Mi cerebro no respondía a estímulos. Durante unos minutos seguimos igual, quizás cambiando un poco de postura, pero no nos separamos ni un sólo milímetro. Él posó una mano en mi cintura y la otra la dejó donde había estado desde el comienzo de nuestro beso: en mi pelo, jugueteando con él. Sus labios eran húmedos, seguía su fina línea con mi lengua de vez en cuando. Una de mis manos estaba en su pecho y la otra en su rodilla. Estaba a miles de quilómetros lejos de la Tierra, parecía que estábamos flotando por el espacio, sin rumbo alguno, sólo nosotros, sólo preocupados de hacer que nuestras lenguas y labios encajaran perfectamente.
Cinco minutos, diez, quince. No podía separarme de él, aunque me veía obligada de vez en cuando para coger aire. Cuando ésto mismo lo hacía él, su aliento entraba en contacto con mi piel, era algo fuera de lo normal, jamás me había sentido así con nadie.
Os resultará raro, peor fui yo la que paró:
- Edward - dije alejándome unos centímetros -, te quiero.
Él sonrió y volvió a pegar sus labios a los míos, esta vez por un corto espacio de tiempo.
- Yo también te quiero, no te imaginas cuánto - dijo apartándome un mechón de pelo de la cara, y lo colocó detrás de mi oreja. - Vamos a ver a John y Dessy, a ver qué hacen - rió y me cogió la mano para levantarme con él.
Después de salir del "armario de antigüedades", Edward colocó una mano en mi cintura de nuevo. Caminaba muy cerca de mi, parecía tener miedo de perderme durante un sólo segundo. A mi me pasaba lo mismo.
Cuando llegamos al salón, encontramos a John y Dessy muy acaramelados sobre el sofá; él tenía una mano jugando con su pelo, y la de ella acariciaba la rodilla de John. ¿Qué me había perdido? Algo interesante seguro. Edward sonrió y me hizo un gesto para mantenerme callada. Entonces él tosió de repente.
- Hola, tortolitos.
- ¿Tortolitos nosotros? ¿Te recuerdo en la posición que te encontré con Sarah?
Me sonrojé. Mucho. Notaba ya el ardor de mis mejillas.
- Y bien orgulloso que estoy de ello.
En ese momento su mano me apretó más contra él, y yo, con seguridad y a la vez temblorosa, pasé mi brazo tras su espalda.
Dessy me miró sonriente, muy contenta de al fin verme bien con el que ella sabía que era el único al que quería.
- Enhorabuena, Sarita - dijo levantándose del sofá con John.
- Igualmente, Des - le guiñé un ojo y ella rió.
La nueva pareja adoptó nuestra misma posición. Todo era muy raro, pero a la vez bonito.
- Bueno... veo que eres un fiera, hermanito. Por cierto, ¿qué estabas buscando? ¿No serían...? - y John lo interrumpió.
- Eh eh, frena el carro. No eran esas cosas, no. Quería enseñarle a Dessy el viejo micrófono de papá.
- Oh, vale vale. Siento haberme adelantado, supongo que pienso con demasiada rapidez para ti.
- Muy gracioso - sonrió irónicamente.
- Oye - dije mirando mi reloj de pulsera -, ¿no creeis que es un poco tarde? Deberíamos de cenar ya...
En realidad, no eran más de las ocho y media de la tarde, pero mi estómago rugía con fuerza. Incluso Edward lo llegó a notar, porque vi que en una ocasión, bajando las escaleras, miró mi barriga y rió ligeramente.
- ¿Pedimos una pizza? - sugirió Dessy.
- Por mi estupendo - dije encogiéndome de hombros -. ¿Qué piensas tú? - miré a Edward.
- Como vosotras queráis... - miró a su hermano, esperando un ultimátum.
- Yo la pido - dijo éste dirigiéndose al teléfono -, ¿de qué la queréis?
- Pide la "Jedward special" - le guiñé un ojo y reí, al igual que el resto.
- Eso está hecho - entonces descolgó el teléfono y marcó el número de la pizzería más cercana.
________________________________________________________________________________
- ...
- Hola, quería encargar una pizza.
- ...
- ¿Tienen la "Jedward special"? - se volvió hacia nosotros y nos guiñó un ojo.
- ...
- ¿Ah, sí? ¡Estupendo! Pues traiga una tamaño familiar.
- ...
- Muy bien, gracias.
- ...
- Adiós.
_______________________________________________________________________________
- En media hora la tenemos - se frotó las manos y se relamió. La pizza lo merecía.
- Oh... ¡jolín! ¡Yo tengo hambre! - crucé los brazos y puse morros. Media hora era demasiado.
- Yo te puedo quitar el hambre hasta que llegue la pizza - Edward me guiñó un ojo y se me escapó una risita nerviosa. Parecía imbécil.
- Yo también tengo hambre, pero en fin, habrá que esperar... - Dessy se resignó y volvió a sentarse.
John se puso de cuclillas delante de ella y posó las manos en sus rodillas.
- Aquí estoy para lo que necesites - alzó una ceja y sonrió.
¿Acaso hoy era el día de los subiditos? Pero esa faceta de Edward, había que admitirlo, me encantaba. Era más travieso, y no me resistía a él. Y Dessy, al parecer, tampoco se resistía a John. ¿Por qué hacerlo? A veces era bueno caer en la tentación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario