A la mañana siguiente noté algo raro en la cama: Edward no estaba; ni Dessy, ni John. ¿Por qué era la única que estaba aún dormida? ¿Qué hora era? Miré el reloj. Las diez de la mañana. Pues no era tan tarde.
De pronto, alguien entró. Era Edward con mi desayuno. Me incorporé en la cama para recibirle.
- ¡Oh! ¿Y esto? - dije mientras esbozaba una gran sonrisa.
- Ya te lo hemos dicho, tienes que descansar el pie - respondió, y dejó la bandeja sobre mis piernas.
- Vamos, es sólo un esguince... ¡no es para tanto!
- Después probaremos a ver si te duele cuando andas. Y hay que mirar tu herida en el brazo, a ver - acercó las manos e mi brazo y fue quitando la exagerada venda con cuidado. Ya casi había cicatrizado. - Oh, está mucho mejor.
- Claro, sólo era un rasguño.
- Un rasguño por el que te chorreaba la sangre.
- Chorrear es demasiado fuerte, sólo goteaba un poquito, ¡eres un exagerado!
- ¡No soy exagerado! ¡Me preocupo por ti! Anda, come el desayuno. Te lo hemos preparado entre todos. - me dio un beso en la frente y se dirigió a la puerta, pero tuve la oportunidad de detenerle.
- Gracias - sonreí con todas mis fuerzas.
Se detuvo en la puerta y se volvió hacia mi.
- No, no tienes que agradecerme nada. Te quiero - me guiñó un ojo y salió por la puerta.
- Te quiero - dije emocionada, sin poder levantar la voz para que me oyera.
Entre mi abundante desayuno estaba: un gran vaso de zumo, un tazón de leche con cacao, unos pocos cereales en un bol, tres tortitas y un sándwich. ¡Madre mía! ¡Querían cebarme!
Comencé por beberme el zumo y cortar el sándwich en dos para comerme una parte. Entonces, Dessy apareció en la puerta.
- No me digas que no te tratamos como una reina - rió y vino a sentarse en mi cama. Bueno, en realidad, la cama de Edward.
- Yo creo que más que como a una reina, como a una invasora del espacio, ni que me tuvierais miedo... ¡no os voy a comer porque no me tratéis así! - después de estas palabras comencé a comer el sándwich y eché la leche en el bol de cereales.
- Yo siempre te he tenido miedo - las dos reimos con ese comentario. La verdad yo era bastante bruta. - Oye, ¿y qué tal con Edward?
- Supongo que igual que tú con John, ¿no? - alcé una ceja.
- Si te va de perlas, entonces sí.
Las dos reímos con esos enfermizos chillidos que parecían píos de pájaro agonizante de la etapa adolescente, que por desgracia era la que nos tocaba vivir.
- Pero qué pregunto, si hasta que ha traído el desayuno y todo... - se mordió el labio inferior, sabía lo que estaba pensando. "Ooooh qué mono es, qué bonita pareja hacen, bla bla bla...".
- Pero se ha pasado... Bueno, os habéis pasado - resalté ese "os" con energía.- No voy a poder comerme todo esto.
- ¡Oído, cocina! - y se comenzó a comer una de las tortitas.
- ¡Eso, tú ayúdame! Parece que queréis cebarme... ahora sé que tú no eres el cerebro de la operación "convertir a Sarah en una cerdita".
- Ese nombre de operación es muy cutre - repuso mordiendo la tortita, a cual había derramado dos gotas sobre la cama.
- Dessy... Mira qué has hecho... - dije señalando la mancha de caramelo.
- ¡Oops! - exclamó levantándose de un sobresalto.
- ¡Hola, chicas! ¿Qué tal va tu pie, Sarah? - John apareció de improvisto.
- ¡Oh, hola John! Pues muy bien, gracias. ¿Un trozo de sándwich? - dije acercándole la otra mitad que quedaba.
- Si insistes... - se acercó a cogerlo y entonces observó la mancha.
- ¿Y ésto? - dijo riendo.
- ¡Ha sido ella, ha sido ella! - gritó Dessy señalándome como la culpable.
- ¿Perdona? - repliqué indignada.
- Eh eh, chicas, no importa. Deberíais saber ya que no somos demasiado pulcros... además, es la cama de Edward. ¿Os creeis que me voy a enfadar?
- Hombre... no sé - dijo Dessy algo preocupada todavía por si su querido amor cambiaba de opinión.
- Quiero que quede claro - añadí - que ha sido Dessy.
- Vale vale, lo admito, ¡no me pegues! - exclamó adoptando la posición "armadillo" de cuando éramos pequeñas.
- No voy a pegarte - dijo John, extrañado.
- ¡Lo digo por ella!
John y yo reímos a la vez, y se nos acabó uniendo Dessy también.
- ¿Y...?
- ¿Edward? - me interrumpió John, riendo - Está recogiendo todo, no veas el desastre que montamos haciéndote este pedazo desayuno.
- Pues ahora me da pena no terminarlo, pero con todo esto... - dije acabándome la última tortita - ya estoy bastante llena.
- Lo comprendo, ya dije yo que era demasiado... - dijo él llevándose una mano al pelo, revolviendo éste con suavidad.
- Lo siento pero, ¿puedes llevarte el resto abajo? Y dile a Edward que cuando pueda que suba - cogí la bandeja en brazos y se la di.
- Espera, que cojo el tazón con cereales, por si acaso se cae - dijo Dessy agarrando éste.
- Yo le aviso, vamos - John salió por la puerta después de dejarle paso a Dessy y yo esperé allí, volviéndome a acostar, ya que no querían que me pusiera en pie sola por nada del mundo.
Miraba por la ventana, observando el bonito cielo azul y sus nubes blancas, que hacían formas extrañas, y comencé a buscarles sentido, sin mucho éxito a decir verdad.
Después de... bueno, no había contado los minutos, para qué mentir, pero no llegaba ni a los dos; Edward se acercó a mi y se sentó en la cama.
- Hola - sonrió y se inclinó para besarme con dulzura -. John me ha dicho que querías verme.
- En realidad quería que me hicieras compañía un rato... - noté como enrojecían las mejillas y mis labios iban poco a poco esbozando una sonrisa.
- Pues no te preocupes, que si hace falta te haré compañía todo el día.
- Tendrás que ensayar, ¿no? El concierto que os ha preparado Liam es importante.
- No más importante que tú.
Volvió a acercarse a mi y nuestros labios se encontraron. Esta vez duraba más que antes. No se separaba, y yo tampoco iba a hacerlo, no estaba loca. Cada una de sus manos estaba a uno de los lados de mi cuerpo. Después de un rato, sus piernas subieron a la cama y quedaron una a cada lado de mi. Mis manos habían subido hasta su cuello y lo acariciaban con suavidad. Él pasó de apoyarse con las manos a los codos, y sus rodillas ya no estaban flexionadas, por lo que nuestros cuerpos ya estarían completamente en contacto de no ser por aquellas sábanas que aún me tapaban. Nuestras lenguas chocaban, y cada vez que lo hacían varias chispas parecían estallar dentro de mi boca. ¿Provocaría yo el mismo efecto en él? Era difícil. En un pequeño instante, él llegó a morder muy suavemente mi labio inferior, lo que hizo que me estremeciera. Después de esto se separó unos centímetros de mi.
- ¿No te parece que estas sábanas son incómodas?
- Un poquito... - dije arrastrándome hacia atrás para apoyar mi espalda en el cabecero de la cama.
Él las retiró, las echó al suelo sin ningún reparo. Ahora estaba de nuevo sobre sus rodillas y se había pegado a mi. Sus manos tocaban los costados de mi cintura, y poco a poco iban subiendo por debajo de mi camiseta, pero nunca llegaban demasiado arriba. No, él era un chico decente. Pero notaba que en mi inconsciente quería que él llegara a más, que fuera él y no yo el que diera el paso. Mis terminaciones nerviosas estaban alerta, en cualquier momento pasaría. O no. Pero nunca se sabía, era algo impredecible. Entonces, sus manos subieron más que la última vez, haciendo que se me erizara el vello de la nuca. Sus labios acariciaban los míos, nuestras lenguas bailaban juntas, todo era un sueño. Un maravilloso sueño. Siguió subiendo más y más sus manos a través de mi espalda, hasta llegar a la altura del sujetador. No sería capaz. ¿O sí?
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