas sobre la cama.
- Dessy... Mira qué has hecho... - dije señalando la mancha de caramelo.
- ¡Oops! - exclamó levantándose de un sobresalto.
- ¡Hola, chicas! ¿Qué tal va tu pie, Sarah? - John apareció de improvisto.
- ¡Oh, hola John! Pues muy bien, gracias. ¿Un trozo de sándwich? - dije acercándole la otra mitad que quedaba.
- Si insistes... - se acercó a cogerlo y entonces observó la mancha.
- ¿Y ésto? - dijo riendo.
- ¡Ha sido ella, ha sido ella! - gritó Dessy señalándome como la culpable.
- ¿Perdona? - repliqué indignada.
- Eh eh, chicas, no importa. Deberíais saber ya que no somos demasiado pulcros... además, es la cama de Edward. ¿Os creeis que me voy a enfadar?
- Hombre... no sé - dijo Dessy algo preocupada todavía por si su querido amor cambiaba de opinión.
- Quiero que quede claro - añadí - que ha sido Dessy.
- Vale vale, lo admito, ¡no me pegues! - exclamó adoptando la posición "armadillo" de cuando éramos pequeñas.
- No voy a pegarte - dijo John, extrañado.
- ¡Lo digo por ella!
John y yo reímos a la vez, y se nos acabó uniendo Dessy también.
- ¿Y...?
- ¿Edward? - me interrumpió John, riendo - Está recogiendo todo, no veas el desastre que montamos haciéndote este pedazo desayuno.
- Pues ahora me da pena no terminarlo, pero con todo esto... - dije acabándome la última tortita - ya estoy bastante llena.
- Lo comprendo, ya dije yo que era demasiado... - dijo él llevándose una mano al pelo, revolviendo éste con suavidad.
- Lo siento pero, ¿puedes llevarte el resto abajo? Y dile a Edward que cuando pueda que suba - cogí la bandeja en brazos y se la di.
- Espera, que cojo el tazón con cereales, por si acaso se cae - dijo Dessy agarrando éste.
- Yo le aviso, vamos - John salió por la puerta después de dejarle paso a Dessy y yo esperé allí, volviéndome a acostar, ya que no querían que me pusiera en pie sola por nada del mundo.
Miraba por la ventana, observando el bonito cielo azul y sus nubes blancas, que hacían formas extrañas, y comencé a buscarles sentido, sin mucho éxito a decir verdad.
Después de... bueno, no había contado los minutos, para qué mentir, pero no llegaba ni a los dos; Edward se acercó a mi y se sentó en la cama.
- Hola - sonrió y se inclinó para besarme con dulzura -. John me ha dicho que querías verme.
- En realidad quería que me hicieras compañía un rato... - noté como enrojecían las mejillas y mis labios iban poco a poco esbozando una sonrisa.
- Pues no te preocupes, que si hace falta te haré compañía todo el día.
- Tendrás que ensayar, ¿no? El concierto que os ha preparado Liam es importante.
- No más importante que tú.
Volvió a acercarse a mi y nuestros labios se encontraron. Esta vez duraba más que antes. No se separaba, y yo tampoco iba a hacerlo, no estaba loca. Cada una de sus manos estaba a uno de los lados de mi cuerpo. Después de un rato, sus piernas subieron a la cama y quedaron una a cada lado de mi. Mis manos habían subido hasta su cuello y lo acariciaban con suavidad. Él pasó de apoyarse con las manos a los codos, y sus rodillas ya no estaban flexionadas, por lo que nuestros cuerpos ya estarían completamente en contacto de no ser por aquellas sábanas que aún me tapaban. Nuestras lenguas chocaban, y cada vez que lo hacían varias chispas parecían estallar dentro de mi boca. ¿Provocaría yo el mismo efecto en él? Era difícil. En un pequeño instante, él llegó a morder muy suavemente mi labio inferior, lo que hizo que me estremeciera. Después de esto se separó unos centímetros de mi.
- ¿No te parece que estas sábanas son incómodas?
- Un poquito... - dije arrastrándome hacia atrás para apoyar mi espalda en el cabecero de la cama.
Él las retiró, las echó al suelo sin ningún reparo. Ahora estaba de nuevo sobre sus rodillas y se había pegado a mi. Sus manos tocaban los costados de mi cintura, y poco a poco iban subiendo por debajo de mi camiseta, pero nunca llegaban demasiado arriba. No, él era un chico decente. Pero notaba que en mi inconsciente quería que él llegara a más, que fuera él y no yo el que diera el paso. Mis terminaciones nerviosas estaban alerta, en cualquier momento pasaría. O no. Pero nunca se sabía, era algo impredecible. Entonces, sus manos subieron más que la última vez, haciendo que se me erizara el vello de la nuca. Sus labios acariciaban los míos, nuestras lenguas bailaban juntas, todo era un sueño. Un maravilloso sueño. Siguió subiendo más y más sus manos a través de mi espalda, hasta llegar a la altura del sujetador. No sería capaz. ¿O sí?
De pronto, alguien entró. Era Edward con mi desayuno. Me incorporé en la cama para recibirle.
- ¡Oh! ¿Y esto? - dije mientras esbozaba una gran sonrisa.
- Ya te lo hemos dicho, tienes que descansar el pie - respondió, y dejó la bandeja sobre mis piernas.
- Vamos, es sólo un esguince... ¡no es para tanto!
- Después probaremos a ver si te duele cuando andas. Y hay que mirar tu herida en el brazo, a ver - acercó las manos e mi brazo y fue quitando la exagerada venda con cuidado. Ya casi había cicatrizado. - Oh, está mucho mejor.
- Claro, sólo era un rasguño.
- Un rasguño por el que te chorreaba la sangre.
- Chorrear es demasiado fuerte, sólo goteaba un poquito, ¡eres un exagerado!
- ¡No soy exagerado! ¡Me preocupo por ti! Anda, come el desayuno. Te lo hemos preparado entre todos. - me dio un beso en la frente y se dirigió a la puerta, pero tuve la oportunidad de detenerle.
- Gracias - sonreí con todas mis fuerzas.
Se detuvo en la puerta y se volvió hacia mi.
- No, no tienes que agradecerme nada. Te quiero - me guiñó un ojo y salió por la puerta.
- Te quiero - dije emocionada, sin poder levantar la voz para que me oyera.
Entre mi abundante desayuno estaba: un gran vaso de zumo, un tazón de leche con cacao, unos pocos cereales en un bol, tres tortitas y un sándwich. ¡Madre mía! ¡Querían cebarme!
Comencé por beberme el zumo y cortar el sándwich en dos para comerme una parte. Entonces, Dessy apareció en la puerta.
- No me digas que no te tratamos como una reina - rió y vino a sentarse en mi cama. Bueno, en realidad, la cama de Edward.
- Yo creo que más que como a una reina, como a una invasora del espacio, ni que me tuvierais miedo... ¡no os voy a comer porque no me tratéis así! - después de estas palabras comencé a comer el sándwich y eché la leche en el bol de cereales.
- Yo siempre te he tenido miedo - las dos reimos con ese comentario. La verdad yo era bastante bruta. - Oye, ¿y qué tal con Edward?
- Supongo que igual que tú con John, ¿no? - alcé una ceja.
- Si te va de perlas, entonces sí.
Las dos reímos con esos enfermizos chillidos que parecían píos de pájaro agonizante de la etapa adolescente, que por desgracia era la que nos tocaba vivir.
- Pero qué pregunto, si hasta que ha traído el desayuno y todo... - se mordió el labio inferior, sabía lo que estaba pensando. "Ooooh qué mono es, qué bonita pareja hacen, bla bla bla...".
- Pero se ha pasado... Bueno, os habéis pasado - resalté ese "os" con energía.- No voy a poder comerme todo esto.
- ¡Oído, cocina! - y se comenzó a comer una de las tortitas.
- ¡Eso, tú ayúdame! Parece que queréis cebarme... ahora sé que tú no eres el cerebro de la operación "convertir a Sarah en una cerdita".
- Ese nombre de operación es muy cutre - repuso mordiendo la tortita, a cual había derramado dos gotas sobre la cama.
- Dessy... Mira qué has hecho... - dije señalando la mancha de caramelo.
- ¡Oops! - exclamó levantándose de un sobresalto.
- ¡Hola, chicas! ¿Qué tal va tu pie, Sarah? - John apareció de improvisto.
- ¡Oh, hola John! Pues muy bien, gracias. ¿Un trozo de sándwich? - dije acercándole la otra mitad que quedaba.
- Si insistes... - se acercó a cogerlo y entonces observó la mancha.
- ¿Y ésto? - dijo riendo.
- ¡Ha sido ella, ha sido ella! - gritó Dessy señalándome como la culpable.
- ¿Perdona? - repliqué indignada.
- Eh eh, chicas, no importa. Deberíais saber ya que no somos demasiado pulcros... además, es la cama de Edward. ¿Os creeis que me voy a enfadar?
- Hombre... no sé - dijo Dessy algo preocupada todavía por si su querido amor cambiaba de opinión.
- Quiero que quede claro - añadí - que ha sido Dessy.
- Vale vale, lo admito, ¡no me pegues! - exclamó adoptando la posición "armadillo" de cuando éramos pequeñas.
- No voy a pegarte - dijo John, extrañado.
- ¡Lo digo por ella!
John y yo reímos a la vez, y se nos acabó uniendo Dessy también.
- ¿Y...?
- ¿Edward? - me interrumpió John, riendo - Está recogiendo todo, no veas el desastre que montamos haciéndote este pedazo desayuno.
- Pues ahora me da pena no terminarlo, pero con todo esto... - dije acabándome la última tortita - ya estoy bastante llena.
- Lo comprendo, ya dije yo que era demasiado... - dijo él llevándose una mano al pelo, revolviendo éste con suavidad.
- Lo siento pero, ¿puedes llevarte el resto abajo? Y dile a Edward que cuando pueda que suba - cogí la bandeja en brazos y se la di.
- Espera, que cojo el tazón con cereales, por si acaso se cae - dijo Dessy agarrando éste.
- Yo le aviso, vamos - John salió por la puerta después de dejarle paso a Dessy y yo esperé allí, volviéndome a acostar, ya que no querían que me pusiera en pie sola por nada del mundo.
Miraba por la ventana, observando el bonito cielo azul y sus nubes blancas, que hacían formas extrañas, y comencé a buscarles sentido, sin mucho éxito a decir verdad.
Después de... bueno, no había contado los minutos, para qué mentir, pero no llegaba ni a los dos; Edward se acercó a mi y se sentó en la cama.
- Hola - sonrió y se inclinó para besarme con dulzura -. John me ha dicho que querías verme.
- En realidad quería que me hicieras compañía un rato... - noté como enrojecían las mejillas y mis labios iban poco a poco esbozando una sonrisa.
- Pues no te preocupes, que si hace falta te haré compañía todo el día.
- Tendrás que ensayar, ¿no? El concierto que os ha preparado Liam es importante.
- No más importante que tú.
Volvió a acercarse a mi y nuestros labios se encontraron. Esta vez duraba más que antes. No se separaba, y yo tampoco iba a hacerlo, no estaba loca. Cada una de sus manos estaba a uno de los lados de mi cuerpo. Después de un rato, sus piernas subieron a la cama y quedaron una a cada lado de mi. Mis manos habían subido hasta su cuello y lo acariciaban con suavidad. Él pasó de apoyarse con las manos a los codos, y sus rodillas ya no estaban flexionadas, por lo que nuestros cuerpos ya estarían completamente en contacto de no ser por aquellas sábanas que aún me tapaban. Nuestras lenguas chocaban, y cada vez que lo hacían varias chispas parecían estallar dentro de mi boca. ¿Provocaría yo el mismo efecto en él? Era difícil. En un pequeño instante, él llegó a morder muy suavemente mi labio inferior, lo que hizo que me estremeciera. Después de esto se separó unos centímetros de mi.
- ¿No te parece que estas sábanas son incómodas?
- Un poquito... - dije arrastrándome hacia atrás para apoyar mi espalda en el cabecero de la cama.
Él las retiró, las echó al suelo sin ningún reparo. Ahora estaba de nuevo sobre sus rodillas y se había pegado a mi. Sus manos tocaban los costados de mi cintura, y poco a poco iban subiendo por debajo de mi camiseta, pero nunca llegaban demasiado arriba. No, él era un chico decente. Pero notaba que en mi inconsciente quería que él llegara a más, que fuera él y no yo el que diera el paso. Mis terminaciones nerviosas estaban alerta, en cualquier momento pasaría. O no. Pero nunca se sabía, era algo impredecible. Entonces, sus manos subieron más que la última vez, haciendo que se me erizara el vello de la nuca. Sus labios acariciaban los míos, nuestras lenguas bailaban juntas, todo era un sueño. Un maravilloso sueño. Siguió subiendo más y más sus manos a través de mi espalda, hasta llegar a la altura del sujetador. No sería capaz. ¿O sí?
miércoles, 17 de agosto de 2011
Capítulo 8.
Habíamos esperado ya media hora, la que se suponía que iba a tardar la pizza, y estábamos impacientes porque sonara el timbre; pero nada.
Los cuatro estábamos acurrucados en el sofá, en las mismas posiciones que cuando habíamos visto la película, si todavía os acordáis.
- ¿Tienes mucha hambre? - dijo Edward acariciándome la mejilla.
- Bastante... pero bueno, no importa, esperaré... - le miré sonriendo, con una mano en mi estómago, que comenzaba a rugir de nuevo.
- Está bien - me acomodó haciéndome encajar mejor con su cuerpo, y yo me dejé llevar.
Diez minutos después, por fin el timbre sonó y yo me levanté. Abrí al puerta y me encontré a un repartidor bastante guapo, tenía pinta de ser de la edad de John y Edward.
- Hola, aquí tienes la pizza.
- Oh, gracias - la cogí en brazos y en seguida apareció Edward por detrás para ayudarme.
- Trae, yo te ayudo - la cogió y la llevó a la cocina, que no estaba lejos de la puerta.
Mientras buscaba el dinero en mi bolsillo, el chico dijo:
- ¿Es tu novio? - se rió irónicamente.
- S... sí. ¿Por? ¿Qué pasa? - fruncí el ceño, extrañada.
- Que es una pena que malgastes el tiempo con él...
Indignada, le di el dinero rápidamente y di un portazo. ¡¿Pero quién se había creído?!
Edward lo oyó todo. Lo sabía porque después del portazo se acercó a de nuevo a la entrada, abrió la puerta y gritó:
- ¡¡Ella está encantada de malgastar su tiempo conmigo, imbécil!!
Volvió a cerrar la puerta bruscamente.
- Capullo... ¿quién se ha creído? - dijo por lo bajo.
- ¡Eh, eh! ¡No me he enterado de nada! ¿Qué ha pasado? - protestó John, y Dessy también desvió la mirada hacia nosotros.
- Ese repartidor intentaba ligar con Sarah...
- ¡Oooooh! Hermanito, yo que tú iba allí y le daba una lección. Si quieres te acompaño - John se levantó a lo superhéroe y Dessy se rió. En realidad, todos nos reímos.
- No hace falta chicos, de verdad, si yo no le hice caso.
Edward se giró hacia mi y puso sus manos en mi cintura.
- Entiende que no me hace gracia que un tipo como ese te diga esas cosas, Sarah...
- Lo sé, lo sé... - le rodee el cuello y le di un pequeño beso, muy corto - Pero no te preocupes, que sólo tengo ojos para ti.
- Eso espero - me besó la frente y después apartó sus manos de mi para dirigirse a la pizza.
La cogió con sumo cuidado, despacio, para que no se cayera ni se rompiera por donde no debía.
- Esto hace que yo tenga celos, ahora estamos empatados - le guiñé un ojo.
- ¿Estás celosa de una pizza? - rió sin poder contenerse, mientras intentaba cortarla con mucho cariño.
- ¡Pues sí! ¿No ves qué bien la tratas? - John y Dessy se habían levantado y se rieron de mi comentario.
- ¡Es que es cierto, Edward! ¡Te parecerá bonito! - dijo Dessy dándole un golpecito en el brazo.
- Oh por favor, siento haber intentado engañarte con un pan redondo cubierto de tomate y queso.
- Así me gusta, lo mínimo son unas disculpas - le agarré una mejilla como lo haría una buena abuela.
Nos repartió un trozo grande a cada uno. Como las buenas parejitas, éstas tan monas que salen en las películas, nos dábamos de comer mutuamente. Fue divertido, y bonito, muy bonito. En una de éstas, Edward avisó a John:
- ¡John, John! - y le tiró un trozo por el aire para que lo cogiera. ¡Y lo hizo! Eran unos artistas.
- ¿No soy el mejor? - fardó John, con humor.
- Lo eres, lo eres - dijo Dessy con seguridad, lanzándole otro trozo de pizza, el cual también cogió, y alzó los brazos mientras tragaba en señal de victoria.
- ¡Victorious! - gritó Edward guiñando un ojo y abriendo la boca con felicidad. Todos nos reímos.
Después cada uno terminó tranquilo lo que le quedaba por terminar, y dejamos el resto de la pizza en la nevera.
- Mañana pizza para desayunar, chicos - dijo John mientras cerraba la puerta del frigorífico.
- ¡Noooo! - solté yo, lamentándome de no habérmela terminado yo toda.
- Bueno, son... - Dessy miró el reloj - las diez de la noche y estamos en casa de unos gemelos famosos - me miró sonriente - ¿qué podemos hacer?
- Hm... pues no lo sé, ¿qué tal si venís a nuestra habitación, hacemos un poco el tonto y luego cuando queráis os vais a la vuestra? - propuso Edward.
- ¿Por qué no? Por mi perfecto - dije satisfecha.
- Guay. Venga vamos - Dessy se arrimó a John y subieron delante de nosotros.
Edward me puso una mano en el hombro y me besó en la mejilla mientras subíamos las escaleras. Una vez arriba, en su habitación, ellos se pusieron a saltar en las camas. Dessy y yo nos quedamos mirando, pero en seguida bajaron y nos hicieron subir con ellos. Saltamos como si estuviéramos en una colchoneta elástica, ellos iban de una cama a otra, pero nosotras aún no habíamos probado.
En una de las veces que cambiaron de cama, nos animaron:
- ¡Vamos, Sarah! ¡Venga, tú puedes! - gritó Edward haciendo gestos con la mano.
- ¡Dessy, no pasa nada! ¡Anímate! - dijo John mientras no paraba de saltar.
Dessy y yo nos miramos algo asustadas, pero sonreímos y saltamos a la vez. Pero yo cometí un pequeño error: el primer pie que apoyé estaba demasiado cerca del borde de la cama y me resbalé, y de alguna manera me golpee el hombro con su mesilla de noche. Iba en manga corta, por lo que me hice, no sé como, un corte bastante grande con la esquina, y comenzó a sangrar bastante.
- ¡Sarah, Sarah! - Edward paró de saltar y bajó de la cama para ayudarme. John y Dessy también bajaron y me miraron preocupados - ¿Estás bien?
- Creo que sí - intenté incorporarme de nuevo, pero también me había torcido el tobillo.
- No, no te muevas, espera - Edward me cogió en brazos con un poco de dificultad y me tumbó en su cama cuidadosamente. En seguida se dio cuenta de mi herida en el brazo - ¡Oh, te sangra el brazo! John, trae una venda, por favor.
- ¡Sí, en seguida! - John se dirigió a un cajón y cogió un pequeño trozo de venda.
- Pero si con una tirita me vale... - dije riendo.
- Las que tenemos son demasiado pequeñas para esto... - me tocó la herida y me estremecí, me dolía un poco.
John trajo la venda y quiso ponérmela, pero Edward se la quitó. Quería hacerlo él mismo.
- Sólo le daré una vuelta, tampoco seré exagerado. Mañana vemos qué tal te va la herida - dijo mientras me colocaba la venda alrededor del brazo.
- Está bien - sonreí y miré cómo lo hacía. Era un amor, y muy dulce cuando quería. Más bien, siempre.
Dessy nos observaba sentada en la cama de John, al igual que éste, con cara de 'oh, qué monos'.
Cuando terminó me besó la frente con cuidado.
- Descansa el pie, no queremos muletas en casa - otra de las bromas de John.
- Tranquilo, no haré que os entre una plaga de bastones metálicos en casa - lo miré y sonreí irónica.
- Creo que por hoy se acabaron los saltos - dijo Dessy, la cual se levantó y vino a darme un beso en la mejilla. Era muy cariñosa conmigo. Después se volvió a sentar con John, y éste le puso una mano el brazo, acariciándolo.
Al final los chicos acordaron que nos quedáramos a dormir en su habitación para que yo hiciera el menor esfuerzo posible con el pie dañado y que Dessy no durmiera sola.
Edward se acurrucó a mi lado y John y Dessy se abrazaron para dormir. Edward había pasado un brazo sobre mi y colocó su mano encima de mi herida. Nuestras cabezas quedaron pegadas. Yo daba muchas vueltas intentando conciliar el sueño, así que terminamos durmiendo frente contra frente. Y antes de quedarme dormida, desee que ese momento no terminara nunca.
Los cuatro estábamos acurrucados en el sofá, en las mismas posiciones que cuando habíamos visto la película, si todavía os acordáis.
- ¿Tienes mucha hambre? - dijo Edward acariciándome la mejilla.
- Bastante... pero bueno, no importa, esperaré... - le miré sonriendo, con una mano en mi estómago, que comenzaba a rugir de nuevo.
- Está bien - me acomodó haciéndome encajar mejor con su cuerpo, y yo me dejé llevar.
Diez minutos después, por fin el timbre sonó y yo me levanté. Abrí al puerta y me encontré a un repartidor bastante guapo, tenía pinta de ser de la edad de John y Edward.
- Hola, aquí tienes la pizza.
- Oh, gracias - la cogí en brazos y en seguida apareció Edward por detrás para ayudarme.
- Trae, yo te ayudo - la cogió y la llevó a la cocina, que no estaba lejos de la puerta.
Mientras buscaba el dinero en mi bolsillo, el chico dijo:
- ¿Es tu novio? - se rió irónicamente.
- S... sí. ¿Por? ¿Qué pasa? - fruncí el ceño, extrañada.
- Que es una pena que malgastes el tiempo con él...
Indignada, le di el dinero rápidamente y di un portazo. ¡¿Pero quién se había creído?!
Edward lo oyó todo. Lo sabía porque después del portazo se acercó a de nuevo a la entrada, abrió la puerta y gritó:
- ¡¡Ella está encantada de malgastar su tiempo conmigo, imbécil!!
Volvió a cerrar la puerta bruscamente.
- Capullo... ¿quién se ha creído? - dijo por lo bajo.
- ¡Eh, eh! ¡No me he enterado de nada! ¿Qué ha pasado? - protestó John, y Dessy también desvió la mirada hacia nosotros.
- Ese repartidor intentaba ligar con Sarah...
- ¡Oooooh! Hermanito, yo que tú iba allí y le daba una lección. Si quieres te acompaño - John se levantó a lo superhéroe y Dessy se rió. En realidad, todos nos reímos.
- No hace falta chicos, de verdad, si yo no le hice caso.
Edward se giró hacia mi y puso sus manos en mi cintura.
- Entiende que no me hace gracia que un tipo como ese te diga esas cosas, Sarah...
- Lo sé, lo sé... - le rodee el cuello y le di un pequeño beso, muy corto - Pero no te preocupes, que sólo tengo ojos para ti.
- Eso espero - me besó la frente y después apartó sus manos de mi para dirigirse a la pizza.
La cogió con sumo cuidado, despacio, para que no se cayera ni se rompiera por donde no debía.
- Esto hace que yo tenga celos, ahora estamos empatados - le guiñé un ojo.
- ¿Estás celosa de una pizza? - rió sin poder contenerse, mientras intentaba cortarla con mucho cariño.
- ¡Pues sí! ¿No ves qué bien la tratas? - John y Dessy se habían levantado y se rieron de mi comentario.
- ¡Es que es cierto, Edward! ¡Te parecerá bonito! - dijo Dessy dándole un golpecito en el brazo.
- Oh por favor, siento haber intentado engañarte con un pan redondo cubierto de tomate y queso.
- Así me gusta, lo mínimo son unas disculpas - le agarré una mejilla como lo haría una buena abuela.
Nos repartió un trozo grande a cada uno. Como las buenas parejitas, éstas tan monas que salen en las películas, nos dábamos de comer mutuamente. Fue divertido, y bonito, muy bonito. En una de éstas, Edward avisó a John:
- ¡John, John! - y le tiró un trozo por el aire para que lo cogiera. ¡Y lo hizo! Eran unos artistas.
- ¿No soy el mejor? - fardó John, con humor.
- Lo eres, lo eres - dijo Dessy con seguridad, lanzándole otro trozo de pizza, el cual también cogió, y alzó los brazos mientras tragaba en señal de victoria.
- ¡Victorious! - gritó Edward guiñando un ojo y abriendo la boca con felicidad. Todos nos reímos.
Después cada uno terminó tranquilo lo que le quedaba por terminar, y dejamos el resto de la pizza en la nevera.
- Mañana pizza para desayunar, chicos - dijo John mientras cerraba la puerta del frigorífico.
- ¡Noooo! - solté yo, lamentándome de no habérmela terminado yo toda.
- Bueno, son... - Dessy miró el reloj - las diez de la noche y estamos en casa de unos gemelos famosos - me miró sonriente - ¿qué podemos hacer?
- Hm... pues no lo sé, ¿qué tal si venís a nuestra habitación, hacemos un poco el tonto y luego cuando queráis os vais a la vuestra? - propuso Edward.
- ¿Por qué no? Por mi perfecto - dije satisfecha.
- Guay. Venga vamos - Dessy se arrimó a John y subieron delante de nosotros.
Edward me puso una mano en el hombro y me besó en la mejilla mientras subíamos las escaleras. Una vez arriba, en su habitación, ellos se pusieron a saltar en las camas. Dessy y yo nos quedamos mirando, pero en seguida bajaron y nos hicieron subir con ellos. Saltamos como si estuviéramos en una colchoneta elástica, ellos iban de una cama a otra, pero nosotras aún no habíamos probado.
En una de las veces que cambiaron de cama, nos animaron:
- ¡Vamos, Sarah! ¡Venga, tú puedes! - gritó Edward haciendo gestos con la mano.
- ¡Dessy, no pasa nada! ¡Anímate! - dijo John mientras no paraba de saltar.
Dessy y yo nos miramos algo asustadas, pero sonreímos y saltamos a la vez. Pero yo cometí un pequeño error: el primer pie que apoyé estaba demasiado cerca del borde de la cama y me resbalé, y de alguna manera me golpee el hombro con su mesilla de noche. Iba en manga corta, por lo que me hice, no sé como, un corte bastante grande con la esquina, y comenzó a sangrar bastante.
- ¡Sarah, Sarah! - Edward paró de saltar y bajó de la cama para ayudarme. John y Dessy también bajaron y me miraron preocupados - ¿Estás bien?
- Creo que sí - intenté incorporarme de nuevo, pero también me había torcido el tobillo.
- No, no te muevas, espera - Edward me cogió en brazos con un poco de dificultad y me tumbó en su cama cuidadosamente. En seguida se dio cuenta de mi herida en el brazo - ¡Oh, te sangra el brazo! John, trae una venda, por favor.
- ¡Sí, en seguida! - John se dirigió a un cajón y cogió un pequeño trozo de venda.
- Pero si con una tirita me vale... - dije riendo.
- Las que tenemos son demasiado pequeñas para esto... - me tocó la herida y me estremecí, me dolía un poco.
John trajo la venda y quiso ponérmela, pero Edward se la quitó. Quería hacerlo él mismo.
- Sólo le daré una vuelta, tampoco seré exagerado. Mañana vemos qué tal te va la herida - dijo mientras me colocaba la venda alrededor del brazo.
- Está bien - sonreí y miré cómo lo hacía. Era un amor, y muy dulce cuando quería. Más bien, siempre.
Dessy nos observaba sentada en la cama de John, al igual que éste, con cara de 'oh, qué monos'.
Cuando terminó me besó la frente con cuidado.
- Descansa el pie, no queremos muletas en casa - otra de las bromas de John.
- Tranquilo, no haré que os entre una plaga de bastones metálicos en casa - lo miré y sonreí irónica.
- Creo que por hoy se acabaron los saltos - dijo Dessy, la cual se levantó y vino a darme un beso en la mejilla. Era muy cariñosa conmigo. Después se volvió a sentar con John, y éste le puso una mano el brazo, acariciándolo.
Al final los chicos acordaron que nos quedáramos a dormir en su habitación para que yo hiciera el menor esfuerzo posible con el pie dañado y que Dessy no durmiera sola.
Edward se acurrucó a mi lado y John y Dessy se abrazaron para dormir. Edward había pasado un brazo sobre mi y colocó su mano encima de mi herida. Nuestras cabezas quedaron pegadas. Yo daba muchas vueltas intentando conciliar el sueño, así que terminamos durmiendo frente contra frente. Y antes de quedarme dormida, desee que ese momento no terminara nunca.
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