miércoles, 17 de agosto de 2011

Capítulo 8.

Habíamos esperado ya media hora, la que se suponía que iba a tardar la pizza, y estábamos impacientes porque sonara el timbre; pero nada.
Los cuatro estábamos acurrucados en el sofá, en las mismas posiciones que cuando habíamos visto la película, si todavía os acordáis.
- ¿Tienes mucha hambre? - dijo Edward acariciándome la mejilla.
- Bastante... pero bueno, no importa, esperaré... - le miré sonriendo, con una mano en mi estómago, que comenzaba a rugir de nuevo.
- Está bien - me acomodó haciéndome encajar mejor con su cuerpo, y yo me dejé llevar.
Diez minutos después, por fin el timbre sonó y yo me levanté. Abrí al puerta y me encontré a un repartidor bastante guapo, tenía pinta de ser de la edad de John y Edward.
- Hola, aquí tienes la pizza.
- Oh, gracias - la cogí en brazos y en seguida apareció Edward por detrás para ayudarme.
- Trae, yo te ayudo - la cogió y la llevó a la cocina, que no estaba lejos de la puerta.
Mientras buscaba el dinero en mi bolsillo, el chico dijo:
- ¿Es tu novio? - se rió irónicamente.
- S... sí. ¿Por? ¿Qué pasa? - fruncí el ceño, extrañada.
- Que es una pena que malgastes el tiempo con él...
Indignada, le di el dinero rápidamente y di un portazo. ¡¿Pero quién se había creído?!
Edward lo oyó todo. Lo sabía porque después del portazo se acercó a de nuevo a la entrada, abrió la puerta y gritó:
- ¡¡Ella está encantada de malgastar su tiempo conmigo, imbécil!!
Volvió a cerrar la puerta bruscamente.
- Capullo... ¿quién se ha creído? - dijo por lo bajo.
- ¡Eh, eh! ¡No me he enterado de nada! ¿Qué ha pasado? - protestó John, y Dessy también desvió la mirada hacia nosotros.
- Ese repartidor intentaba ligar con Sarah...
- ¡Oooooh! Hermanito, yo que tú iba allí y le daba una lección. Si quieres te acompaño - John se levantó a lo superhéroe y Dessy se rió. En realidad, todos nos reímos.
- No hace falta chicos, de verdad, si yo no le hice caso.
Edward se giró hacia mi y puso sus manos en mi cintura.
- Entiende que no me hace gracia que un tipo como ese te diga esas cosas, Sarah...
- Lo sé, lo sé... - le rodee el cuello y le di un pequeño beso, muy corto - Pero no te preocupes, que sólo tengo ojos para ti.
- Eso espero - me besó la frente y después apartó sus manos de mi para dirigirse a la pizza.
La cogió con sumo cuidado, despacio, para que no se cayera ni se rompiera por donde no debía.
- Esto hace que yo tenga celos, ahora estamos empatados - le guiñé un ojo.
- ¿Estás celosa de una pizza? - rió sin poder contenerse, mientras intentaba cortarla con mucho cariño.
- ¡Pues sí! ¿No ves qué bien la tratas? - John y Dessy se habían levantado y se rieron de mi comentario.
- ¡Es que es cierto, Edward! ¡Te parecerá bonito! - dijo Dessy dándole un golpecito en el brazo.
- Oh por favor, siento haber intentado engañarte con un pan redondo cubierto de tomate y queso.
- Así me gusta, lo mínimo son unas disculpas - le agarré una mejilla como lo haría una buena abuela.
Nos repartió un trozo grande a cada uno. Como las buenas parejitas, éstas tan monas que salen en las películas, nos dábamos de comer mutuamente. Fue divertido, y bonito, muy bonito. En una de éstas, Edward avisó a John:
- ¡John, John! - y le tiró un trozo por el aire para que lo cogiera. ¡Y lo hizo! Eran unos artistas.
- ¿No soy el mejor? - fardó John, con humor.
- Lo eres, lo eres - dijo Dessy con seguridad, lanzándole otro trozo de pizza, el cual también cogió, y alzó los brazos mientras tragaba en señal de victoria.
- ¡Victorious! - gritó Edward guiñando un ojo y abriendo la boca con felicidad. Todos nos reímos.
Después cada uno terminó tranquilo lo que le quedaba por terminar, y dejamos el resto de la pizza en la nevera.
- Mañana pizza para desayunar, chicos - dijo John mientras cerraba la puerta del frigorífico.
- ¡Noooo! - solté yo, lamentándome de no habérmela terminado yo toda.
- Bueno, son... - Dessy miró el reloj - las diez de la noche y estamos en casa de unos gemelos famosos - me miró sonriente - ¿qué podemos hacer?
- Hm... pues no lo sé, ¿qué tal si venís a nuestra habitación, hacemos un poco el tonto y luego cuando queráis os vais a la vuestra? - propuso Edward.
- ¿Por qué no? Por mi perfecto - dije satisfecha.
- Guay. Venga vamos - Dessy se arrimó a John y subieron delante de nosotros.
Edward me puso una mano en el hombro y me besó en la mejilla mientras subíamos las escaleras. Una vez arriba, en su habitación, ellos se pusieron a saltar en las camas. Dessy y yo nos quedamos mirando, pero en seguida bajaron y nos hicieron subir con ellos. Saltamos como si estuviéramos en una colchoneta elástica, ellos iban de una cama a otra, pero nosotras aún no habíamos probado.
En una de las veces que cambiaron de cama, nos animaron:
- ¡Vamos, Sarah! ¡Venga, tú puedes! - gritó Edward haciendo gestos con la mano.
- ¡Dessy, no pasa nada! ¡Anímate! - dijo John mientras no paraba de saltar.
Dessy y yo nos miramos algo asustadas, pero sonreímos y saltamos a la vez. Pero yo cometí un pequeño error: el primer pie que apoyé estaba demasiado cerca del borde de la cama y me resbalé, y de alguna manera me golpee el hombro con su mesilla de noche. Iba en manga corta, por lo que me hice, no sé como, un corte bastante grande con la esquina, y comenzó a sangrar bastante.
- ¡Sarah, Sarah! - Edward paró de saltar y bajó de la cama para ayudarme. John y Dessy también bajaron y me miraron preocupados - ¿Estás bien?
- Creo que sí - intenté incorporarme de nuevo, pero también me había torcido el tobillo.
- No, no te muevas, espera - Edward me cogió en brazos con un poco de dificultad y me tumbó en su cama cuidadosamente. En seguida se dio cuenta de mi herida en el brazo - ¡Oh, te sangra el brazo! John, trae una venda, por favor.
- ¡Sí, en seguida! - John se dirigió a un cajón y cogió un pequeño trozo de venda.
- Pero si con una tirita me vale... - dije riendo.
- Las que tenemos son demasiado pequeñas para esto... - me tocó la herida y me estremecí, me dolía un poco.
John trajo la venda y quiso ponérmela, pero Edward se la quitó. Quería hacerlo él mismo.
- Sólo le daré una vuelta, tampoco seré exagerado. Mañana vemos qué tal te va la herida - dijo mientras me colocaba la venda alrededor del brazo.
- Está bien - sonreí y miré cómo lo hacía. Era un amor, y muy dulce cuando quería. Más bien, siempre.
Dessy nos observaba sentada en la cama de John, al igual que éste, con cara de 'oh, qué monos'.
Cuando terminó me besó la frente con cuidado.
- Descansa el pie, no queremos muletas en casa - otra de las bromas de John.
- Tranquilo, no haré que os entre una plaga de bastones metálicos en casa - lo miré y sonreí irónica.
- Creo que por hoy se acabaron los saltos - dijo Dessy, la cual se levantó y vino a darme un beso en la mejilla. Era muy cariñosa conmigo. Después se volvió a sentar con John, y éste le puso una mano el brazo, acariciándolo.
Al final los chicos acordaron que nos quedáramos a dormir en su habitación para que yo hiciera el menor esfuerzo posible con el pie dañado y que Dessy no durmiera sola.
Edward se acurrucó a mi lado y John y Dessy se abrazaron para dormir. Edward había pasado un brazo sobre mi y colocó su mano encima de mi herida. Nuestras cabezas quedaron pegadas. Yo daba muchas vueltas intentando conciliar el sueño, así que terminamos durmiendo frente contra frente. Y antes de quedarme dormida, desee que ese momento no terminara nunca.

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