martes, 30 de agosto de 2011

Capítulo 14.

Ya eran las cuatro de la tarde y seguíamos mirando tiendas. No habíamos comido nada, así que después de probarnos un par de modelitos más decidimos ir al McDonald's que había allí al lado.
Las dos pedimos un hamburguesa con queso, patatas y agua. Algo sano íbamos a tomar.
Buscamos una mesa pequeña, apartada del ruido de las familias con dos hijos o más, para poder charlar con tranquilidad. Empezamos a comer, y decidí comenzar yo la conversación.
- Dessy, ¿de verdad crees que Edward se desilusionaría si no tuviera al bebé?
- Hombre, para mí sí. Porque él te quiere, y seguro que tener un hijo contigo le hará sentirse más seguro con respecto a mantenerte a su lado.
- Puede ser... Pero ya he tomado la píldora. ¿Y si mañana me despierto sin nada dentro, sin ninguna criatura creciendo conmigo? Me sentiría mal.
- Entonces es que quieres tenerlo.
- No... bueno, sí. La verdad, no estoy segura. Pero me sentiría mal por Edward, porque le sacaría la ilusión que tiene.
Volví a comer mientras Dessy sacaba sus conclusiones. Cuando comenzaba a hablar, no había quien la callara.
Después de una conversación un tanto ajetreada, terminamos de comer y sonó el teléfono de Dessy.
________________________________________________________
- ¿Diga?
- ...
- ¡Ah, hola John!
- ...
- Sí, estamos por aquí todavía.
- ...
- Por nosotras estupendo, cuando queráis.
- ...
- Perfecto. Pero habrá que tener cuidado con las fans...
- ...
- Bueno, a ver si hay suerte. Venga, hasta luego.
- ...
- Oh, yo también te quiero.
- ...
- Adiós.
______________________________________________________________
- ¿Qué quería? - pregunté con muchos ánimos.
- Van a venir John y Edward a ver una película al cine y querían saber si íbamos a acompañarles. Ya les he dicho que habrá que tener cuidado con que no les reconozcan.
- ¿Y vienen preparados? - reí levemente.
- Dijeron que sí. Ya veremos si funciona. Vamos a esperarles en la puerta.
- Vale.
Las dos nos levantamos de nuestros asientos y dejamos las bandejas en su sitio. Nos dirigimos a las escaleras mecánicas y bajamos a esperarles.
- Por cierto, tu pie ha mejorado mucho, y hace poco que te lo has lastimado.
- Sí, la verdad no sé qué ha pasado. Pero aunque me duela un poco al apoyarlo ya puedo andar bien.
Esperamos sobre media hora delante de la puerta, hablando de nuestras cosas, recordando viejos momentos... Fuera seguía lloviendo, y no tenía pinta de querer parar.
Vimos a un par de chicos acercándose a nosotras. Nos asustamos y al principio fuimos a dentro. ¿Quiénes serían aquellos? Cuando nos alcanzaron gritamos por el susto y nos giramos bruscamente, pero ellos se quitaron las gafas y los pañuelos que llevaban atados al cuello. ¡Eran John y Edward!
- Dios, ¡qué susto! Perdón por no haberos reconocido, es que... vais muy raros. - dije extrañada.
- De eso se trata - respondió John.
Cada uno le dio un beso a su chica "correspondiente" y anduvimos hasta las escaleras mecánicas. Le volvía poner las gafas a Edward.
- No olvides que pueden reconocerte - le guiñé un ojo.
Cuando llegamos arriba nos íbamos a dirigir a los cines, y de repente oímos voces de chicas.
- ¡Oh, dios mío!
- ¡Son Jedward!
- ¡Sí, son John y Edward!
- ¡John!
- ¡Edward!
Todas corrían hacia ellos. Yo no los reconocí y ellas podían hacerlo. ¿Cómo era posible?
Dessy y yo los perdimos entre la masa de gente. Intentábamos hacernos un hueco pero era prácticamente inútil.
Entonces, una de las chicas se echó hacia atrás y me hizo tropezar cerca de las escaleras. Mi cuerpo cayó rodando por ellas. Me golpee los brazos, las piernas, el estómago, la cabeza... Cuando paré abajo, un montón de gente me rodeaba. Podía verlos muy difícilmente, ya que veía todo borroso a causa de los golpes. Pero logré oír la voz de Dessy hablándoles a los chicos.
- ¡John, Edward! ¡Sarah se acaba de caer escaleras abajo!
- ¡¿Qué?! - la voz de Edward parecía proceder de los ángeles hasta cuando parecía preocupado. Logró abrirse paso entre las fans y pronto lo tuve a mi lado.
- ¡Sarah! Sarah, ¿cómo estás? - noté como sus brazos me levantaban del suelo con rapidez.
- B-bien... - pronuncié con dificultad.
- ¡Hay que llevarte al hospital! - gritó Dessy - No digas que estás bien, ¡mírate!
Tenía cortes en las manos y la cara, a causa de los bordes bruscos de los escalones. Afortunadamente, los brazos los llevaba cubiertos, al igual que las piernas.
- ¡Vamos, rápido! - dijo John nervioso.
Corrimos a la calle y nos sentamos a resguardo de la lluvia mientras John llamaba a Liam para que diera media vuelta y los llevara en coche. Le explicó todo sin mucho detalle y cuando colgó todos estaban a mi alrededor. Parecían mirarme, pero no estaba segura, pues seguía sin ver con claridad.
Entonces un pensamiento comenzó a rondar mi cabeza: Ya no había las mismas posibilidades que antes de conservar al bebé conmigo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Capítulo 13.

Volví a sentarme en el sofá con tranquilidad, mirando mi barriga y acariciándola con dulzura. Todo aquello era tan extraño...
- Sarah, ¿te parece bien que avise a los chicos?
- Bueno, tarde o temprano lo iban a saber, así que...
- Vale, pues ahora venimos - me acarició la cabeza y subió al piso de arriba.
Acordándome de lo que había ocurrido esa noche, mis lágrimas comenzaron a brotar de nuevo, y no intenté detener mis sentimientos.
A los pocos segundos, ya estaban todos abajo.
- ¡Sarah, no me lo puedo creer! - dijo John. Estaba perplejo, pero se le veía feliz.
Yo sonreí muy débilmente, aún con los ojos llorosos.
Vi cómo Edward intentaba acercarse a mi, casi parecía ir a sentarse conmigo, pero se mantuvo en su sitio. Dessy le miró y esbozó una pequeña sonrisa, lo cual me desconcertó un poco.
- Oh, Edward, vamos. Estás deseando pedirle disculpas.
- No te creas... - se cruzó de hombros y miró hacia otro lado.
- Edward... - John le miró con malicia.
Edward se quedó pensando durante unos instantes, mirándome. Parecía estar pensando "dios, quiero hacerlo, pero no, sí, no, ¡no sé!". Y entonces corrió hacia mi y al fin volví a notarlo conmigo. Sus brazos me rodeaban y yo sonreía sin poder despegarme de él.
- Sí, vale, he sido un idiota, lo siento - me apartó los mechones que caían sobre mi cara y secó las lágrimas que aún tenía sobre las mejillas - De verdad, no sé en qué estaría pensando...
Dessy y John nos dejaron solos después de sonreír ante la situación.
- Nunca, nunca he pensado en serio que esta noche haya sido un error. Te quiero, y ha sido lo mejor que he podido hacer. Todo este tiempo he estado esperando para ello, y por fin tú estabas preparada. Ha sido algo fantástico y no quería hacerte daño.
- Eh eh - él también había comenzado a llorar, y le sequé las lágrimas tal y como él había hecho hacía un momento - , tranquilo. No pasa nada. Te has disculpado y ya está.
- Pero es que me siento fatal - dijo acariciando mi barriga -. Ahora quiero preguntarte una cosa.
- Claro, dime - le miré sonriente, con dulzura.
- Pues... ¿tú quieres... tenerlo?
- Oh, pues no sé. Por un lado sé que es tuyo y me daría una alegría increíble tenerlo, pero por otro, aún soy adolescente y me resultaría muy difícil mantenerlo.
- Hm... entiendo. Bueno, desees lo que desees, yo estaré aquí para apoyarte, ¿vale? - me sonrió y me besó en la frente.
Después de aquello, de repente algo explotó en mi interior. Era alegría, una inmensa alegría que ahora me recorría todo el cuerpo. Nos quedamos abrazados y hablamos de las posibilidades.
- ¿Preferirías que fuera niño o niña? - esa fue una de sus preguntas.
- Creo que preferiría un niño, para tener un pequeño Edward.
Sonrió, suspiró y me besó con ternura. Cuando se trataba de cosas así, era todo un caballero. Tenía su lado de... ¿"macho"? No sé si esa era la palabra adecuada, pero su parte de "macho" no la solía usar demasiado. Era más tierno y dulce.
Así que las horas pasaron, pasaron lentas y monótonas. Lo único que hice fue estar allí tumbada, pensando y hablando con Edward. Hablamos de la anterior noche. Para ambos había sido una experiencia única, y él me pidió perdón un montón de veces por lo que me había dicho. Me sabía mal aquello de tener que escucharle pedir disculpas tantas veces, no sé por qué. Quizás era que me sentía mala.
Unas horas después, Dessy me propuso ir de compras con ella, y yo sin muchas ganas acepté. Antes de irnos, los chicos se despidieron de nosotras. Estábamos pensando en comprarles un detalle para agradecerles lo que habían hecho por nosotras. No me refiero sólo a habernos dado su virginidad. Se trataba de algo mucho más profundo. Había que admitirlo, estábamos muy enamoradas y no queríamos perderles por nada del mundo.
Cogimos un autobús urbano para ir al centro comercial de la ciudad. Era posiblemente el más asqueroso, descuidado y lleno de gente incivilizada. No podríamos haber elegido uno peor, la verdad. Pero esa tarde era el único que pasaba cerca del centro, así que nos resignamos y soportamos el olor a gasolina y pitillos, que muchos de los pasajeros fumaban.
- Sarah, esto no es bueno para ti...
- Ni para mi ni para nadie... - miré a Dessy y puse cara de asco.
- Me refiero a tu estado.
- Ah, bueno... Tienes razón, no es lo mejor, pero tendré que sacrificarme un poco, ¿no?
- Sí, esta ciudad es así...
Cuando bajamos del autobús casi estaba diluviando. ¡Uh, qué raro, lluvia en Irlanda! Que conste, que era sarcasmo. Casi todos los días llovía con fuerza. Como si todas las nubes descargaran su ira de golpe. No llevábamos paraguas, así que corrimos desde la parada hasta los balcones más cercanos para refugiarnos un poco de la lluvia.
- A ésto se le llama ser gafe - dije mirando disgustada la lluvia, con un toque de humor.
- Ya te digo...
- Oye, vamos andando por debajo de éstos balcones y malo será que no lleguemos a la puerta del centro comercial si mojarnos demasiado.
Dessy me hizo caso y corrimos intentando que la lluvia nos tocara lo mínimo posible.
Ya casi estábamos, sólo había que cruzar un paso de cebra y llegaríamos a las puertas del centro. Nos dimos prisa en llegar al borde de la acera y que el semáforo no se pusiera en rojo para los peatones, pero fue inútil.
- ¡No te digo yo que soy gafe...! - esperamos allí, calándonos hasta los huesos.
Todo nuestro esfuerzo anterior no había servido para nada.
Cuando al fin el semáforo se puso en verde, cruzamos sin mucha prisa. Total, más mojadas de lo que ya estábamos no íbamos a llegar.
Justo cuando entramos, sonó mi teléfono. Era Edward.
________________________________________________________
- Hola.
- Hola. Te llamaba para saber si habíais llegado.
- Oh, cómo te preocupas. Pues sí, acabamos de entrar al centro comercial y estamos buscando una tienda decente.
- ¿Con "decente" te refieres a de marca?
- No soy tan pija, perdona.
- Ay, lo siento, mi amor. Es cierto, tú eres más macarrilla.
- Pues casi que me acerco más a eso.
- Bueno, que os lo paséis bien.
- Gracias.
- Hasta luego.
- Adiós.
____________________________________________________________________

- ¿Quién era? - preguntó Dessy interesada.
- Edward, quería saber si habíamos llegado bien.
- Oh, eso es que se preocupa por el bebé - dijo señalando mi barriga.
- ¿Bebé? De momento no es más que una cosa redonda del tamaño de un alfiler, no apures tanto.
- Pero seguro que quiere que lo tengas.
Sonreí y no contesté. Seguimos caminando y buscando tiendas. Nos probamos vestidos, camisetas, pantalones... de todo. Y mientras, pensaba en lo que había dicho Dessy. Posiblemente Edward querría tener un hijo conmigo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Capítulo 12.

Las canciones seguían sonando una tras otra: Miss America, Techno girl, Hold the world... ¿Me tenía que pasar éso a mi? No podía seguir adelante. Seguí llorando sin parar, tenía los ojos hinchados por las lágrimas, no podía dormir. No sin él. Fue una noche larga. Tomé unas cuantas tilas y un vaso de leche, pero dormí muy poco. A la mañana siguiente, lo primero que oí fue la voz de Dessy.
- ¡Sarah! - dijo corriendo hacia mi. Yo estaba despierta y con una cara seguramente espantosa - ¿Qué ha pasado?
- Ha sido un error...
- ¿Un error? ¿El qué? - Dessy se extrañó.
- Él ha dicho que yo he sido un error.
- No... ¿Edward?
Asentí. Aún estaba llorando y no tenía fuerzas.
- No me lo puedo creer... Espera, ahora vuelvo.
Corrió escaleras arriba y la oí gritar. Después de unos segundos, los tres estaban bajando.
- Edward, ¿qué es eso que le has dicho a Sarah?
- Nada que no sea verdad - respondió muy serio.
- ¡Edward! - protestó John.
- Le parece una estupidez que me preocupe. ¿A ti te gustaría que Dessy te dijera eso? ¿Eh?
- Pues no, no me gustaría, pero nunca, ¡en la vida!, le diría que ella fue un error. ¡Jamás, Edward, jamás!
- Bueno, no sé si Sarah te ha contado lo que pasó anoche... - dijo Edward mirando serio a Dessy.
- Pues... no. Sarah - se acercó a mi - ¿qué ha pasado?
- "Eso". - me avergoncé.
Dessy abrió mucho los ojos y se giró hacia Edward.
- Edward, eres despreciable, te lo digo totalmente en serio.
- Bueno, Dessy, tampoco te pases - dijo John, intentado defender a su hermano.
- ¿Que no me pase? ¡Ahora lo entiendo! ¡El error ha sido para él lo que pasó anoche! ¿Acaso no tienes cerebro? ¡Le has destrozado! - Dessy se notaba muy enfadada.
- Dessy - intenté pronunciar entre sollozos -, déjalo. No te pongas así. - negué con la cabeza.
- Pero Sarah... - se agachó en frente de mi -, no puedo quedarme callada, entiéndelo.
- Entiendo que te sientas así... bueno, más o menos. Pero déjalo, no tienes que luchar esta batalla por mi.
Dessy se alejó, miró de reojo a Edward y subió las escaleras corriendo. John fue detrás de ella con mucha prisa.
Durante unos segundos Edward me miró. Y yo aparté la vista. Pero seguí sintiendo su presencia allí. Volví a dirigir mis ojos hacia él, y me mantuvo la mirada con un semblante serio.
- ¿Qué? - dije con una voz débil. A penas podía articular palabra.
No me contestó y comenzó a subir las escaleras con tranquilidad.
- Al menos podrías hablarme...
- Ya lo he dicho todo - y desapareció en el piso de arriba.
Éso no iba a quedar así.
Me quedé dormida durante, más o menos, un par de horas. No desayuné y casi no comí nada. Por la tarde, Dessy y yo nos quedamos solas en el salón.
- Dessy, es que... hubo un motivo.
- ¿Un motivo?
- Sí... A ver, como ya sabes, ocurrió "eso".
- Sí.
- Pues es que... nos olvidamos de lo más importante.
- ¿No hablarás de los...?
- Preservativos, sí.
- ¡Sarah...!
- ¡Lo sé, lo sé! Le dije que hoy me tomaría la píldora, que podíamos seguir. Total, ya había ocurrido, no podíamos dar marcha atrás. Él se negó, le dije que era una estupidez y bueno...
- ¡Vamos ahora mismo a por la píldora Y un test de embarazo!
- ¡Qué dices! ¡No voy a ir ahora!
- Sarah, vas a venir conmigo por la cuenta que te trae.
- ¡Que no, Dessy!
- Pues voy yo a buscarlos. Tú quédate aquí.
No pude decir nada, porque en cuanto abrí la boca ya estaba saliendo por la puerta.
Me quedé allí sola, pensando en lo mal que lo pasaría Dessy pidiendo esas cosas en la farmacia, con lo vergonzosa que era...
Al cabo de veinte minutos apareció con todo en las manos.
- Podrías haberlo guardado...
- Sí, claro, en el bolsillo mágico de Doraemon, ¡¿no ves que no llevo bolso?!
- Bueno, perdón...
- Lo siento por ser borde, pero es que... lo he pasado fatal pidiendo esto... Bien, ahora toma la píldora - me cogió la mano y me puso una pequeña pastilla encima.
Fue a la cocina y llenó un vaso con agua para después traérmelo.
- Toma.
Cogí el vaso, puse la pastilla en la boca y bebí toda el agua de golpe. Estaba muy fría, tuve que hacer un gran esfuerzo para que pasara por mi garganta.
- Bien. Ahora ve al baño, y ponte esto - me ofreció el test de embarazo.
- Dessy... acabo de tomarme la píldora, no creo que haga fal--
- ¡Que vayas!
- Vale, vale... - me deshice de la manta y fui al baño. Aún seguía sin pantalón y con una camiseta larga.
Cuando me senté en el váter abrí la caja y miré las instrucciones. No podía ser muy difícil, ¿no? Hice caso a lo que decía el papel, no quería meter la pata. Cuando terminé, me volví a colocar bien la ropa y me lavé las manos. Lo peor, vino cuando miré la prueba. Pegué un grito impresionante, que no me extrañaría si lo hubieran oído John y Edward.
- ¡¿Sarah?!
Salí del baño pálida como la leche.
- Dessy, míralo tú misma... - le acerqué la prueba.
- ¡¡¡Sarah, dios!!! ¡¡Que estás embarazada!! - se quedó con cara de tonta. Normal.
- Hombre, con la píldora no pasará nada, ¿no?
- Mañana vuélvete a hacer la prueba. Si te da negativo es que ha hecho efecto, si no es que te la has tomado tarde...
En esos momentos llevaba una pequeña parte de vida dentro de mi, una pequeña parte del Edward que había perdido. Eso me daba esperanzas.

Capítulo 11.

[Creo que en este capítulo leeréis lo que todas estabais esperando ;) Iré cambiando de narrador, yendo de Sarah a Dessy, para que sepáis lo que siente cada una en todo momento :) Espero que os guste.]
--------------------------------------------------------------------
**SARAH**

Mis párpados se fueron abriendo poco a poco. La verdad, yo no tenía muchas ganas de levantarme de allí, pero era tarde y teníamos que subir a la habitación.
Miré a Edward. Descansaba como un ángel, me sabía mal despertarlo. Pero tenía que hacerlo.
- Edward... - dice en voz baja - Edward... - repetí, esta vez moviéndole un poco el brazo.
Pero no se despertaba. Debía estar en un sueño profundo.
- ¡Edward! - me vi obligada a gritar, y se despertó de repente, con un movimiento brusco.
- ¿Qué? - se frotó los ojos con ambas manos - Oh, eras tú... ¡Qué susto! - dijo llevándose una mano al pecho.
- Tenemos que subir arriba.
- ¿Por qué? - dijo extrañado.
- Pues porque es tarde, y tendremos que dormir en la cama, digo yo eh... - propuse encogiéndome de hombros.
- Hombre, no es una necesidad - replicó, negando con la cabeza.
- Pero seguramente, si nos quedamos aquí te levantarás con la espalda destrozada, mira cómo estabas... - dije esto mientras le colocaba un poco el pelo sin peinar.
- Eso sólo es un problema si nos quedamos abajo a dormir... - alzó una ceja mientras sonreía.
- Precisamente por eso tenemos que ir a dormir arriba.
- Creo que no me has entendido bien...
Hice una mueca, extrañada. Pues no, no le había entendido.
- A ver... - intentó volver a explicarme -, quería decir, que si nos quedamos abajo, mi espalda será un problema sólo si dormimos.
- O sea, lo que pretendes es que no durmamos, ¿es eso?
- ¡Las pillas al vuelo! - exclamó revolviéndome el pelo.
- ¿Y qué vamos a hacer entonces?
Se quedó callado. Cogió el mando del aparato de música y lo encendió a un volumen muy bajo. Estaba puesta su música y me resultaba algo raro. Creía que sabía lo que pretendía, así que tampoco dije nada. En lugar de eso, me dije a mi misma: "Sarah, ahora sí estás preparada. Vamos, tú puedes. ¡Empieza ya!". Pero mi cuerpo no hacía caso. "¿Eres idiota? ¡Muévete!". Así que, en cuanto me miró a los ojos, me acerqué y rocé sus labios con los míos. Primero muy suave y lentamente, pero después él hizo acelerar el ritmo. Se había adelantado más hacia mi y estaba inclinado, ya que yo había dormido sobre sus piernas y todavía no cambiara de postura. Para hacérselo más fácil me fui levantando lentamente y me senté en sus rodillas. Mis manos revolvían su pelo y lo acariciaban con ternura. Las suyas me tenían agarrada de la cintura con suavidad, pero a la vez firmemente. Era como si tuviera miedo de que me fuera a ir. Entonces me aparté.
- ¿No estás preparada? - dijo Edward echándose hacia atrás.
- No, no es eso, ahora estoy segura de que sí - le sonreí y él también lo hizo. Iba a volver a besarme cuando le paré - Espera, quiero asegurarme de una cosa.
Me levanté y me dirigí hacia las escaleras. Las subí y me asomé a la habitación de los chicos. ¡Menuda sorpresa me llevé! Encontré a John y Dessy en una situación un tanto comprometida. No habían llegado a un extremo muy elevado, pero ella estaba sin camiseta y él se había quedado en ropa interior. Bajé rápidamente las escaleras y Edward se apresuró a preguntarme qué había ido a hacer.
- Pues quería asegurarme de que John y Dessy no nos oyeran ni fueran a bajar.
- ¿Y?
- Creo que no nos molestarán... - dije negando, con una risilla.
- ¿Estaban dormidos? - preguntó Edward frunciendo el ceño.
- No exactamente - alcé ambas cejas y sonreí.
- Oh... - dijo con los ojos muy abiertos - Comprendo... - asintió un tanto desorientado.
- Está haciendo exactamente lo mismo que vas a hacer tú, así que que no te parezca tan raro - me apoyé en la barandilla de las escaleras.
Antes de decir nada se levantó y vino hacia mi. Seguramente le habría gustado la idea que le di. Esta vez sus besos fueron más apasionados. No podía controlarle, ni tampoco a mi misma. Nos fuimos acercando al sofá y terminé debajo de él. Sus manos acariciaban mis brazos, sus labios se acompasaban con los míos, como siempre hacían, y todo marchaba a la perfección. Al fin me sentía segura.

**DESSY**

El torso desnudo de John tocaba el mío con suavidad. Nuestras lenguas producían chispas al rozar, y yo cada vez me sentía mejor. Todo aquello era mágico, y, por qué no admitirlo, excitante. Pensar que Edward y Sarah estaban abajo y que podrían pillarnos en cualquier momento era una sensación que me gustaba.
Las manos de John ahora estaban ocupándose de desabrochar mi pantalón e irlo bajando poco a poco, con mi ayuda, que movía la cintura para mayor facilidad. Ahora ambos estábamos en ropa interior. Uno delante del otro y con la cama a nuestro lado. Podría pasar cualquier cosa, en concreto una que todos sabéis. Sus brazos me rodearon en un gran abrazo, sin dejar de besarme. Nunca me había sentido tan segura en toda mi vida con alguien. Pero de repente se me acordó algo realmente importante.
- ¡John! - grité apartándolo de mi - Habrás pensado en todo, ¿no? - me puse realmente seria.
- Claro, no te preocupes. Los tengo justo ahí - señaló una caja de preservativos que parecía sin abrir. Y suspiré aliviada.
- Menos mal, hago bien fiándome de ti - sonreí y volví a acercarme a él.
Subió sus manos hasta mi sujetador y lo desabrochó muy despacio, con calma. Y sin previo aviso frenó.
- Espera, quiero estar seguro de que quieres hacerlo - dijo mirándome fijamente a los ojos, con sus manos aún sujetando ambos lados de mi sujetador.
- John, nunca había querido algo con más ganas que ésto.
Y entonces prosiguió. Estaba flotando en una nube, en nuestra nube particular, mientras todo aquello pasaba.
Por fin llegaba el momento; los dos ya estábamos sobre la cama, sin nada que interrumpiera el contacto de nuestra piel.

**SARAH**

Con calma, Edward levantaba mi camiseta. Una vez me encontré sin ella yo comencé a desabrochar los botones de su camisa completamente blanca, y él terminó de quitársela. Los pantalones también cayeron al suelo con el resto de la ropa. Al fin , ambos estábamos en ropa interior. Pero no queríamos apurar, ninguno de los dos tenía prisa en ver el cuerpo desnudo del otro. En todo caso, el momento iba a llegar esa noche, daba igual cuándo. Sus caricias, sus besos, cada contacto hacía que me estremeciese como nunca lo había hecho. Las canciones seguían sonando y eso hacía que yo aún tuviera más ganas de él, si eso era posible. No sé, pero las letras me inspiraban.
Después de unos minutos de espera, él se separó de mi.
- Bien, ahora va a llegar el momento, ¿estás preparada?
- Del todo - dije muy contenta, con una sonrisa en la cara que lo demostraba.
- Vale.
Entonces fue el comienzo de todo:
Sus manos subieron por mis costados y terminaron en mi sujetador. Lo desabrochó con dulzura y me lo quitó. Todo esto con sus labios sobre los míos, eso nunca faltaba. Palpó hasta abajo y fue bajando también esa parte, al mismo tiempo que yo lo hacía con la suya. Pero yo tenía que ayudarle moviendo la cintura.
Por fin. Yo no estaba nerviosa, me sentía muy segura con él. Nuestros cuerpos estaban en contacto sin ropa de por medio. Era estupendo, me sentía realmente genial. No cambiaría eso por nada del mundo. Lo sentía realmente cerca, podría estar así toda la noche. Y la verdad, eso esperaba hacer. Sus manos ahora iban de arriba a abajo recorriendo todo mi cuerpo, y las sentí donde cualquier chica querría sentirlas. Al menos una en su sano juicio. Mis manos también hacían lo que querían. Iban desde su pelo hasta su cintura y, entonces, lo noté entre mis dedos. ¡Dios mío! ¡Pero qué era aquello! No voy a mentir, era impresionante. ¿Y aquello entraría dentro de mi? ¿En serio? Hombre, tenía un tamaño considerable. ¿Me dolería? Le iba a dar mi virginidad a él, al chico de mis sueños. Quería disfrutarlo lo máximo posible.

**DESSY**
Vale, al principio me había asustado. Cuando noté su pequeño hombrecillo rozando mi zona, normalmente intocable, fue como si un torbellino me atrapara. No podía articular palabra. Lo único que se escapaba de mi boca eran suspiros, y de vez en cuando alguno con sonido incluído. Y eso que aún no había entrado dentro de mi. ¿Qué haría entonces? De momento él aún no había intentado hacerlo, y si lo había hecho no lo consiguió. Pero sin previo aviso ocurrió: él ya estaba dentro de mi. Por supuesto antes de ello, habíamos tomado precauciones.
Una sensación increíble me recorrió el cuerpo de arriba a abajo. ¿Placer? ¿Dolor? Yo creo que todo a la vez. Primero dolió, luego fue agradable, y cuando me acostumbré fue realmente increíble. No podría describirlo con palabras. Entraba y salía muy rápido, casi no podía percibir los momentos en los que estaba casi fuera. Aún así, era suave y John había sido muy dulce a la hora de empezar.
Y sin darme cuenta, pronuncié su nombre en voz alta. Él sonrió y siguió haciéndome sentir de aquella manera tan maravillosa. Pero paró durante unos segundos para hablarme.
- Dessy, no sé si lo sabías, pero ésta es mi primera vez.
¿Yo era la primera vez de John Grimes? ¿Iba aquello en serio? ¡Dios, qué bien me sentía!
- ¿De verdad?
- Completamente.
- Bueno, creo que ya habrás supuesto que ésta también es mi primera vez.
- ¿Ah, sí? Me alegro de ello.
Me miró tiernamente durante unos segundos y luego siguió aquella perfecta fracción de nuestras vidas. Su lengua descendió por mi torso, sus labios me daban pequeños besos a lo largo de él, y su lengua se encontró donde hacía sólo unos instantes había estado su "mini-John". Aunque tan mini no era, pero ya me entendéis.

**SARAH**

Sus labios parecían impacientes por rozar cada parte de mi cuerpo. Bajaban con suavidad por mi cuello, lo cual puede que me hiciera gemir un par de veces, pero nada comparado cuando llegó a mi punto débil. Bueno, el mío y el de cualquiera. Dije su nombre varias veces, alguna de ellas pienso que demasiado alto. Pero John y Dessy no me preocupaban, estarían con su tema. Creo que aquello hizo que Edward se excitara todavía más, porque en un abrir y cerrar de ojos lo noté dentro de mi. Al fin estábamos completamente compenetrados. Se movía rápido y con dulzura. Fue uno de los mejores momentos de toda mi vida. ¿Qué digo? Fue EL MEJOR momento de toda mi vida. En escasos instantes, noté algo más dentro de mi. No le di mucha importancia al principio, pero entonces me acordé: ¡Los preservativos! ¡No habíamos utilizado! Aparté a Edward con brusquedad, lo que le hizo desconcertarse.
- ¡¿Qué...?!
- ¡Edward! - me llevé una mano a la cabeza - ¿No se nos olvida algo?
- Pues... -negó con la cabeza, pero se acabó dando cuenta- oh, oh... ¡mierda!
- Sí, ¡eso es lo que digo yo! Pero en fin, ahora ya está hecho...
- Sarah, ¿te das cuenta de lo grave que es esto?
- Bueno, tranquilo... mañana tomaré la píldora y ya está. No pasa nada...
- ¿Que no pasa nada? ¡¡¿Que no pasa nada?!!
- ¡¡Relájate!! Mira, ahora ya hemos empezado. No hay marcha atrás... - intenté acercarme a él de nuevo para seguir, me sentía bien. No sé por qué, pero mi preocupación había desaparecido. En cambio él se había puesto muy nervioso.
- No, para. No podemos seguir...
- ¿Qué? ¿Por qué? Te he dicho que si me tomo la píldora mañana, no pasará nada.
- ¡Pero me sentiría como el malo de la película!
- ¡Eres idiota, no digas tonterías! ¿El malo de la película?
- ¡Sí, sí! Me siento así. Y no es ninguna tontería.
- ¡Sí lo es! ¡¡Es una completa estupidez!!
- Oh, ¿de verdad? ¿Es una estupidez que me preocupe por ti? Pues si tan estúpido soy, olvídame. Esta noche ha sido un error. ¡¡Un absurdo error, Sarah!!
Mientras decía esto se vestía con rapidez. ¿En error? ¿Eso era yo para él? Las lágrimas cayeron por mis mejillas, no tenía ganas ni de vestirme, así que allí me quedé. Mirando su cuerpo por la que parecía ir a ser a última vez. Cuando terminó giró su cabeza hacia mi y me vio llorar.

**DESSY**

Aquellos besos y el rozar de su lengua me hicieron volver a pronunciar su nombre, y a gemir varias veces. Esos momentos estaban siendo mágicos, como de otro mundo. Cuando subió para volver a besarme, hizo que su "mini-John" volviera a entrar dentro de mi. Sentí algo, un placer indescriptible, y por lo que mis oídos escuchaban, a él le pasaba igual. Él también llegó a decir mi nombre, lo que me hizo sentir realmente bien y me dio más ganas de seguir, más ganas de él. Su hombrecillo seguía moviéndose dentro de mi; arriba, abajo, arriba, abajo. Y así constantemente. Ambos gemíamos, gritábamos sin importarnos qué estarían haciendo en esos momentos Edward y Sarah. ¿Que por qué? Porque nos teníamos mutuamente y era lo único que importaba. Lo noté cansado después de unos minutos. Yo también lo estaba y él debió de darse cuenta porque paró con suavidad. Se tumbó a mi lado y nos tapamos con las sábanas.
- Dessy... quiero que sepas que ha sido el mejor momento de mi vida, y quiero tener muchos más así contigo.
- Oh, John. Yo también me he sentido genial, y espero que ésto se repita, y si puede ser, que sea aún mejor.
Los dos sonreímos y nos acurrucamos el uno junto al otro con cariño. No cambiaría eso por nada en este mundo.

**SARAH**

Edward dio un paso hacia mi. Por un momento parecía ir a disculparse, pero luego retrocedió y se mantuvo firme.
- Y una cosa más, Sarah... Me arrepiento, me arrepiento sinceramente, de haberte ofrecido en bandeja mi virginidad. Me arrepiento de que mi primera vez haya sido contigo.
Sus ojos estaban rojos, parecía que las lágrimas querían brotar pero él no les dejaba. Después de sus palabras comencé a sollozar aún más y un regato de lágrimas recorrió mi cara. Edward corrió escaleras arriba y yo me quedé allí, sola. Me puse mi ropa interior y mi camiseta, y me envolví en una manta. Me acosté, envuelta como en un ovillo de lana, y ya entonces no pude retenerlo más. Rompí a llorar. Sus palabras me habían destrozado.

lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 10.

Cada vez sus labios se movían más rápido y con más energía, chocando con los míos. Sus manos volvieron a bajar hasta mi cintura. No sabía muy bien qué era lo que él quería que pasara. Pero después, de alguna manera, me arrastró hasta estar de nuevo acostados, sus manos entraron por dentro de mis pantalones cortos y comenzaron a bajar ambas cosas. Y fue entonces cuando, no sé por qué, lo frené. Sí, era idiota.
- Edward... - no pude articular más, mi mano derecha estaba sobre su pecho, evitando que se echara hacia delante.
- Oh... - se apartó rápidamente de mi -, lo siento, de verdad...
- No, no lo sientas... Si yo en realidad quiero que pase, pero... creo que aún no estoy preparada.
¿Qué? ¿Cómo pude decir aquello? ¡Si hacia sólo unas horas estaba impaciente por ello!
- Te entiendo... perdón, en serio, me lancé y no pensé en lo que tú podias querer o no querer. - se sentó a mi lado y me besó la frente.
- Te he dicho que no lo sientas, no tienes que pedirme perdón.
- Quiero hacerlo - posó una mano sobre la mía.
- Está bien... - sonreí mirando hacia abajo.
- Es que me he dado cuenta de que contigo nunca es suficiente, Sarah. Da igual el tiempo que pasemos juntos, se me hace corto. Quiero tener más de ti, y por eso ha pasado ésto.
- A mi me pasa igual... - dije desviando la mirada -, si hace unos momentos quería que pasara, y ahora... no sé, lo vi tan cerca que me asusté.
- La próxima vez que lo veas venir, si no estás preparada, dímelo, no esperes a que empiece. No quiero hacerte daño, y no quiero que hagas cosas en contra de tu voluntad.
- Está bien, tendré que poner alerta mis sentidos, entonces.
Los dos reímos a la vez, con ganas de salir de ese incómodo momento. Y entonces alguien llamó a la puerta.
- ¿Sí? - gritó Edward.
- Soy John - dijo una voz desde el otro lado, y la puerta se abrió.
- Hola John - dije. No me había dado cuenta, pero mi pantalón seguía algo más bajo de lo que debería.
- Oops, ¿llego en mal momento? - se había fijado.
- No, no, qué va. Pasa sin problemas - dije colocándomelo bien. Qué embarazoso.
- Bueno, pues venía a ver a la enfermita.
Se acercó a mi y se sentó en el lado contrario de la cama al que estaba Edward.
- No estoy enferma, sois vosotros los que no me dejáis salir de aquí - me quejé, dejando caer las manos sobre la cama.
- Es por tu pie, hoy también dormirás aquí. Bueno, dormiréis. Dessy no se va a quedar sola - respondió Edward con voz dulce.
- Es cierto, pobrecilla, no va a dormir sin nadie a su lado - añadió John, y alzó una ceja. Él también quería algo con Dessy. Algo más de lo que ya tenían. Pero, ¿y Des? ¿Estaba preparada? - Bueno, ya os dejo. - se levantó de la cama.
- Yo también me voy abajo - dijo Edward. Se levantó junto a John y me besó durante un pequeño segundo.
- Eh, yo quiero ir con vosotros, esto es aburrido... - mis quejas eran constantes, pero tenía toda la razón.
- No, no vas a moverte de ahí - replicó Edward señalándome con autoridad.
- Que sí - y comencé a levantarme sin mucha prisa.
- Te he dicho que no, Sarah, en serio - vino hacia mi y me impidió poner los pies en el suelo. O al menos, eso intentó.
- Y yo te he dicho que sí - moví mis piernas y mis pies al fin tocaron tierra.
Edward suspiró y aceptó la derrota.
- Vale, vale, pero apóyate en mi - dijo ofreciéndome uno de sus brazos.
- Puedo yo sola, Edward, por favor - me levanté y comencé a caminar, pero algo me hizo cojear y tener que sentarme de nuevo.
- ¿Qué te dije? Es mejor que te quedes aquí, ahora traeré algo de comer.
- ¡No! Me tratáis como una inválida, he dicho que voy a bajar, y es lo que haré. Estoy harta de no poder moverme de aquí. - me levanté y fui cojeando hasta las escaleras.
- Al menos deja que te ayudemos - dijo John, nervioso.
- Puedo sola - repetí muy seria.
Me apoyé en la barandilla y bajé despacio. No tenía prisa por llegar abajo, y no les iba a dar el placer de tener la razón.
- ¡Hombre, Sarah! Al fin te han dejado salir, ya les dije que te las arreglarías - dijo Dessy secándose las manos con un trapo viejo y lleno de agujeros. Había estado cocinando.
- En realidad no querían. Prácticamente he tenido que salir corriendo para poder venir - miré mal a Edward por el rabillo del ojo.
- Chicos, no es tonta, sabe lo que se hace... - dijo Dessy acercándose a nosotros -. Anda, siéntate en el sofá, ya verás qué rico está lo que te preparé - se dirigió emocionada a la cocina y me trajo lo que siempre hacía mi madre unos años antes.
- Oh, la pasta de mi madre, gracias Dessy - la comencé a comer con mucho entusiasmo.
Pero no estaba a gusto, me miraban todos con una atención fuera de lo normal.
- ¿Qué pasa? - les dije extrañada.
- Es que quiero esperar a tu veredicto - respondió Dessy.
- Estás muy mona comiendo - siguió Edward. Su comentario me hizo sonreír.
- Yo... es que no tengo nada mejor que hacer - dijo John. Y Edward le golpeó el brazo. John se encogió de hombros.
- Pues el veredicto te lo daré cuando termine, Dessy. Edward... - suspiré -, si vas a mirarme siéntate a mi lado. Y John... tú seguro que tienes algo mejor que hacer - hice un movimiento de cabeza hacia Des. Y John lo comprendió a la perfección.
Edward me hizo caso y se sentó a mi lado. Cogió el mando con una mano y la otra la colocó en mi cintura. Fue haciendo "zapping", no había nada interesante para mi gusto. Aunque él lo dejó en Big Brother. Era un estúpido programa al que iban chicas a buscarse alguien para rozarse y chicos aburridos de la vida a buscar entretenimiento para tontos. Oh sí, el concurso ideal. No hice caso y seguí comiendo.
- Oh, Dessy mira, Big Brother - dijo John señalando la televisión.
- ¿Y? - respondió ella, indiferente.
- A mi me gusta... ¿vamos a verlo? - pidió John.
- Yo lo odio - se cruzó de brazos.
- Por favor, por mi - puso ojos de cachorrito degollado.
- Está bien, vamos.
Ambos se sentaron a la izquierda de Edward. Los hermanos observaban la pantalla con atención, mientras Dessy cerraba los ojos en brazos de John y yo terminaba el plato. Quise levantarme a llevarlo a la cocina, pero en cuanto Des se dio cuenta se ofreció para ayudarme.
- ¡Ya voy yo! - corrió hacia mi, prácticamente voló. Ya tenía excusa, debía lavar los platos.
En fin. Me apoyé en el hombro de Edward e intenté echar una siesta. Fue fácil, entré en un sueño profundo de tres horas.
Recordaba haber soñado que los chicos entraban en Big Brother y ocurrían cosas que no me gustaban, no sabía exactamente cuales. Pero cuando salían yo dejaba a Edward. Luego me pregunté: ¿sería yo capaz de hacer eso?
Pero no hice caso y cuando me desperté la televisión ya se había apagado y no había nadie.
- ¿Edward? - grité, pero nada.- ¿John? - nada.- ¿Dessy? - no, no había respuesta.- ¡CHICOS!
No respondía nadie. ¿Qué había pasado? Pero me tranquilicé cuando oí unos pasos por las escaleras. Era Edward.
- Edward, me habéis dado un susto de muerte...
- Anda, ya estás despierta. Fuimos arriba a ensayar, yo vine a ver cómo estabas - me besó la frente, como solía hacer al encontrarse conmigo y al despedirnos.
- Es cierto, el concierto es dentro de cinco días.
- No es que sea algo grande, pero bueno, habrá que hacerlo bien de todos modos - se sentó a mi lado y acomodó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Yo ya no estaba acostada.
- Sí, no querréis que os abucheen... - reí mirando hacia él. Estaba muy mono así.
- No, la verdad es que no - dijo indiferente.
- Oye, ¿te pasa algo?
- ¿A mi? Nada... ¿qué me iba a pasar?
- No sé, te noto algo... distante, por así decirlo.
- ¿No era que te agobiábamos demasiado? - abrió los ojos y me miró con una media sonrisa.
- Pero eso no quiere decir que no me gusten tus mimos... - me arrimé más a él, y puse mi cabeza en sus pectorales.
- Bueno, si te gustan no tienes más que decírmelo, que te los doy - me rodeó con uno de sus brazos y con el otro me levantó la cabeza para que le mirara - Es que no soy adivino.
- Lo sé, pero si no paráis de mirarme entiende que me ponga nerviosa, es normal, ¿no?
- No era sólo eso, también dices que te cuidamos demasiado.
- No no, es que os preocupáis mucho, más de lo que deberíais. Y no es necesario.
- No es necesario pero casi no puedes andar... hm, sí, muy convincente - frunció el ceño, bromista.
- Boh...
- Sarah, entiende que me preocupe. Eres MI chica - y marcó ese mi con mucho énfasis - y no quiero que te pase nada malo, ni siquiera una torcedura de tobillo, ni siquiera un cutre resfriado.
- Pero es que sé cuidar de mi misma, y a veces parece que no.
- Sé que sabes cuidar de ti, pero es mi obligación protegerte.
- No es tu obligación...
- ¡Pues mi deseo! El caso es que quiero que estés bien.
Sonreí. Eso último había sido muy bonito. Me apresuré a besarle durante unos segundos. Noté que él se iba a lanzar como la otra vez, pero ahora no llegó tan lejos, supo apartarse a tiempo.
- Bien, te has controlado - dije riendo.
- Me ha costado - me guiñó un ojo y aparté la mirada, volviendo a apoyar mi cabeza en él.
No sé si él lo hizo, pero yo cerré los ojos y volví a quedarme dormida. Su cuerpo era cómodo. Quizás estaría preparada para "eso" antes de lo previsto.

jueves, 18 de agosto de 2011

Capítulo 9.

A la mañana siguiente noté algo raro en la cama: Edward no estaba; ni Dessy, ni John. ¿Por qué era la única que estaba aún dormida? ¿Qué hora era? Miré el reloj. Las diez de la mañana. Pues no era tan tarde.
De pronto, alguien entró. Era Edward con mi desayuno. Me incorporé en la cama para recibirle.
- ¡Oh! ¿Y esto? - dije mientras esbozaba una gran sonrisa.
- Ya te lo hemos dicho, tienes que descansar el pie - respondió, y dejó la bandeja sobre mis piernas.
- Vamos, es sólo un esguince... ¡no es para tanto!
- Después probaremos a ver si te duele cuando andas. Y hay que mirar tu herida en el brazo, a ver - acercó las manos e mi brazo y fue quitando la exagerada venda con cuidado. Ya casi había cicatrizado. - Oh, está mucho mejor.
- Claro, sólo era un rasguño.
- Un rasguño por el que te chorreaba la sangre.
- Chorrear es demasiado fuerte, sólo goteaba un poquito, ¡eres un exagerado!
- ¡No soy exagerado! ¡Me preocupo por ti! Anda, come el desayuno. Te lo hemos preparado entre todos. - me dio un beso en la frente y se dirigió a la puerta, pero tuve la oportunidad de detenerle.
- Gracias - sonreí con todas mis fuerzas.
Se detuvo en la puerta y se volvió hacia mi.
- No, no tienes que agradecerme nada. Te quiero - me guiñó un ojo y salió por la puerta.
- Te quiero - dije emocionada, sin poder levantar la voz para que me oyera.
Entre mi abundante desayuno estaba: un gran vaso de zumo, un tazón de leche con cacao, unos pocos cereales en un bol, tres tortitas y un sándwich. ¡Madre mía! ¡Querían cebarme!
Comencé por beberme el zumo y cortar el sándwich en dos para comerme una parte. Entonces, Dessy apareció en la puerta.
- No me digas que no te tratamos como una reina - rió y vino a sentarse en mi cama. Bueno, en realidad, la cama de Edward.
- Yo creo que más que como a una reina, como a una invasora del espacio, ni que me tuvierais miedo... ¡no os voy a comer porque no me tratéis así! - después de estas palabras comencé a comer el sándwich y eché la leche en el bol de cereales.
- Yo siempre te he tenido miedo - las dos reimos con ese comentario. La verdad yo era bastante bruta. - Oye, ¿y qué tal con Edward?
- Supongo que igual que tú con John, ¿no? - alcé una ceja.
- Si te va de perlas, entonces sí.
Las dos reímos con esos enfermizos chillidos que parecían píos de pájaro agonizante de la etapa adolescente, que por desgracia era la que nos tocaba vivir.
- Pero qué pregunto, si hasta que ha traído el desayuno y todo... - se mordió el labio inferior, sabía lo que estaba pensando. "Ooooh qué mono es, qué bonita pareja hacen, bla bla bla...".
- Pero se ha pasado... Bueno, os habéis pasado - resalté ese "os" con energía.- No voy a poder comerme todo esto.
- ¡Oído, cocina! - y se comenzó a comer una de las tortitas.
- ¡Eso, tú ayúdame! Parece que queréis cebarme... ahora sé que tú no eres el cerebro de la operación "convertir a Sarah en una cerdita".
- Ese nombre de operación es muy cutre - repuso mordiendo la tortita, a cual había derramado dos gotas sobre la cama.
- Dessy... Mira qué has hecho... - dije señalando la mancha de caramelo.
- ¡Oops! - exclamó levantándose de un sobresalto.
- ¡Hola, chicas! ¿Qué tal va tu pie, Sarah? - John apareció de improvisto.
- ¡Oh, hola John! Pues muy bien, gracias. ¿Un trozo de sándwich? - dije acercándole la otra mitad que quedaba.
- Si insistes... - se acercó a cogerlo y entonces observó la mancha.
- ¿Y ésto? - dijo riendo.
- ¡Ha sido ella, ha sido ella! - gritó Dessy señalándome como la culpable.
- ¿Perdona? - repliqué indignada.
- Eh eh, chicas, no importa. Deberíais saber ya que no somos demasiado pulcros... además, es la cama de Edward. ¿Os creeis que me voy a enfadar?
- Hombre... no sé - dijo Dessy algo preocupada todavía por si su querido amor cambiaba de opinión.
- Quiero que quede claro - añadí - que ha sido Dessy.
- Vale vale, lo admito, ¡no me pegues! - exclamó adoptando la posición "armadillo" de cuando éramos pequeñas.
- No voy a pegarte - dijo John, extrañado.
- ¡Lo digo por ella!
John y yo reímos a la vez, y se nos acabó uniendo Dessy también.
- ¿Y...?
- ¿Edward? - me interrumpió John, riendo - Está recogiendo todo, no veas el desastre que montamos haciéndote este pedazo desayuno.
- Pues ahora me da pena no terminarlo, pero con todo esto... - dije acabándome la última tortita - ya estoy bastante llena.
- Lo comprendo, ya dije yo que era demasiado... - dijo él llevándose una mano al pelo, revolviendo éste con suavidad.
- Lo siento pero, ¿puedes llevarte el resto abajo? Y dile a Edward que cuando pueda que suba - cogí la bandeja en brazos y se la di.
- Espera, que cojo el tazón con cereales, por si acaso se cae - dijo Dessy agarrando éste.
- Yo le aviso, vamos - John salió por la puerta después de dejarle paso a Dessy y yo esperé allí, volviéndome a acostar, ya que no querían que me pusiera en pie sola por nada del mundo.
Miraba por la ventana, observando el bonito cielo azul y sus nubes blancas, que hacían formas extrañas, y comencé a buscarles sentido, sin mucho éxito a decir verdad.
Después de... bueno, no había contado los minutos, para qué mentir, pero no llegaba ni a los dos; Edward se acercó a mi y se sentó en la cama.
- Hola - sonrió y se inclinó para besarme con dulzura -. John me ha dicho que querías verme.
- En realidad quería que me hicieras compañía un rato... - noté como enrojecían las mejillas y mis labios iban poco a poco esbozando una sonrisa.
- Pues no te preocupes, que si hace falta te haré compañía todo el día.
- Tendrás que ensayar, ¿no? El concierto que os ha preparado Liam es importante.
- No más importante que tú.
Volvió a acercarse a mi y nuestros labios se encontraron. Esta vez duraba más que antes. No se separaba, y yo tampoco iba a hacerlo, no estaba loca. Cada una de sus manos estaba a uno de los lados de mi cuerpo. Después de un rato, sus piernas subieron a la cama y quedaron una a cada lado de mi. Mis manos habían subido hasta su cuello y lo acariciaban con suavidad. Él pasó de apoyarse con las manos a los codos, y sus rodillas ya no estaban flexionadas, por lo que nuestros cuerpos ya estarían completamente en contacto de no ser por aquellas sábanas que aún me tapaban. Nuestras lenguas chocaban, y cada vez que lo hacían varias chispas parecían estallar dentro de mi boca. ¿Provocaría yo el mismo efecto en él? Era difícil. En un pequeño instante, él llegó a morder muy suavemente mi labio inferior, lo que hizo que me estremeciera. Después de esto se separó unos centímetros de mi.
- ¿No te parece que estas sábanas son incómodas?
- Un poquito... - dije arrastrándome hacia atrás para apoyar mi espalda en el cabecero de la cama.
Él las retiró, las echó al suelo sin ningún reparo. Ahora estaba de nuevo sobre sus rodillas y se había pegado a mi. Sus manos tocaban los costados de mi cintura, y poco a poco iban subiendo por debajo de mi camiseta, pero nunca llegaban demasiado arriba. No, él era un chico decente. Pero notaba que en mi inconsciente quería que él llegara a más, que fuera él y no yo el que diera el paso. Mis terminaciones nerviosas estaban alerta, en cualquier momento pasaría. O no. Pero nunca se sabía, era algo impredecible. Entonces, sus manos subieron más que la última vez, haciendo que se me erizara el vello de la nuca. Sus labios acariciaban los míos, nuestras lenguas bailaban juntas, todo era un sueño. Un maravilloso sueño. Siguió subiendo más y más sus manos a través de mi espalda, hasta llegar a la altura del sujetador. No sería capaz. ¿O sí?

miércoles, 17 de agosto de 2011

Capítulo 8.

Habíamos esperado ya media hora, la que se suponía que iba a tardar la pizza, y estábamos impacientes porque sonara el timbre; pero nada.
Los cuatro estábamos acurrucados en el sofá, en las mismas posiciones que cuando habíamos visto la película, si todavía os acordáis.
- ¿Tienes mucha hambre? - dijo Edward acariciándome la mejilla.
- Bastante... pero bueno, no importa, esperaré... - le miré sonriendo, con una mano en mi estómago, que comenzaba a rugir de nuevo.
- Está bien - me acomodó haciéndome encajar mejor con su cuerpo, y yo me dejé llevar.
Diez minutos después, por fin el timbre sonó y yo me levanté. Abrí al puerta y me encontré a un repartidor bastante guapo, tenía pinta de ser de la edad de John y Edward.
- Hola, aquí tienes la pizza.
- Oh, gracias - la cogí en brazos y en seguida apareció Edward por detrás para ayudarme.
- Trae, yo te ayudo - la cogió y la llevó a la cocina, que no estaba lejos de la puerta.
Mientras buscaba el dinero en mi bolsillo, el chico dijo:
- ¿Es tu novio? - se rió irónicamente.
- S... sí. ¿Por? ¿Qué pasa? - fruncí el ceño, extrañada.
- Que es una pena que malgastes el tiempo con él...
Indignada, le di el dinero rápidamente y di un portazo. ¡¿Pero quién se había creído?!
Edward lo oyó todo. Lo sabía porque después del portazo se acercó a de nuevo a la entrada, abrió la puerta y gritó:
- ¡¡Ella está encantada de malgastar su tiempo conmigo, imbécil!!
Volvió a cerrar la puerta bruscamente.
- Capullo... ¿quién se ha creído? - dijo por lo bajo.
- ¡Eh, eh! ¡No me he enterado de nada! ¿Qué ha pasado? - protestó John, y Dessy también desvió la mirada hacia nosotros.
- Ese repartidor intentaba ligar con Sarah...
- ¡Oooooh! Hermanito, yo que tú iba allí y le daba una lección. Si quieres te acompaño - John se levantó a lo superhéroe y Dessy se rió. En realidad, todos nos reímos.
- No hace falta chicos, de verdad, si yo no le hice caso.
Edward se giró hacia mi y puso sus manos en mi cintura.
- Entiende que no me hace gracia que un tipo como ese te diga esas cosas, Sarah...
- Lo sé, lo sé... - le rodee el cuello y le di un pequeño beso, muy corto - Pero no te preocupes, que sólo tengo ojos para ti.
- Eso espero - me besó la frente y después apartó sus manos de mi para dirigirse a la pizza.
La cogió con sumo cuidado, despacio, para que no se cayera ni se rompiera por donde no debía.
- Esto hace que yo tenga celos, ahora estamos empatados - le guiñé un ojo.
- ¿Estás celosa de una pizza? - rió sin poder contenerse, mientras intentaba cortarla con mucho cariño.
- ¡Pues sí! ¿No ves qué bien la tratas? - John y Dessy se habían levantado y se rieron de mi comentario.
- ¡Es que es cierto, Edward! ¡Te parecerá bonito! - dijo Dessy dándole un golpecito en el brazo.
- Oh por favor, siento haber intentado engañarte con un pan redondo cubierto de tomate y queso.
- Así me gusta, lo mínimo son unas disculpas - le agarré una mejilla como lo haría una buena abuela.
Nos repartió un trozo grande a cada uno. Como las buenas parejitas, éstas tan monas que salen en las películas, nos dábamos de comer mutuamente. Fue divertido, y bonito, muy bonito. En una de éstas, Edward avisó a John:
- ¡John, John! - y le tiró un trozo por el aire para que lo cogiera. ¡Y lo hizo! Eran unos artistas.
- ¿No soy el mejor? - fardó John, con humor.
- Lo eres, lo eres - dijo Dessy con seguridad, lanzándole otro trozo de pizza, el cual también cogió, y alzó los brazos mientras tragaba en señal de victoria.
- ¡Victorious! - gritó Edward guiñando un ojo y abriendo la boca con felicidad. Todos nos reímos.
Después cada uno terminó tranquilo lo que le quedaba por terminar, y dejamos el resto de la pizza en la nevera.
- Mañana pizza para desayunar, chicos - dijo John mientras cerraba la puerta del frigorífico.
- ¡Noooo! - solté yo, lamentándome de no habérmela terminado yo toda.
- Bueno, son... - Dessy miró el reloj - las diez de la noche y estamos en casa de unos gemelos famosos - me miró sonriente - ¿qué podemos hacer?
- Hm... pues no lo sé, ¿qué tal si venís a nuestra habitación, hacemos un poco el tonto y luego cuando queráis os vais a la vuestra? - propuso Edward.
- ¿Por qué no? Por mi perfecto - dije satisfecha.
- Guay. Venga vamos - Dessy se arrimó a John y subieron delante de nosotros.
Edward me puso una mano en el hombro y me besó en la mejilla mientras subíamos las escaleras. Una vez arriba, en su habitación, ellos se pusieron a saltar en las camas. Dessy y yo nos quedamos mirando, pero en seguida bajaron y nos hicieron subir con ellos. Saltamos como si estuviéramos en una colchoneta elástica, ellos iban de una cama a otra, pero nosotras aún no habíamos probado.
En una de las veces que cambiaron de cama, nos animaron:
- ¡Vamos, Sarah! ¡Venga, tú puedes! - gritó Edward haciendo gestos con la mano.
- ¡Dessy, no pasa nada! ¡Anímate! - dijo John mientras no paraba de saltar.
Dessy y yo nos miramos algo asustadas, pero sonreímos y saltamos a la vez. Pero yo cometí un pequeño error: el primer pie que apoyé estaba demasiado cerca del borde de la cama y me resbalé, y de alguna manera me golpee el hombro con su mesilla de noche. Iba en manga corta, por lo que me hice, no sé como, un corte bastante grande con la esquina, y comenzó a sangrar bastante.
- ¡Sarah, Sarah! - Edward paró de saltar y bajó de la cama para ayudarme. John y Dessy también bajaron y me miraron preocupados - ¿Estás bien?
- Creo que sí - intenté incorporarme de nuevo, pero también me había torcido el tobillo.
- No, no te muevas, espera - Edward me cogió en brazos con un poco de dificultad y me tumbó en su cama cuidadosamente. En seguida se dio cuenta de mi herida en el brazo - ¡Oh, te sangra el brazo! John, trae una venda, por favor.
- ¡Sí, en seguida! - John se dirigió a un cajón y cogió un pequeño trozo de venda.
- Pero si con una tirita me vale... - dije riendo.
- Las que tenemos son demasiado pequeñas para esto... - me tocó la herida y me estremecí, me dolía un poco.
John trajo la venda y quiso ponérmela, pero Edward se la quitó. Quería hacerlo él mismo.
- Sólo le daré una vuelta, tampoco seré exagerado. Mañana vemos qué tal te va la herida - dijo mientras me colocaba la venda alrededor del brazo.
- Está bien - sonreí y miré cómo lo hacía. Era un amor, y muy dulce cuando quería. Más bien, siempre.
Dessy nos observaba sentada en la cama de John, al igual que éste, con cara de 'oh, qué monos'.
Cuando terminó me besó la frente con cuidado.
- Descansa el pie, no queremos muletas en casa - otra de las bromas de John.
- Tranquilo, no haré que os entre una plaga de bastones metálicos en casa - lo miré y sonreí irónica.
- Creo que por hoy se acabaron los saltos - dijo Dessy, la cual se levantó y vino a darme un beso en la mejilla. Era muy cariñosa conmigo. Después se volvió a sentar con John, y éste le puso una mano el brazo, acariciándolo.
Al final los chicos acordaron que nos quedáramos a dormir en su habitación para que yo hiciera el menor esfuerzo posible con el pie dañado y que Dessy no durmiera sola.
Edward se acurrucó a mi lado y John y Dessy se abrazaron para dormir. Edward había pasado un brazo sobre mi y colocó su mano encima de mi herida. Nuestras cabezas quedaron pegadas. Yo daba muchas vueltas intentando conciliar el sueño, así que terminamos durmiendo frente contra frente. Y antes de quedarme dormida, desee que ese momento no terminara nunca.

domingo, 14 de agosto de 2011

Capítulo 7.

Mi cerebro no respondía a estímulos. Durante unos minutos seguimos igual, quizás cambiando un poco de postura, pero no nos separamos ni un sólo milímetro. Él posó una mano en mi cintura y la otra la dejó donde había estado desde el comienzo de nuestro beso: en mi pelo, jugueteando con él. Sus labios eran húmedos, seguía su fina línea con mi lengua de vez en cuando. Una de mis manos estaba en su pecho y la otra en su rodilla. Estaba a miles de quilómetros lejos de la Tierra, parecía que estábamos flotando por el espacio, sin rumbo alguno, sólo nosotros, sólo preocupados de hacer que nuestras lenguas y labios encajaran perfectamente.
Cinco minutos, diez, quince. No podía separarme de él, aunque me veía obligada de vez en cuando para coger aire. Cuando ésto mismo lo hacía él, su aliento entraba en contacto con mi piel, era algo fuera de lo normal, jamás me había sentido así con nadie.
Os resultará raro, peor fui yo la que paró:
- Edward - dije alejándome unos centímetros -, te quiero.
Él sonrió y volvió a pegar sus labios a los míos, esta vez por un corto espacio de tiempo.
- Yo también te quiero, no te imaginas cuánto - dijo apartándome un mechón de pelo de la cara, y lo colocó detrás de mi oreja. - Vamos a ver a John y Dessy, a ver qué hacen - rió y me cogió la mano para levantarme con él.
Después de salir del "armario de antigüedades", Edward colocó una mano en mi cintura de nuevo. Caminaba muy cerca de mi, parecía tener miedo de perderme durante un sólo segundo. A mi me pasaba lo mismo.
Cuando llegamos al salón, encontramos a John y Dessy muy acaramelados sobre el sofá; él tenía una mano jugando con su pelo, y la de ella acariciaba la rodilla de John. ¿Qué me había perdido? Algo interesante seguro. Edward sonrió y me hizo un gesto para mantenerme callada. Entonces él tosió de repente.
- Hola, tortolitos.
- ¿Tortolitos nosotros? ¿Te recuerdo en la posición que te encontré con Sarah?
Me sonrojé. Mucho. Notaba ya el ardor de mis mejillas.
- Y bien orgulloso que estoy de ello.
En ese momento su mano me apretó más contra él, y yo, con seguridad y a la vez temblorosa, pasé mi brazo tras su espalda.
Dessy me miró sonriente, muy contenta de al fin verme bien con el que ella sabía que era el único al que quería.
- Enhorabuena, Sarita - dijo levantándose del sofá con John.
- Igualmente, Des - le guiñé un ojo y ella rió.
La nueva pareja adoptó nuestra misma posición. Todo era muy raro, pero a la vez bonito.
- Bueno... veo que eres un fiera, hermanito. Por cierto, ¿qué estabas buscando? ¿No serían...? - y John lo interrumpió.
- Eh eh, frena el carro. No eran esas cosas, no. Quería enseñarle a Dessy el viejo micrófono de papá.
- Oh, vale vale. Siento haberme adelantado, supongo que pienso con demasiada rapidez para ti.
- Muy gracioso - sonrió irónicamente.
- Oye - dije mirando mi reloj de pulsera -, ¿no creeis que es un poco tarde? Deberíamos de cenar ya...
En realidad, no eran más de las ocho y media de la tarde, pero mi estómago rugía con fuerza. Incluso Edward lo llegó a notar, porque vi que en una ocasión, bajando las escaleras, miró mi barriga y rió ligeramente.
- ¿Pedimos una pizza? - sugirió Dessy.
- Por mi estupendo - dije encogiéndome de hombros -. ¿Qué piensas tú? - miré a Edward.
- Como vosotras queráis... - miró a su hermano, esperando un ultimátum.
- Yo la pido - dijo éste dirigiéndose al teléfono -, ¿de qué la queréis?
- Pide la "Jedward special" - le guiñé un ojo y reí, al igual que el resto.
- Eso está hecho - entonces descolgó el teléfono y marcó el número de la pizzería más cercana.
________________________________________________________________________________
- ...
- Hola, quería encargar una pizza.
- ...
- ¿Tienen la "Jedward special"? - se volvió hacia nosotros y nos guiñó un ojo.
- ...
- ¿Ah, sí? ¡Estupendo! Pues traiga una tamaño familiar.
- ...
- Muy bien, gracias.
- ...
- Adiós.
_______________________________________________________________________________
- En media hora la tenemos - se frotó las manos y se relamió. La pizza lo merecía.
- Oh... ¡jolín! ¡Yo tengo hambre! - crucé los brazos y puse morros. Media hora era demasiado.
- Yo te puedo quitar el hambre hasta que llegue la pizza - Edward me guiñó un ojo y se me escapó una risita nerviosa. Parecía imbécil.
- Yo también tengo hambre, pero en fin, habrá que esperar... - Dessy se resignó y volvió a sentarse.
John se puso de cuclillas delante de ella y posó las manos en sus rodillas.
- Aquí estoy para lo que necesites - alzó una ceja y sonrió.
¿Acaso hoy era el día de los subiditos? Pero esa faceta de Edward, había que admitirlo, me encantaba. Era más travieso, y no me resistía a él. Y Dessy, al parecer, tampoco se resistía a John. ¿Por qué hacerlo? A veces era bueno caer en la tentación.



sábado, 13 de agosto de 2011

Capítulo 6.

Mientras escuchaba la canción un montón de pensamientos se me pasaban por la cabeza: ¿Le gusto? ¿Me gusta? ¿Me quiere de verdad como algo más que una amiga? ¿Quiero yo que demos un paso más? ¿Qué hago sentada aquí escuchándole con los músculos paralizados? ¿He acabado enamorándome de mi ídolo?
- ¡Oh! ¡Ha estado genial, chicos! - dijo Dessy de repente.
Me asusté y di un respingo. No había estado muy atenta a la canción, pues tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Me di cuenta de que Edward me miraba fijamente, ni apartaba la vista de mi. Debía estar esperando una buena reacción.
- Me ha encantado, sois estupendos - sonreí muy ampliamente hacia John y luego desvié los ojos hacia Edward.
- Gracias, Sarah - respondió Edward muy contento, dejando la guitarra a un lado del sofá. - Por cierto, querría hablar contigo un momento... - en ese momento miró a John - a solas.
- Ya nos vamos... - dijo John levantándose del sofá intentando disimular una sonrisa - Vamos, Dessy.
En cuanto salieron por la puerta, Edward hizo un movimiento de mano golpeando el sofá. ¿Quería decir que me acercara? De todos modos me senté a su lado.
- Bueno, ¿de qué querías hablarme?
- Pues... verás... hace un tiempo que quería decírtelo. Mira, cuando llegasteis eras mi amiga, te quería, te veía como una hermana.
- Yo a ti también te... quería, y lo sigo haciendo... - estaba un poco nerviosa. ¿Qué digo de un poco? Estaba muy, muy nerviosa.
- Lo sé - dijo poniéndome una mano en el hombro, y luego sonrió -. Pero yo ahora... te quiero más allá de...
Un ruido en la puerta interrumpió sus palabras.
- Edward, ¿sabes dónde...?
- ¡Ahora no, John! - su mirada pareció atravesar a su hermano como una bala.
- Vale, vale... lo siento, ya lo buscaré yo. - entonces desapareció detrás de la puerta y la cerró.
- A ver... - Edward intentó volver a concentrarse de nuevo en lo que quería decirme -, el caso es... que ahora te quiero más que antes. Pero no sólo como amiga...
Esas palabras me helaron la sangre. No podía ir en serio.
- ¿Sarah?
- Sí... es que... perdona... te estaba escuchando, pero no sé qué responderte... - solté una risa nerviosa y agaché la cabeza, entonces él rió conmigo.
- Lo entiendo...
- Pero... para ser sincera, yo pienso lo mismo... - le miré a los ojos, aunque me costó lo suyo, y sonreí.
- ¿Ah, s-sí? - me miró con los ojos muy abiertos, pero se le veía contento -, no me lo esperaba.
- Pues sí... - me reí nerviosa, mis manos temblaban y tenía la piel de gallina.
- Me alegra mucho saberlo...
Se acercó un poco más a mi y pasó una mano por mi pelo con delicadeza y suavidad. Me sonrojé y también me acerqué unos centímetros a él. Todo pasó tan rápido... Nuestros labios casi se tocaban, estaban a milímetros, pero entonces John hizo su aparición triunfal otra vez, haciendo que Edward se alejara unos centímetros de mi. Pero eso no hizo que apartara sus manos de mi.
- Edward, ahora en serio, no encuentro el... oh, ¿interrumpo algo?
- La verdad es que sí... - dijo él, con una sonrisa irónica.
- Pues lo siento... ya me voy, que yo también estoy ocupado - guiñó un ojo y se volvió a ir, dejándonos solos.
- Siempre en los momentos más oportunos... - dije rodando los ojos. Estaba muy feliz.
- No te equivocas...
Volvió a acercarse a mi y esta vez nuestras bocas sí se encontraron, produciendo dentro de mi una gran explosión de sensaciones. Nuestras lenguas jugaban, bailaban a su propio ritmo, iban coordinadas. A mi alrededor la temperatura aumentaba, ya no existía nada más. Me olvidé de todo y simplemente disfruté del momento, cosa que no solía hacer, pero aquello lo merecía.

viernes, 12 de agosto de 2011

Capítulo 5.

Las palomitas estaban entre Dessy y yo. Cada vez que Edward quería, tenía que extender su brazo por delante de mi, y eso me hacía estar aún más nerviosa. ¿Pero por qué me pasaba aquello? Era totalmente absurdo. Aunque a Dessy también la notaba algo rara, había veces que rozaba su brazo con el mío y lo notaba tembloroso. Yo sabía que ella también sentía algo hacia John, pero esa tarde parecía que todo iba a dar un giro inesperado, por lo menos para mi. Cada vez notaba a Edward más cerca, notaba que él se arrimaba más y más, aunque yo no me resistía, claro. En las escenas más divertidas todos nos reíamos y comentábamos en alto, pero en las más empalagosas, Edward acariciaba mi hombro con la mano que había posado en él al comienzo de la película. Eso hacía que hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobrara vida propia, todo era tan extraño... Tenía la sensación de querer más de él, pero no poder conseguirlo por miedo. ¿Miedo a qué? Pues a perder su amistad, a asustarle,... a muchas cosas. Hubo un momento en el que mi corazón aceleró a un ritmo desenfrenado y mi mente no conseguía pensar con claridad: en la escena más romántica de toda la película el brazo de Edward me rodeó y me acercó más a él, su mano en ese momento se acercó a la posición de mi corazón, y esto hizo que mi cabeza se apoyara en su hombro. Mi cerebro no conseguía responder a nada, y el vello de todo mi cuerpo se erizó por completo. ¿Eran esas señales intencionadas? Eso empezaba a desquiciarme.
Cuando la película terminó y comenzaron los créditos, nadie se movió de su sitio. Dessy había subido los pies al sofá, estaba cabeza con cabeza con John y una de sus manos agarraba la de él. Y fue entonces cuando me di cuenta de mi posición: mi cabeza estaba apoyada en el hombro de Edward, el brazo que me rodeaba hacía que su mano se entrelazara con una de las mías, y mi otra mano se había acomodado sobre una de las rodillas de Edward. Todos seguíamos sin movernos. Yo me sentía un poco incómoda, pero a la vez muy a gusto. Cuando terminaron los créditos y apareció en la pantalla el menú inicial, al fin John se levantó, haciendo que Dessy cambiara su postura.
- Después de todo, la idea de Edward de ver una película de este tipo no ha sido tan mala - sonrió hacia su hermano, y éste le devolvió el gesto.
Cuando John se fijó en nuestra posición soltó una pequeña risa y quitó el disco del DVD. Ésto hizo que Edward y yo nos separáramos un poco, pero no demasiado, ya que él no lo permitía.
- No ha estado nada mal... - dije un tanto avergonzada.
Dessy también nos miró y rió al igual que John. ¿No se habían dado cuenta de que ellos parecían una parejita de cuento?
- Se os veía muy... a gusto - dijo Edward mirando a John y luego a Dessy, con una sonrisa un tanto traviesa.
- Lo mismo te digo - añadió Dessy, alzando una ceja sonriente.
Habíamos montado nuestro cine particular, así que tuve que ir a abrir las persianas. Pero no fue tan buena idea, ya que todos cerraron los ojos e hicieron una mueca de dolor, incluída yo.
Sonó el teléfono. ¿Quién sería?
- Como siempre, voy yo - dije, riendo después. Me acerqué al teléfono y descolgué.
________________________________________________________________________________
- ¿Diga?
- Sarah, soy Liam, otra vez - se oyó una risa al otro lado del teléfono.
- Ah, hola Liam.
- Hola. Quería avisar a los chicos de que les he conseguido un concierto en un famoso local de la ciudad dentro de una semana. Acude mucha gente. No es lo que están acostumbrados a tener, es mucho menos, pero ganarán algo de dinero. ¿Les avisas tú?
- Claro, yo me encargo. No te preocupes.
- Muy bien, pues hasta otra.
- Adiós.
________________________________________________________________________________
- ¿Quién era? - preguntó Edward impaciente.
- Era Liam, os ha conseguido un concierto dentro de una semana en un local de la ciudad. Es algo informal, no irá mucha gente.
- ¿En qué local?
- No sé, no me ha dicho el nombre, se le habrá pasado.
- No importa - intervino John -, ahora no importante es ensayar. Podemos aprovechar para enseñarles a las chicas el estudio. En todo este tiempo aún no lo han visto.
- ¿Tenéis un estudio y nosotras sin saberlo? - dijo Dessy, haciéndose la ofendida.
- ¿Algo que objetar? - dijo John, mirándola con los ojos muy abiertas y las dos cejas levantadas.
- No... - Dessy se retiró un poco hacia atrás, pero estaban los dos de broma.
Así que los chicos nos llevaron al piso de arriba y paramos delante de la puerta donde estaba grabado "armario antiguo".
- ¿En serio? - dije escéptica, mirando a Edward, alzando una ceja.
Él rió y abrió la puerta, dejándonos paso a los tres, y a continuación entró él.
- John, haz los honores.
- Encantado - John se adelantó hasta el fondo del armario, donde había unas cortinas que parecían tapar sólo una pared. Pero en cuanto las abrió, vimos que en realidad había dos puertas enormes, y unos segundos después descubrimos que daban paso a un enorme y lujoso estudio.
- ¡Wow! - exclamamos Dessy y yo a la vez. La verdad, era increíble.
- Bonito, ¿eh? - dijo Edward pasando por delante de nosotras mientras nos guiñaba un ojo.
- ¡Es alucinante! - grité emocionada.
- ¡Chicas! Sentáos aquí - John nos acercó dos taburetes altos con asientos de cuero rojo y nos acomodamos en ellos. Los chicos, al contrario, se sentaron en el que debería ser su sitio de siempre, un sofá enorme negro, de terciopelo. Cada uno logró alcanzar una guitarra.
- No sabía que supiéseis tocar... - dijo Dessy mirándolos perpleja.
- Bueno, sólo un poco... - respondió John, mirando a Edward.
Entonces comenzaron a tocar y a cantar "Hold the world". Era una de mis canciones preferidas, y según me había dicho, también de Dessy.
Mi asiento estaba delante de Edward y él me había mirado un par de veces con esos ojos tan dulces y penetrantes. Sentía que estábamos sólo nosotros y que me cantaba sólo a mi. ¡Pero yo no quería que me pasara eso! ¡Él era mi amigo! Aunque tal vez, sólo tal vez, mi subconsciente no estuviera de acuerdo.

Capítulo 4.

Bajamos juntos, riéndonos de lo estúpida que había sido la situación. En cuanto Dessy y John nos vieron, a los dos pareció envolverles la alegría.
- ¡Hombre, ya era hora! - John le dió una palmadita a Edward en el hombro - ¿Quién ha sido el considerado que ha empezado a pedir disculpas?
Levanté la mano sonriente, y noté cómo las mejillas se me enrojecían un poco.
- He sido yo.
- Pero yo también me he disculpado, John... - dijo Edward, rodando los ojos.
- Te creo... Pero aún así, podías haber empezado tú.
- Bueno, ya está, lo importante es que lo han arreglado - Dessy vino a mi lado y me abrazó por la cintura, sonriéndome con alegría.
- ¡Cierto! ¿Vamos a comer? - gritó John con entusiasmo. La verdad, yo tenía hambre.
- Hm... ¿qué os parece si hacemos sushi casero? - le guiñé un ojo a Edward y él rió.
- ¡Por mi estupendo! - dijo Edward.
Seguidamente me puso una mano en el hombro y me miró irónico:
- ¿Lo prepararás tú? Así saldría más rico...
- ¿Yo? - reí levemente y bajé la mirada - Tendrías que ayudarme un poquito...
- Bueno, si es sólo un poquito, supongo que podré esforzarme.
Todos reímos juntos, y después de unos minutos buscando los ingredientes nos pusimos manos a la obra. Yo cortaba el pescado con Edward, y Dessy preparaba el arroz junto a John. Tardamos bastante tiempo en prepararlo, era un plato bastante complicado. Pero una vez hecho, tardamos mucho menos en comerlo. No por fardar, pero nos había salido genial.
- Ya te dije que si lo preparabas tú estaría delicioso. - Edward me miró con ojos tiernos. Me encantaba cuando hacía eso.
- Yo sólo me he encargado de cortar, en realidad el mérito es de John y Dessy - los miré mientras masticaba el riquísimo pescado crudo.
- ¡Por supuesto que el mérito es nuestro! - respondió John, bromeando.
- Y nadie nos lo va a quitar - añadió Dessy apuntándome con los palillos. Parecía que se empezaba a soltar un poco.
Levanté las manos, como quitándome la culpa de algo, y negué con la cabeza. Seguimos comiendo y hablando de chorradas. De vez en cuando el sushi salía volando por encima de la mesa y llegaba a parar en el tupé o la cara de alguno de los gemelos. Fue una comida divertida, había que reconocerlo, y no destrozamos la cocina ni un poquito. Eso sí, la mesa no se libró de buen sushi esparcido por su superficie.
- Bueno, ¿y qué haremos por la tarde? - dije entusiasmada, terminando mi bebida.
- ¿No vas a ponerte a limpiar? - dijo John, con tono burlón.
- Bah, qué más da. Ya lo haremos, ¿no? - me encogí de hombros, riendo.
Edward me miró perplejo, pero a la vez estaba contento. Ahora ya no teníamos por qué discutir, yo ya no mandaría tanto en ellos como antes. Las palabras de Edward, el modo en el que miró, hizo que me sintiera mejor y renovada. La verdad, mi corazón se aceleraba cada vez que hablábamos, ¿pero por qué?  Yo no quería enamorarme, yo quería ser su amiga, y ya está. Era a lo que aspiraba cuando era su fan y aún estaba tan lejos de ellos. Sólo quería que me siguieran en Twitter, tener una foto con ellos, y con mucha suerte, llegar a ser su amiga. ¿Pero enamorarme? No, para nada. En cambio, me estaba pasando. Pero sabía que yo a él nunca le gustaría, me veía como una hermana pequeña.
- A mi hoy no me apetece salir... ¿qué tal si nos quedamos en casa y vemos una película? - dijo Edward mientras se levantaba de su silla y cogía sus cosas para llevarlas al fregadero.
- ¿Y qué película? - preguntó Dessy imitándole, también levantándose de su asiento.
- Pues no sé... una bonita - dijo esto mirándome durante unos segundos, y rápidamente desvió la mirada.
¿Una bonita? ¿Quería decir con eso "romántica"? ¿Le había entrado la vena... femenina? Era extraño, normalmente no era de eso. Pero en fin, por un día supongo que no pasaría nada.
Nos pasamos una larga hora intentando elegir una película y haciendo palomitas, preparando bebidas, y demás cosas. Al final todos nos decidimos por una bastante empalagosa pero con un toque humorístico, o eso parecía. John se encargó de ponerla en marcha mientras los demás elegimos nuestro sitio en el sofá. Edward se había colocado a la derecha del todo y yo me senté a su lado. A mi izquierda estaba Dessy y a su lado se encontraba John. Las posiciones perfectas, al menos para mi gusto, y Dessy seguramente pensaría lo mismo. El brazo de Edward ya estaba sobre mis hombros antes de que comenzara la película. ¿Estaba más cómodo? ¿Quería decirme algo con eso? Estaba bastante confusa, la verdad. No sabía qué pensar. No era que me molestara, pero... era raro. La película comenzaba, y mi mente y corazón empezaban también a funcionar a un ritmo enfermizo.


jueves, 11 de agosto de 2011

Capítulo 3.

En cuanto bajamos a recibir a los padres de John y Edward, ellos vinieron hacia nosotras.
- Conque vosotras sois las chicas... es la primera vez que os veo. Tú debes de ser Sarah - dijo su madre, mirándome con una gran sonrisa en la cara.
- Así es. Encantada de conocerla, señora Grimes - le estreché la mano con un amplio movimiento. Tenía las manos sudorosas, pero era una mujer en forma, se le notaba.
- Y tú, entonces, eres Dessy - dijo ahora volviéndose hacia mi mejor amiga. Se estrecharon las manos también y a continuación nos saludo el señor Grimes. Él no era tan impulsivo como su esposa, pero era una persona amable.
- Chicos - comenzó su madre, mirándoles seria -, tenéis suerte de que estas chicas vivan con vosotros, mirad cómo está la casa. Estoy segura de que si no fuera por ellas la tendríais hecha un desastre.
Los cuatro nos miramos y por un momento soltamos una pequeña risa, pero a Edward pronto se le pasó. No se olvidaba de lo que había hecho yo esa mañana.
- ¿Os parece bien que comamos juntos? - propuso el padre de los chicos, mirándonos a todos.
- Por mi genial - dijo Dessy.
- Igualmente - añadí yo, sonriendo forzadamente.
- Oh, ¿en serio? - protestó John, con una mirada cansada. Pobres padres, no debían sentirse muy bien cuando sus hijos decían eso. - Yo hoy quería comer con Edward y las chicas fuera de casa...
En ese momento, Edward lo fulminó con la mirada. ¿Qué le pasaba? El hecho de estar enfadado conmigo no le daba derecho a desplazarse de su hermano ni de Dessy.
- Sí... bueno... lo habíamos pensado, pero estando mamá y papá... - Edward parecía nervioso.
- Ya, Edward, pero a mamá y papá llevamos viéndolos desde que nacimos... - dijo John con un toque de humor. Hasta sus padres se rieron.
- Pero ya que están aquí podríamos comer con ellos...- esa vez, Edward habló entre dientes y le dió un golpecito a su hermano en el brazo con el codo.
- Bueno chicos, ya está bien. Si queréis, id a comer con las chicas, nosotros comeremos con Liam.
Liam había estado escondido al lado de la puerta desde que entró.
- Encantado de acompañaros - dijo él, sonriendo ampliamente.
- ¡Genial! Gracias mamá - John dió un salto de alegría, literalmente, y quiso chocar la mano con Edward, pero no hubo respuesta por su parte. En lugar de eso, los ojos de Edward le atravesaron como dos balas directas a las sienes.
- Bueno, pues hasta otra entonces. Me ha alegrado veros, chicos - dijo el padre de ellos, dándoles un abrazo a cada uno. La señora Grimes hizo lo mismo segundos después y desaparecieron tras la puerta con Liam.
- Estarás contento... - la voz de Edward sonaba amenazante, y después de esas palabras subió a su cuarto.
Ya era suficiente. Debía arreglar las cosas.
- Voy a hablar con él, chicos... - subí rápidamente sin esperar respuesta.
Cuando llegué a la puerta de su habitación, toqué con mis nudillos. Nadie respondía. Seguí insistiendo hasta que quedaron rojos y doloridos, y por fin escuché su voz.
- Si eres John, no quiero tu charla de "gemelo diez minutos mayor".
- Soy Sarah, Edward. ¿Puedo pasar?
- Está bien...
Entré y me lo encontré sentado en la cama, mirando por la ventana, con la mirada perdida. Así que me coloqué a su lado y esperé unos segundos para comenzar a hablarle.
- Lo siento...
Me miró con ojos tristes y furiosos a la vez. Parecía que unas lágrimas querían escaparse pero él no se lo permitía.
- Siento haberte dicho lo que te dijo y haber actuado como una imbécil. Pero es que quería...
- Causarles buena impresión a mis padres, lo sé.
- De verdad... me siento fatal.
- Vale, te perdono. Y yo... también siento... haberte tratado así. No te lo mereces. La verdad, ha sido una tontería enfadarme por ésto... - río levemente, y eso dibujó una gran sonrisa en mi cara.
- No, no ha sido una tontería... me he comportado como una niña pequeña...  Entonces, ¿estamos en paz? - le miré intentando parecer lo más tierna posible y el sonrió como si nada hubiera pasado.
- Por supuesto.
En ese momento, vino hacia mí y me abrazó. El vello de los brazos y la nuca se me erizó, y sentí un extraño cosquilleo en el estómago. Cerré los ojos e intenté sentirlo con todas mis fuerzas. Después de unos segundos se apartó de mi y se levantó de la cama; me extendió la mano y yo se la cogí.
- Lo mejor de enfadarse es reconciliarse después - me guiñó un ojo y salimos de la habitación.
¿Por qué sentía cuando estaba con él que todo el resto del mundo desaparecía? Vale que hace unos meses fuera mi ídolo indiscutible, vale que me encantara su físico y cómo cantaba, pero de ahí al amor hay mucho camino, ¿no?

Capítulo 2.

Primero, Dessy y yo nos dirigimos a la habitación de John y Edward. ¡Aquello era un verdadero desastre! No sólo se trataba de las camas, si no que estaba todo tirado por el suelo, como cables, revistas, y demás. Pero sería mejor que nos pusiéramos a recoger en seguida. Tardamos aproximadamente unos veinte minutos, y luego nos pusimos con nuestras habitaciones. La mía estaba bastante bien, y la de Dessy un poco más desordenada. Nada que no se arreglara en diez minutos. Bien. Media hora. No estaba nada mal, así que bajamos a ver cómo iban los chicos. Pero al llegar, nos encontramos con algo desagradable...
- ¡John! ¡Edward! ¿Pero qué habéis hecho? - grité desesperada.
No sabía cómo, pero el suelo estaba aún más mojado que cuando subimos arriba.
- Pues... - comenzó Edward, con voz algo temblorosa ante mi enfado -, la fregona, que no seca, sólo expande... - lo dijo con esa voz cómica que sólo él y su hermano sabían poner.
- ¿No me digas? - dije con voz irónica, sonriendo forzadamente - Podíais usar los trapos...
- Ah no, eso no. Los trapos son para nuestras manos.
- ¿Vuestras... MANOS!? No podéis ir en serio... - alcé las cejas, mirándoles muy seria.
Se miraron entre ellos, desconcertados por mis palabras, o eso parecía.
- ¿Qué pasa? - dijo John, frunciendo el ceño.
Dessy se llevó una mano a la cabeza, observando el suelo aún empapado. Mientras, yo me acerqué a ellos y cogí el pelo de cada uno con una mano, tirando sin demasiada fuerza.
- ¡Ay, ay, ay! - se quejaron ambos, cerrando los ojos con fuerza ante el tirón.
- Usad esos trapos para secar el suelo, ¡YA!
- Vale, vale, pero suéltanos el pelo... - dijo Edward, con una mueca de dolor en la cara.
Le hice caso y se pusieron a trabajar. Después de haberlos convencido, Dessy y yo fuimos al salón con unos cuantos de esos trapos húmedos para intentar sacar las molestas y feas manchas del sofá de cuero blanco.
- Con eso no conseguiréis nada... - intervino Edward.
- Tú a callar y a limpiar el suelo, chato.
Me miró con cara de enfado, pero sabía que no iba en serio.
- Bueno... yo empezaré por los asientos - dijo Dessy.
- Entonces yo limpiaré el respaldo.
Nos pusimos a trabajar, pues sólo nos quedaban veinte minutos para hacer todo lo que nos quedaba. No nos dirigimos la palabra entre nosotros, y empezaba a temer que Edward se hubiera enfadado conmigo por ser tan autoritaria, ni siquiera era mi casa. Ahora que lo pensaba, me había pasado un poco. Pero seguí trabajando. Después de diez minutos me di cuenta de que las manchas no salían.
- Dessy, tenemos un problema... ¿ves que hayamos avanzado algo? - dije mirando preocupada el sofá.
- Pues... - Dessy hizo una mueca -, no. Para nada...
- Podemos disimularlas tapándolas, ¿no? Edward, ¿hay alguna manta o algo así que podamos usar?
- Sí, en el armario de nuestra habitación hay unas cuantas. Coge la que quieras. - ni siquiera me miró, siguió a lo suyo como si nada. Sí, estaba enfadado.
John me miró y se encogió de hombros, con cara de consecuencias. Yo suspiré con fuerza comencé a subir las escaleras.
- Vale, gra-- gracias, Edward.
No obtuve respuesta. Sabía que me había pasado, pero podía al menos mirarme al dirigirme la palabra.
Mientras estábamos arriba buscando una manta que al menos combinara con el resto del salón, Dessy me miraba preocupada.
- Sarah, no le des importancia... seguro que mañana ya se le ha pasado.
- No lo creo... ha sido mi culpa. - mientras decía esto, sacaba justo lo que nos hacía falta del armario y cerraba la puerta con cuidado.
- No digas eso. Quieres que sus padres tengan una buena imagen de nosotras, eso es todo. No pretendías hacer nada malo. Sólo que le ha sentado un poco mal. Pero se le pasará pronto.
- Eso espero.
Bajamos las escaleras y colocamos la manta encima del sofá. No quedaba mal y no se veía un sólo rastro pegajoso. Perfecto. Cinco minutos para que se cumpliera la hora. Cinco minutos para las doce de la mañana. Y aún estábamos en pijama y quedaban las manchas de la alfombra.
- Chicas, hemos terminado de secar el suelo - dijo John levantándose. Parecía orgulloso de si mismo.
- Oh, bien. Ahora podéis ayudarnos con la alfombra. Y rápido, porque también quiero ponerme decente para la visita.
- Pero si estás bien así... Y tú Dessy también - dijo guiñándonos un ojo a las dos.
- ¿Estás de broma? ¿En pijama? Claro, seguro que doy una imagen estupenda.
- Pues claro - rió levemente y nos puso una mano en el hombro a cada una-. Bueno, ahora a limpiar esto. ¿Tenéis idea de cómo hacerlo? - alternaba la mirada entre Dessy y yo con una pequeña sonrisa.
- No... - dijo Dessy mirando las manchas, que parecían una plaga de insectos de lo pequeñas que eran y de las muchas que había.
- Tú puedes aportar alguna idea, John... - dije mirándole, alzando una ceja.
- Ah no, lo siento, mi cerebro a estas horas está en "stand-by".
Edward se mantenía al margen, pero intentó dar alguna idea; no sin antes meterse con John.
- Yo pensaba que tu cerebro siempre estaba apagado, hermanito. - se colocó delante de nosotros, mirando la alfombra y pensando algo - Hm... podríamos darle la vuelta, ¿no?
- No puede ser... ¿de verdad? ¿Crees que funcionará? - dijo Dessy irónicamente.
- ¿Tienes alguna idea mejor? - dijo mirándole susceptible.
- Pues...
- No, ¿verdad? Pues ya está.
- Oye, Edward, porque estés enfadado conmigo no tienes que tomarlas con Dessy.
- Calla y ayúdame a darle la vuelta a esto. - dijo con tono serio. Sí que le había molestado. Me estaba tratando fatal.
Le hice caso y agarré la alfombra por un extremo. John, Dessy y Edward agarraron los otros tres, y así le dimos fácilmente la vuelta. Dos minutos.
- Dessy, vamos arriba a cambiarnos.
- Voy - se dirigió corriendo hacia mi y las dos subimos las escaleras.
Ya arriba comenzamos a oír las voces de Edward y John. ¿De qué estarían hablando? No pudimos contenernos y, mientras nos vestíamos, escuchamos atentamente su conversación.
________________________________________________________________________________
- Edward, te has pasado.
- ¿Yo? ¡Ha sido Sarah la que se ha pasado conmigo! ¿Viste como me trató? ¡ÉSTA NO ES SU CASA!
- Eh, eh, tranquilízate. Sé que no es su casa, pero ahora están viviendo con nosotros. Simplemente quería causarles una buena impresión a mamá y papá, eso es todo.
- No por eso tenía que gritarme como lo hizo, y con esas palabras. "Tú calla y a lo tuyo". ¿Pero quién se cree?
- Es normal que haya dicho eso, estaba... estresada. No puedes enfadarte así con ella. Y ya lo que ha colmado el vaso es que las hayas pagado con Dessy. ¿Qué te ha hecho ella, a ver?
- Nada, no me ha hecho nada. ¡Pero estoy muy enfadado con Sarah, y eso me lleva a comportarme así con todo el mundo!
- Pues eso está muy mal... Lo primero, es pedirle disculpas a Dessy. Y lo de Sarah... lo mejor es que le expliques lo que te ha sentado mal y lo arregléis.
- Me disculparé con Dessy, pero Sarah debe saber de sobra qué es lo que me ha puesto así. Lo siento, pero no voy a hablar con ella. Que empiece ella pidiendo perdón si quiere.
________________________________________________________________________________
Después de esa conversación, me quedé paralizada. ¿No pensaba hablar conmigo si no empezaba yo? Eso ya era demasiado. Pues yo no iba a pedirle perdón.
- Sarah...
- No, déjalo. Da igual.
Seguí preparándome para bajar. Cuando me estaba peinando llamaron a la puerta. Genial. Lo que faltaba, una visita como aquella en estos momentos. Se notaría que Edward y yo teníamos problemas. En fin, tendría que disimular.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Capítulo 1.

Esa noche había hecho calor y estaba casi destapada por completo, con mi pantalón corto, por supuesto. De repente, una pequeña brisa recorrió mi cara y algunos de mis revueltos mechones, lo que hizo que me despertara. Qué raro... yo no había dejado la ventana abierta. Pero entonces me giré hacia la puerta y vi a los seguramente responsables de aquello: John y Edward, cada uno apoyado en un extremo de la puerta, me miraban con una sonrisa traviesa, y Dessy, mi mejor amiga, se escondía detrás de ellos. Posiblemente ella no había hecho nada, era una buena chica. Pero de esos gemelos de pelo en punta no me fiaba ni un pelo.
- Buenos días, Sarah. - dijo John con voz ronca mañanera.
- ¿Te ha despertado la brisa? - añadió Edward con cara de corderito degollado, dando dos pasos hacia mi y agachando la cabeza.
- Muy graciosos...
Me llevé las manos a los ojos y los froté con fuerza. Ya que me habían despertado, tendría que estar completamente desvelada.
- ¡Yo no he tenido nada que ver, Sarah! ¡Han sido ellos! - dijo Dessy en su defensa, levantando las manos como si le estuvieran apuntando con una pistola.
- Qué morro... ¡si fuiste tú el cerebro de la operación! - dijo John entre risas, mirando a Dessy y Edward alternativamente.
- Yo te creo, Dessy... Y respecto a ti - mis ojos se volvieron hacia John -, o más bien vosotros dos, tenéis suerte de que tenga un buen despertar. Pero vuestras vidas dependerán de lo que haya para desayunar - mientras decía esto me levantaba torpemente de la cama y me ponía las zapatillas con caritas de oso que me había regalado Edward.
- Pues hoy hay... tortitas con caramelo. Y si quieres, podemos ofrecerte un tazón enorme rebosante de leche con cacao o sin él, a gusto del consumidor - John me revolvió el pelo como a una niña pequeña, pero no me molestó. Yo lo tomaba como el hermano mayor que nunca tuve.
- Genial, eso hará que mis ánimos se calmen. Estáis a salvo.
- ¡Toma! - dijeron a la vez, y dieron un salto chocando las palmas en el aire. Era típico de ellos.
Dessy nos seguía sin decir nada, pero riéndose de nuestras tonterías. Aún era algo tímida con John y Edward. Los habíamos conocido hacía cinco meses, y después de algunas semanas de planes vinimos a vivir con ellos. Pero teniendo en cuenta que eran nuestros mayores ídolos, era normal que se sintiera aún un poco desplazada de su mundo. Lo raro era que yo ya me sintiera como en casa. Hablaba y actuaba con ellos como si los conociera de toda la vida, y hacía tan solo medio año aún gritaba si oía alguna canción suya en la radio.
Dessy me había contado muchas veces algunas de sus... llamémosles "fantasías" (ya sabéis a lo que me refiero) con John, y cada vez que yo se lo recordaba al oído delante de él se ponía roja como un tomate y no podía parar de reír. "¿Qué pasa?", decía siempre John. Pero nunca le contamos la verdad, obviamente. Después, Dessy me devolvía la broma pesada haciéndome lo mismo delante de Edward, pues yo también le había contado alguna que otra cosa que se me venía a la cabeza de vez en cuando pensando en él. Aunque a mi no me molestaba tanto como a ella, seguía dándome vergüenza.
- ¿Quieres la leche con cacao o no? - dijo Edward, sorprendentemente cerca de mi. Se ve que me había distraído y ya me lo habían preguntado varias veces sin obtener respuesta por mi parte.
- Ah, perdona... - dije levantando la cabeza de mi mano con pesadez -, con cacao, si sois tan amables.
Después de esas palabras puse una sonrisa irónica, mirándole con los ojos muy abiertos. Entendía la risa que se le había escapado a Edward. Si me hubiera puesto delante de un espejo probablemente yo hubiera hecho lo mismo.
- Aquí tienes - John dejó el tazón encima de la mesa y Edward me trajo las tortitas con mucho caramelo, casi demasiado, pero me gustaban así.
- Dessy, te hemos preparado lo mismo que a Sarah, espero que no te importe - dijo John posando el desayuno delante de ella.
- No, no, para nada. Gracias por molestaros, chicos - dijo Dessy levantándose de la silla a coger un tenedor para las tortitas.
- Pues a comer, chicas.
- Yo quiero esperar por vosotros... - dije frunciendo el ceño y esbozando una pequeña sonrisa.
- Como quieras, pero luego desayunarás en frío - replicó Edward encogiéndose de hombros.
- No me importa - negué con la cabeza y sonreí.
John y Edward se prepararon su desayuno. A veces noté que llevaban prisa, no sabía si por nosotras (ya que Dessy había decidido esperar por ellos también) o porque tenían hambre.
Cuando terminaron se sentaron en frente de nosotras y todos comimos juntos; eso sí, también hablamos, nos reímos, y Edward escupió leche un par de veces debido a las tonterías de John.
Una vez acabado el desayuno por parte de todos, los chicos se decidieron a cogernos los platos y demás, pero quisimos hacerlo por nosotras mismas. A la hora de lavar los cubiertos tampoco nos reprimimos, bromeábamos continuamente, nos salpicábamos, nos poníamos jabón los unos a los otros... Era muy divertido, pero también armábamos un desastre cada mañana. En medio de nuestra pelea de agua, sonó el teléfono.
- ¡Yo lo cojo! - grité dirigiéndome al teléfono, haciendo un esfuerzo por no resbalarme.
_____________________________________________________________________________
- ¿Diga?
- Oh, Sarah, soy Liam.
- Ah, hola, Liam.
- Llamaba para saber si ya os habíais levantado.
- Sí, estamos todos despiertos y recién desayunados.
- Perfecto. Espero que no hayáis montado ningún desastre, porque dentro de una hora os visitarán los padres de los chicos.
- Oh... vale. No hay problema.
- Genial. Sólo quería avisaros. Hasta después, Sarah.
- Adiós, Liam.
______________________________________________________________________________

- ¿Qué quería ahora el plasta de Liam? - refunfuñó Edward.
- Pues ese "plasta" como tú lo llamas, quiere que tengamos todo ordenado para dentro de una hora.
- ¿Y eso por qué? - preguntó John un poco desconcertado y a la vez asustado.
- Porque vuestros padres vienen de visita. No tenemos las camas hechas, la cocina está hecha un desastre y el salón... bueno, mejor no hablar de ello, podéis verlo con vuestros propios ojos.
Señalé el gran salón cubierto por una alfombra de pelo azul oscuro, con pequeñas manchas blancas de azúcar esparcidas por él. El sofá, que normalmente era blanco como la nieve, ahora estaba manchado de rosa, verde, marrón... ¿de qué más colores pueden manchar las chucherías? Anoche tuvimos una "mini-fiesta" los cuatro, siempre sin pasarnos de la raya, pero como se puede observar, las cosas no siempre salen como uno quiere.
- Oh, oh... - John y Edward realmente sabían leerse la mente. Estaban nerviosos, andaban de un lado para otro sin saber qué hacer y emitiendo sonidos de dolor, desesperación e incluso pánico.
- Chicos... tranquilos. Veamos, Dessy y yo podemos empezar por hacer las camas - miré a Dessy con una mirada tranquilizadora.
- Claro - respondió ella -, vosotros mientras secad el suelo de la cocina. Y luego entre todos intentaremos poner el salón algo más decente, o por lo menos disimular las manchas... - miraba el sofá mientras decía esto, con el ceño fruncido. Debía de estar pensando en cómo hacerlo.
Después de las palabras de Dessy todos nos pusimos manos a la obra. Nosotras subimos las escaleras muy apuradas y los chicos fueron a buscar cubo, fregona y trapos. Muchos trapos.