jueves, 11 de agosto de 2011

Capítulo 3.

En cuanto bajamos a recibir a los padres de John y Edward, ellos vinieron hacia nosotras.
- Conque vosotras sois las chicas... es la primera vez que os veo. Tú debes de ser Sarah - dijo su madre, mirándome con una gran sonrisa en la cara.
- Así es. Encantada de conocerla, señora Grimes - le estreché la mano con un amplio movimiento. Tenía las manos sudorosas, pero era una mujer en forma, se le notaba.
- Y tú, entonces, eres Dessy - dijo ahora volviéndose hacia mi mejor amiga. Se estrecharon las manos también y a continuación nos saludo el señor Grimes. Él no era tan impulsivo como su esposa, pero era una persona amable.
- Chicos - comenzó su madre, mirándoles seria -, tenéis suerte de que estas chicas vivan con vosotros, mirad cómo está la casa. Estoy segura de que si no fuera por ellas la tendríais hecha un desastre.
Los cuatro nos miramos y por un momento soltamos una pequeña risa, pero a Edward pronto se le pasó. No se olvidaba de lo que había hecho yo esa mañana.
- ¿Os parece bien que comamos juntos? - propuso el padre de los chicos, mirándonos a todos.
- Por mi genial - dijo Dessy.
- Igualmente - añadí yo, sonriendo forzadamente.
- Oh, ¿en serio? - protestó John, con una mirada cansada. Pobres padres, no debían sentirse muy bien cuando sus hijos decían eso. - Yo hoy quería comer con Edward y las chicas fuera de casa...
En ese momento, Edward lo fulminó con la mirada. ¿Qué le pasaba? El hecho de estar enfadado conmigo no le daba derecho a desplazarse de su hermano ni de Dessy.
- Sí... bueno... lo habíamos pensado, pero estando mamá y papá... - Edward parecía nervioso.
- Ya, Edward, pero a mamá y papá llevamos viéndolos desde que nacimos... - dijo John con un toque de humor. Hasta sus padres se rieron.
- Pero ya que están aquí podríamos comer con ellos...- esa vez, Edward habló entre dientes y le dió un golpecito a su hermano en el brazo con el codo.
- Bueno chicos, ya está bien. Si queréis, id a comer con las chicas, nosotros comeremos con Liam.
Liam había estado escondido al lado de la puerta desde que entró.
- Encantado de acompañaros - dijo él, sonriendo ampliamente.
- ¡Genial! Gracias mamá - John dió un salto de alegría, literalmente, y quiso chocar la mano con Edward, pero no hubo respuesta por su parte. En lugar de eso, los ojos de Edward le atravesaron como dos balas directas a las sienes.
- Bueno, pues hasta otra entonces. Me ha alegrado veros, chicos - dijo el padre de ellos, dándoles un abrazo a cada uno. La señora Grimes hizo lo mismo segundos después y desaparecieron tras la puerta con Liam.
- Estarás contento... - la voz de Edward sonaba amenazante, y después de esas palabras subió a su cuarto.
Ya era suficiente. Debía arreglar las cosas.
- Voy a hablar con él, chicos... - subí rápidamente sin esperar respuesta.
Cuando llegué a la puerta de su habitación, toqué con mis nudillos. Nadie respondía. Seguí insistiendo hasta que quedaron rojos y doloridos, y por fin escuché su voz.
- Si eres John, no quiero tu charla de "gemelo diez minutos mayor".
- Soy Sarah, Edward. ¿Puedo pasar?
- Está bien...
Entré y me lo encontré sentado en la cama, mirando por la ventana, con la mirada perdida. Así que me coloqué a su lado y esperé unos segundos para comenzar a hablarle.
- Lo siento...
Me miró con ojos tristes y furiosos a la vez. Parecía que unas lágrimas querían escaparse pero él no se lo permitía.
- Siento haberte dicho lo que te dijo y haber actuado como una imbécil. Pero es que quería...
- Causarles buena impresión a mis padres, lo sé.
- De verdad... me siento fatal.
- Vale, te perdono. Y yo... también siento... haberte tratado así. No te lo mereces. La verdad, ha sido una tontería enfadarme por ésto... - río levemente, y eso dibujó una gran sonrisa en mi cara.
- No, no ha sido una tontería... me he comportado como una niña pequeña...  Entonces, ¿estamos en paz? - le miré intentando parecer lo más tierna posible y el sonrió como si nada hubiera pasado.
- Por supuesto.
En ese momento, vino hacia mí y me abrazó. El vello de los brazos y la nuca se me erizó, y sentí un extraño cosquilleo en el estómago. Cerré los ojos e intenté sentirlo con todas mis fuerzas. Después de unos segundos se apartó de mi y se levantó de la cama; me extendió la mano y yo se la cogí.
- Lo mejor de enfadarse es reconciliarse después - me guiñó un ojo y salimos de la habitación.
¿Por qué sentía cuando estaba con él que todo el resto del mundo desaparecía? Vale que hace unos meses fuera mi ídolo indiscutible, vale que me encantara su físico y cómo cantaba, pero de ahí al amor hay mucho camino, ¿no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario