martes, 30 de agosto de 2011

Capítulo 14.

Ya eran las cuatro de la tarde y seguíamos mirando tiendas. No habíamos comido nada, así que después de probarnos un par de modelitos más decidimos ir al McDonald's que había allí al lado.
Las dos pedimos un hamburguesa con queso, patatas y agua. Algo sano íbamos a tomar.
Buscamos una mesa pequeña, apartada del ruido de las familias con dos hijos o más, para poder charlar con tranquilidad. Empezamos a comer, y decidí comenzar yo la conversación.
- Dessy, ¿de verdad crees que Edward se desilusionaría si no tuviera al bebé?
- Hombre, para mí sí. Porque él te quiere, y seguro que tener un hijo contigo le hará sentirse más seguro con respecto a mantenerte a su lado.
- Puede ser... Pero ya he tomado la píldora. ¿Y si mañana me despierto sin nada dentro, sin ninguna criatura creciendo conmigo? Me sentiría mal.
- Entonces es que quieres tenerlo.
- No... bueno, sí. La verdad, no estoy segura. Pero me sentiría mal por Edward, porque le sacaría la ilusión que tiene.
Volví a comer mientras Dessy sacaba sus conclusiones. Cuando comenzaba a hablar, no había quien la callara.
Después de una conversación un tanto ajetreada, terminamos de comer y sonó el teléfono de Dessy.
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- ¿Diga?
- ...
- ¡Ah, hola John!
- ...
- Sí, estamos por aquí todavía.
- ...
- Por nosotras estupendo, cuando queráis.
- ...
- Perfecto. Pero habrá que tener cuidado con las fans...
- ...
- Bueno, a ver si hay suerte. Venga, hasta luego.
- ...
- Oh, yo también te quiero.
- ...
- Adiós.
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- ¿Qué quería? - pregunté con muchos ánimos.
- Van a venir John y Edward a ver una película al cine y querían saber si íbamos a acompañarles. Ya les he dicho que habrá que tener cuidado con que no les reconozcan.
- ¿Y vienen preparados? - reí levemente.
- Dijeron que sí. Ya veremos si funciona. Vamos a esperarles en la puerta.
- Vale.
Las dos nos levantamos de nuestros asientos y dejamos las bandejas en su sitio. Nos dirigimos a las escaleras mecánicas y bajamos a esperarles.
- Por cierto, tu pie ha mejorado mucho, y hace poco que te lo has lastimado.
- Sí, la verdad no sé qué ha pasado. Pero aunque me duela un poco al apoyarlo ya puedo andar bien.
Esperamos sobre media hora delante de la puerta, hablando de nuestras cosas, recordando viejos momentos... Fuera seguía lloviendo, y no tenía pinta de querer parar.
Vimos a un par de chicos acercándose a nosotras. Nos asustamos y al principio fuimos a dentro. ¿Quiénes serían aquellos? Cuando nos alcanzaron gritamos por el susto y nos giramos bruscamente, pero ellos se quitaron las gafas y los pañuelos que llevaban atados al cuello. ¡Eran John y Edward!
- Dios, ¡qué susto! Perdón por no haberos reconocido, es que... vais muy raros. - dije extrañada.
- De eso se trata - respondió John.
Cada uno le dio un beso a su chica "correspondiente" y anduvimos hasta las escaleras mecánicas. Le volvía poner las gafas a Edward.
- No olvides que pueden reconocerte - le guiñé un ojo.
Cuando llegamos arriba nos íbamos a dirigir a los cines, y de repente oímos voces de chicas.
- ¡Oh, dios mío!
- ¡Son Jedward!
- ¡Sí, son John y Edward!
- ¡John!
- ¡Edward!
Todas corrían hacia ellos. Yo no los reconocí y ellas podían hacerlo. ¿Cómo era posible?
Dessy y yo los perdimos entre la masa de gente. Intentábamos hacernos un hueco pero era prácticamente inútil.
Entonces, una de las chicas se echó hacia atrás y me hizo tropezar cerca de las escaleras. Mi cuerpo cayó rodando por ellas. Me golpee los brazos, las piernas, el estómago, la cabeza... Cuando paré abajo, un montón de gente me rodeaba. Podía verlos muy difícilmente, ya que veía todo borroso a causa de los golpes. Pero logré oír la voz de Dessy hablándoles a los chicos.
- ¡John, Edward! ¡Sarah se acaba de caer escaleras abajo!
- ¡¿Qué?! - la voz de Edward parecía proceder de los ángeles hasta cuando parecía preocupado. Logró abrirse paso entre las fans y pronto lo tuve a mi lado.
- ¡Sarah! Sarah, ¿cómo estás? - noté como sus brazos me levantaban del suelo con rapidez.
- B-bien... - pronuncié con dificultad.
- ¡Hay que llevarte al hospital! - gritó Dessy - No digas que estás bien, ¡mírate!
Tenía cortes en las manos y la cara, a causa de los bordes bruscos de los escalones. Afortunadamente, los brazos los llevaba cubiertos, al igual que las piernas.
- ¡Vamos, rápido! - dijo John nervioso.
Corrimos a la calle y nos sentamos a resguardo de la lluvia mientras John llamaba a Liam para que diera media vuelta y los llevara en coche. Le explicó todo sin mucho detalle y cuando colgó todos estaban a mi alrededor. Parecían mirarme, pero no estaba segura, pues seguía sin ver con claridad.
Entonces un pensamiento comenzó a rondar mi cabeza: Ya no había las mismas posibilidades que antes de conservar al bebé conmigo.

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