Esa noche había hecho calor y estaba casi destapada por completo, con mi pantalón corto, por supuesto. De repente, una pequeña brisa recorrió mi cara y algunos de mis revueltos mechones, lo que hizo que me despertara. Qué raro... yo no había dejado la ventana abierta. Pero entonces me giré hacia la puerta y vi a los seguramente responsables de aquello: John y Edward, cada uno apoyado en un extremo de la puerta, me miraban con una sonrisa traviesa, y Dessy, mi mejor amiga, se escondía detrás de ellos. Posiblemente ella no había hecho nada, era una buena chica. Pero de esos gemelos de pelo en punta no me fiaba ni un pelo.
- Buenos días, Sarah. - dijo John con voz ronca mañanera.
- ¿Te ha despertado la brisa? - añadió Edward con cara de corderito degollado, dando dos pasos hacia mi y agachando la cabeza.
- Muy graciosos...
Me llevé las manos a los ojos y los froté con fuerza. Ya que me habían despertado, tendría que estar completamente desvelada.
- ¡Yo no he tenido nada que ver, Sarah! ¡Han sido ellos! - dijo Dessy en su defensa, levantando las manos como si le estuvieran apuntando con una pistola.
- Qué morro... ¡si fuiste tú el cerebro de la operación! - dijo John entre risas, mirando a Dessy y Edward alternativamente.
- Yo te creo, Dessy... Y respecto a ti - mis ojos se volvieron hacia John -, o más bien vosotros dos, tenéis suerte de que tenga un buen despertar. Pero vuestras vidas dependerán de lo que haya para desayunar - mientras decía esto me levantaba torpemente de la cama y me ponía las zapatillas con caritas de oso que me había regalado Edward.
- Pues hoy hay... tortitas con caramelo. Y si quieres, podemos ofrecerte un tazón enorme rebosante de leche con cacao o sin él, a gusto del consumidor - John me revolvió el pelo como a una niña pequeña, pero no me molestó. Yo lo tomaba como el hermano mayor que nunca tuve.
- Genial, eso hará que mis ánimos se calmen. Estáis a salvo.
- ¡Toma! - dijeron a la vez, y dieron un salto chocando las palmas en el aire. Era típico de ellos.
Dessy nos seguía sin decir nada, pero riéndose de nuestras tonterías. Aún era algo tímida con John y Edward. Los habíamos conocido hacía cinco meses, y después de algunas semanas de planes vinimos a vivir con ellos. Pero teniendo en cuenta que eran nuestros mayores ídolos, era normal que se sintiera aún un poco desplazada de su mundo. Lo raro era que yo ya me sintiera como en casa. Hablaba y actuaba con ellos como si los conociera de toda la vida, y hacía tan solo medio año aún gritaba si oía alguna canción suya en la radio.
Dessy me había contado muchas veces algunas de sus... llamémosles "fantasías" (ya sabéis a lo que me refiero) con John, y cada vez que yo se lo recordaba al oído delante de él se ponía roja como un tomate y no podía parar de reír. "¿Qué pasa?", decía siempre John. Pero nunca le contamos la verdad, obviamente. Después, Dessy me devolvía la broma pesada haciéndome lo mismo delante de Edward, pues yo también le había contado alguna que otra cosa que se me venía a la cabeza de vez en cuando pensando en él. Aunque a mi no me molestaba tanto como a ella, seguía dándome vergüenza.
- ¿Quieres la leche con cacao o no? - dijo Edward, sorprendentemente cerca de mi. Se ve que me había distraído y ya me lo habían preguntado varias veces sin obtener respuesta por mi parte.
- Ah, perdona... - dije levantando la cabeza de mi mano con pesadez -, con cacao, si sois tan amables.
Después de esas palabras puse una sonrisa irónica, mirándole con los ojos muy abiertos. Entendía la risa que se le había escapado a Edward. Si me hubiera puesto delante de un espejo probablemente yo hubiera hecho lo mismo.
- Aquí tienes - John dejó el tazón encima de la mesa y Edward me trajo las tortitas con mucho caramelo, casi demasiado, pero me gustaban así.
- Dessy, te hemos preparado lo mismo que a Sarah, espero que no te importe - dijo John posando el desayuno delante de ella.
- No, no, para nada. Gracias por molestaros, chicos - dijo Dessy levantándose de la silla a coger un tenedor para las tortitas.
- Pues a comer, chicas.
- Yo quiero esperar por vosotros... - dije frunciendo el ceño y esbozando una pequeña sonrisa.
- Como quieras, pero luego desayunarás en frío - replicó Edward encogiéndose de hombros.
- No me importa - negué con la cabeza y sonreí.
John y Edward se prepararon su desayuno. A veces noté que llevaban prisa, no sabía si por nosotras (ya que Dessy había decidido esperar por ellos también) o porque tenían hambre.
Cuando terminaron se sentaron en frente de nosotras y todos comimos juntos; eso sí, también hablamos, nos reímos, y Edward escupió leche un par de veces debido a las tonterías de John.
Una vez acabado el desayuno por parte de todos, los chicos se decidieron a cogernos los platos y demás, pero quisimos hacerlo por nosotras mismas. A la hora de lavar los cubiertos tampoco nos reprimimos, bromeábamos continuamente, nos salpicábamos, nos poníamos jabón los unos a los otros... Era muy divertido, pero también armábamos un desastre cada mañana. En medio de nuestra pelea de agua, sonó el teléfono.
- ¡Yo lo cojo! - grité dirigiéndome al teléfono, haciendo un esfuerzo por no resbalarme.
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- ¿Diga?
- Oh, Sarah, soy Liam.
- Ah, hola, Liam.
- Llamaba para saber si ya os habíais levantado.
- Sí, estamos todos despiertos y recién desayunados.
- Perfecto. Espero que no hayáis montado ningún desastre, porque dentro de una hora os visitarán los padres de los chicos.
- Oh... vale. No hay problema.
- Genial. Sólo quería avisaros. Hasta después, Sarah.
- Adiós, Liam.
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- ¿Qué quería ahora el plasta de Liam? - refunfuñó Edward.
- Pues ese "plasta" como tú lo llamas, quiere que tengamos todo ordenado para dentro de una hora.
- ¿Y eso por qué? - preguntó John un poco desconcertado y a la vez asustado.
- Porque vuestros padres vienen de visita. No tenemos las camas hechas, la cocina está hecha un desastre y el salón... bueno, mejor no hablar de ello, podéis verlo con vuestros propios ojos.
Señalé el gran salón cubierto por una alfombra de pelo azul oscuro, con pequeñas manchas blancas de azúcar esparcidas por él. El sofá, que normalmente era blanco como la nieve, ahora estaba manchado de rosa, verde, marrón... ¿de qué más colores pueden manchar las chucherías? Anoche tuvimos una "mini-fiesta" los cuatro, siempre sin pasarnos de la raya, pero como se puede observar, las cosas no siempre salen como uno quiere.
- Oh, oh... - John y Edward realmente sabían leerse la mente. Estaban nerviosos, andaban de un lado para otro sin saber qué hacer y emitiendo sonidos de dolor, desesperación e incluso pánico.
- Chicos... tranquilos. Veamos, Dessy y yo podemos empezar por hacer las camas - miré a Dessy con una mirada tranquilizadora.
- Claro - respondió ella -, vosotros mientras secad el suelo de la cocina. Y luego entre todos intentaremos poner el salón algo más decente, o por lo menos disimular las manchas... - miraba el sofá mientras decía esto, con el ceño fruncido. Debía de estar pensando en cómo hacerlo.
Después de las palabras de Dessy todos nos pusimos manos a la obra. Nosotras subimos las escaleras muy apuradas y los chicos fueron a buscar cubo, fregona y trapos. Muchos trapos.
como puede estar tan bien?me encanta!
ResponderEliminarescriebs genial,enserio(:
Gracias cielo :3
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