Volví a sentarme en el sofá con tranquilidad, mirando mi barriga y acariciándola con dulzura. Todo aquello era tan extraño...
- Sarah, ¿te parece bien que avise a los chicos?
- Bueno, tarde o temprano lo iban a saber, así que...
- Vale, pues ahora venimos - me acarició la cabeza y subió al piso de arriba.
Acordándome de lo que había ocurrido esa noche, mis lágrimas comenzaron a brotar de nuevo, y no intenté detener mis sentimientos.
A los pocos segundos, ya estaban todos abajo.
- ¡Sarah, no me lo puedo creer! - dijo John. Estaba perplejo, pero se le veía feliz.
Yo sonreí muy débilmente, aún con los ojos llorosos.
Vi cómo Edward intentaba acercarse a mi, casi parecía ir a sentarse conmigo, pero se mantuvo en su sitio. Dessy le miró y esbozó una pequeña sonrisa, lo cual me desconcertó un poco.
- Oh, Edward, vamos. Estás deseando pedirle disculpas.
- No te creas... - se cruzó de hombros y miró hacia otro lado.
- Edward... - John le miró con malicia.
Edward se quedó pensando durante unos instantes, mirándome. Parecía estar pensando "dios, quiero hacerlo, pero no, sí, no, ¡no sé!". Y entonces corrió hacia mi y al fin volví a notarlo conmigo. Sus brazos me rodeaban y yo sonreía sin poder despegarme de él.
- Sí, vale, he sido un idiota, lo siento - me apartó los mechones que caían sobre mi cara y secó las lágrimas que aún tenía sobre las mejillas - De verdad, no sé en qué estaría pensando...
Dessy y John nos dejaron solos después de sonreír ante la situación.
- Nunca, nunca he pensado en serio que esta noche haya sido un error. Te quiero, y ha sido lo mejor que he podido hacer. Todo este tiempo he estado esperando para ello, y por fin tú estabas preparada. Ha sido algo fantástico y no quería hacerte daño.
- Eh eh - él también había comenzado a llorar, y le sequé las lágrimas tal y como él había hecho hacía un momento - , tranquilo. No pasa nada. Te has disculpado y ya está.
- Pero es que me siento fatal - dijo acariciando mi barriga -. Ahora quiero preguntarte una cosa.
- Claro, dime - le miré sonriente, con dulzura.
- Pues... ¿tú quieres... tenerlo?
- Oh, pues no sé. Por un lado sé que es tuyo y me daría una alegría increíble tenerlo, pero por otro, aún soy adolescente y me resultaría muy difícil mantenerlo.
- Hm... entiendo. Bueno, desees lo que desees, yo estaré aquí para apoyarte, ¿vale? - me sonrió y me besó en la frente.
Después de aquello, de repente algo explotó en mi interior. Era alegría, una inmensa alegría que ahora me recorría todo el cuerpo. Nos quedamos abrazados y hablamos de las posibilidades.
- ¿Preferirías que fuera niño o niña? - esa fue una de sus preguntas.
- Creo que preferiría un niño, para tener un pequeño Edward.
Sonrió, suspiró y me besó con ternura. Cuando se trataba de cosas así, era todo un caballero. Tenía su lado de... ¿"macho"? No sé si esa era la palabra adecuada, pero su parte de "macho" no la solía usar demasiado. Era más tierno y dulce.
Así que las horas pasaron, pasaron lentas y monótonas. Lo único que hice fue estar allí tumbada, pensando y hablando con Edward. Hablamos de la anterior noche. Para ambos había sido una experiencia única, y él me pidió perdón un montón de veces por lo que me había dicho. Me sabía mal aquello de tener que escucharle pedir disculpas tantas veces, no sé por qué. Quizás era que me sentía mala.
Unas horas después, Dessy me propuso ir de compras con ella, y yo sin muchas ganas acepté. Antes de irnos, los chicos se despidieron de nosotras. Estábamos pensando en comprarles un detalle para agradecerles lo que habían hecho por nosotras. No me refiero sólo a habernos dado su virginidad. Se trataba de algo mucho más profundo. Había que admitirlo, estábamos muy enamoradas y no queríamos perderles por nada del mundo.
Cogimos un autobús urbano para ir al centro comercial de la ciudad. Era posiblemente el más asqueroso, descuidado y lleno de gente incivilizada. No podríamos haber elegido uno peor, la verdad. Pero esa tarde era el único que pasaba cerca del centro, así que nos resignamos y soportamos el olor a gasolina y pitillos, que muchos de los pasajeros fumaban.
- Sarah, esto no es bueno para ti...
- Ni para mi ni para nadie... - miré a Dessy y puse cara de asco.
- Me refiero a tu estado.
- Ah, bueno... Tienes razón, no es lo mejor, pero tendré que sacrificarme un poco, ¿no?
- Sí, esta ciudad es así...
Cuando bajamos del autobús casi estaba diluviando. ¡Uh, qué raro, lluvia en Irlanda! Que conste, que era sarcasmo. Casi todos los días llovía con fuerza. Como si todas las nubes descargaran su ira de golpe. No llevábamos paraguas, así que corrimos desde la parada hasta los balcones más cercanos para refugiarnos un poco de la lluvia.
- A ésto se le llama ser gafe - dije mirando disgustada la lluvia, con un toque de humor.
- Ya te digo...
- Oye, vamos andando por debajo de éstos balcones y malo será que no lleguemos a la puerta del centro comercial si mojarnos demasiado.
Dessy me hizo caso y corrimos intentando que la lluvia nos tocara lo mínimo posible.
Ya casi estábamos, sólo había que cruzar un paso de cebra y llegaríamos a las puertas del centro. Nos dimos prisa en llegar al borde de la acera y que el semáforo no se pusiera en rojo para los peatones, pero fue inútil.
- ¡No te digo yo que soy gafe...! - esperamos allí, calándonos hasta los huesos.
Todo nuestro esfuerzo anterior no había servido para nada.
Cuando al fin el semáforo se puso en verde, cruzamos sin mucha prisa. Total, más mojadas de lo que ya estábamos no íbamos a llegar.
Justo cuando entramos, sonó mi teléfono. Era Edward.
________________________________________________________
- Hola.
- Hola. Te llamaba para saber si habíais llegado.
- Oh, cómo te preocupas. Pues sí, acabamos de entrar al centro comercial y estamos buscando una tienda decente.
- ¿Con "decente" te refieres a de marca?
- No soy tan pija, perdona.
- Ay, lo siento, mi amor. Es cierto, tú eres más macarrilla.
- Pues casi que me acerco más a eso.
- Bueno, que os lo paséis bien.
- Gracias.
- Hasta luego.
- Adiós.
____________________________________________________________________
- ¿Quién era? - preguntó Dessy interesada.
- Edward, quería saber si habíamos llegado bien.
- Oh, eso es que se preocupa por el bebé - dijo señalando mi barriga.
- ¿Bebé? De momento no es más que una cosa redonda del tamaño de un alfiler, no apures tanto.
- Pero seguro que quiere que lo tengas.
Sonreí y no contesté. Seguimos caminando y buscando tiendas. Nos probamos vestidos, camisetas, pantalones... de todo. Y mientras, pensaba en lo que había dicho Dessy. Posiblemente Edward querría tener un hijo conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario