lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 10.

Cada vez sus labios se movían más rápido y con más energía, chocando con los míos. Sus manos volvieron a bajar hasta mi cintura. No sabía muy bien qué era lo que él quería que pasara. Pero después, de alguna manera, me arrastró hasta estar de nuevo acostados, sus manos entraron por dentro de mis pantalones cortos y comenzaron a bajar ambas cosas. Y fue entonces cuando, no sé por qué, lo frené. Sí, era idiota.
- Edward... - no pude articular más, mi mano derecha estaba sobre su pecho, evitando que se echara hacia delante.
- Oh... - se apartó rápidamente de mi -, lo siento, de verdad...
- No, no lo sientas... Si yo en realidad quiero que pase, pero... creo que aún no estoy preparada.
¿Qué? ¿Cómo pude decir aquello? ¡Si hacia sólo unas horas estaba impaciente por ello!
- Te entiendo... perdón, en serio, me lancé y no pensé en lo que tú podias querer o no querer. - se sentó a mi lado y me besó la frente.
- Te he dicho que no lo sientas, no tienes que pedirme perdón.
- Quiero hacerlo - posó una mano sobre la mía.
- Está bien... - sonreí mirando hacia abajo.
- Es que me he dado cuenta de que contigo nunca es suficiente, Sarah. Da igual el tiempo que pasemos juntos, se me hace corto. Quiero tener más de ti, y por eso ha pasado ésto.
- A mi me pasa igual... - dije desviando la mirada -, si hace unos momentos quería que pasara, y ahora... no sé, lo vi tan cerca que me asusté.
- La próxima vez que lo veas venir, si no estás preparada, dímelo, no esperes a que empiece. No quiero hacerte daño, y no quiero que hagas cosas en contra de tu voluntad.
- Está bien, tendré que poner alerta mis sentidos, entonces.
Los dos reímos a la vez, con ganas de salir de ese incómodo momento. Y entonces alguien llamó a la puerta.
- ¿Sí? - gritó Edward.
- Soy John - dijo una voz desde el otro lado, y la puerta se abrió.
- Hola John - dije. No me había dado cuenta, pero mi pantalón seguía algo más bajo de lo que debería.
- Oops, ¿llego en mal momento? - se había fijado.
- No, no, qué va. Pasa sin problemas - dije colocándomelo bien. Qué embarazoso.
- Bueno, pues venía a ver a la enfermita.
Se acercó a mi y se sentó en el lado contrario de la cama al que estaba Edward.
- No estoy enferma, sois vosotros los que no me dejáis salir de aquí - me quejé, dejando caer las manos sobre la cama.
- Es por tu pie, hoy también dormirás aquí. Bueno, dormiréis. Dessy no se va a quedar sola - respondió Edward con voz dulce.
- Es cierto, pobrecilla, no va a dormir sin nadie a su lado - añadió John, y alzó una ceja. Él también quería algo con Dessy. Algo más de lo que ya tenían. Pero, ¿y Des? ¿Estaba preparada? - Bueno, ya os dejo. - se levantó de la cama.
- Yo también me voy abajo - dijo Edward. Se levantó junto a John y me besó durante un pequeño segundo.
- Eh, yo quiero ir con vosotros, esto es aburrido... - mis quejas eran constantes, pero tenía toda la razón.
- No, no vas a moverte de ahí - replicó Edward señalándome con autoridad.
- Que sí - y comencé a levantarme sin mucha prisa.
- Te he dicho que no, Sarah, en serio - vino hacia mi y me impidió poner los pies en el suelo. O al menos, eso intentó.
- Y yo te he dicho que sí - moví mis piernas y mis pies al fin tocaron tierra.
Edward suspiró y aceptó la derrota.
- Vale, vale, pero apóyate en mi - dijo ofreciéndome uno de sus brazos.
- Puedo yo sola, Edward, por favor - me levanté y comencé a caminar, pero algo me hizo cojear y tener que sentarme de nuevo.
- ¿Qué te dije? Es mejor que te quedes aquí, ahora traeré algo de comer.
- ¡No! Me tratáis como una inválida, he dicho que voy a bajar, y es lo que haré. Estoy harta de no poder moverme de aquí. - me levanté y fui cojeando hasta las escaleras.
- Al menos deja que te ayudemos - dijo John, nervioso.
- Puedo sola - repetí muy seria.
Me apoyé en la barandilla y bajé despacio. No tenía prisa por llegar abajo, y no les iba a dar el placer de tener la razón.
- ¡Hombre, Sarah! Al fin te han dejado salir, ya les dije que te las arreglarías - dijo Dessy secándose las manos con un trapo viejo y lleno de agujeros. Había estado cocinando.
- En realidad no querían. Prácticamente he tenido que salir corriendo para poder venir - miré mal a Edward por el rabillo del ojo.
- Chicos, no es tonta, sabe lo que se hace... - dijo Dessy acercándose a nosotros -. Anda, siéntate en el sofá, ya verás qué rico está lo que te preparé - se dirigió emocionada a la cocina y me trajo lo que siempre hacía mi madre unos años antes.
- Oh, la pasta de mi madre, gracias Dessy - la comencé a comer con mucho entusiasmo.
Pero no estaba a gusto, me miraban todos con una atención fuera de lo normal.
- ¿Qué pasa? - les dije extrañada.
- Es que quiero esperar a tu veredicto - respondió Dessy.
- Estás muy mona comiendo - siguió Edward. Su comentario me hizo sonreír.
- Yo... es que no tengo nada mejor que hacer - dijo John. Y Edward le golpeó el brazo. John se encogió de hombros.
- Pues el veredicto te lo daré cuando termine, Dessy. Edward... - suspiré -, si vas a mirarme siéntate a mi lado. Y John... tú seguro que tienes algo mejor que hacer - hice un movimiento de cabeza hacia Des. Y John lo comprendió a la perfección.
Edward me hizo caso y se sentó a mi lado. Cogió el mando con una mano y la otra la colocó en mi cintura. Fue haciendo "zapping", no había nada interesante para mi gusto. Aunque él lo dejó en Big Brother. Era un estúpido programa al que iban chicas a buscarse alguien para rozarse y chicos aburridos de la vida a buscar entretenimiento para tontos. Oh sí, el concurso ideal. No hice caso y seguí comiendo.
- Oh, Dessy mira, Big Brother - dijo John señalando la televisión.
- ¿Y? - respondió ella, indiferente.
- A mi me gusta... ¿vamos a verlo? - pidió John.
- Yo lo odio - se cruzó de brazos.
- Por favor, por mi - puso ojos de cachorrito degollado.
- Está bien, vamos.
Ambos se sentaron a la izquierda de Edward. Los hermanos observaban la pantalla con atención, mientras Dessy cerraba los ojos en brazos de John y yo terminaba el plato. Quise levantarme a llevarlo a la cocina, pero en cuanto Des se dio cuenta se ofreció para ayudarme.
- ¡Ya voy yo! - corrió hacia mi, prácticamente voló. Ya tenía excusa, debía lavar los platos.
En fin. Me apoyé en el hombro de Edward e intenté echar una siesta. Fue fácil, entré en un sueño profundo de tres horas.
Recordaba haber soñado que los chicos entraban en Big Brother y ocurrían cosas que no me gustaban, no sabía exactamente cuales. Pero cuando salían yo dejaba a Edward. Luego me pregunté: ¿sería yo capaz de hacer eso?
Pero no hice caso y cuando me desperté la televisión ya se había apagado y no había nadie.
- ¿Edward? - grité, pero nada.- ¿John? - nada.- ¿Dessy? - no, no había respuesta.- ¡CHICOS!
No respondía nadie. ¿Qué había pasado? Pero me tranquilicé cuando oí unos pasos por las escaleras. Era Edward.
- Edward, me habéis dado un susto de muerte...
- Anda, ya estás despierta. Fuimos arriba a ensayar, yo vine a ver cómo estabas - me besó la frente, como solía hacer al encontrarse conmigo y al despedirnos.
- Es cierto, el concierto es dentro de cinco días.
- No es que sea algo grande, pero bueno, habrá que hacerlo bien de todos modos - se sentó a mi lado y acomodó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Yo ya no estaba acostada.
- Sí, no querréis que os abucheen... - reí mirando hacia él. Estaba muy mono así.
- No, la verdad es que no - dijo indiferente.
- Oye, ¿te pasa algo?
- ¿A mi? Nada... ¿qué me iba a pasar?
- No sé, te noto algo... distante, por así decirlo.
- ¿No era que te agobiábamos demasiado? - abrió los ojos y me miró con una media sonrisa.
- Pero eso no quiere decir que no me gusten tus mimos... - me arrimé más a él, y puse mi cabeza en sus pectorales.
- Bueno, si te gustan no tienes más que decírmelo, que te los doy - me rodeó con uno de sus brazos y con el otro me levantó la cabeza para que le mirara - Es que no soy adivino.
- Lo sé, pero si no paráis de mirarme entiende que me ponga nerviosa, es normal, ¿no?
- No era sólo eso, también dices que te cuidamos demasiado.
- No no, es que os preocupáis mucho, más de lo que deberíais. Y no es necesario.
- No es necesario pero casi no puedes andar... hm, sí, muy convincente - frunció el ceño, bromista.
- Boh...
- Sarah, entiende que me preocupe. Eres MI chica - y marcó ese mi con mucho énfasis - y no quiero que te pase nada malo, ni siquiera una torcedura de tobillo, ni siquiera un cutre resfriado.
- Pero es que sé cuidar de mi misma, y a veces parece que no.
- Sé que sabes cuidar de ti, pero es mi obligación protegerte.
- No es tu obligación...
- ¡Pues mi deseo! El caso es que quiero que estés bien.
Sonreí. Eso último había sido muy bonito. Me apresuré a besarle durante unos segundos. Noté que él se iba a lanzar como la otra vez, pero ahora no llegó tan lejos, supo apartarse a tiempo.
- Bien, te has controlado - dije riendo.
- Me ha costado - me guiñó un ojo y aparté la mirada, volviendo a apoyar mi cabeza en él.
No sé si él lo hizo, pero yo cerré los ojos y volví a quedarme dormida. Su cuerpo era cómodo. Quizás estaría preparada para "eso" antes de lo previsto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario